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Niñera De Mi Hija

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multimillonario
venganza
familia
arrogante
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oso musculoso
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Descripción

Blue es una chica pobre que cometió el gran error de enamorarse de un hombre con una posición social mejor a la de ella.Su gran pecado fue enfrentarse a todos para defender su amor. Dinero, poder e influencia, son las tres características de la Familia Rummage y, quien se enfrente a ellos, termina de dos maneras, en la ruina o desaparecida.Ella fue obligada a dejar a su hija recién nacida porque con mentiras le hicieron creer que había nacido sin vida y por eso el hombre que ama la abandonó.Ella, destrozada por la muerte de su hija y el abandono del hombre que amaba, huyó lejos, ya que no tenía nada ni a nadie.El camino no será fácil, pero la vida la pondrá en el camino de quienes la lastimaron una vez. ¿Podrá Blue vengarse por lo que le hicieron en el pasado?

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Prólogo
―Quiero que tomes el dinero y te largues con tu bastarda. ―La mujer de mirada azul gélida la miró desde su altura, como si ella no valiera más que un peso―. No quiero que mires atrás. Lárgate ahora que estoy siendo bondadosa contigo. Blue negó. ―Yo amo a su hijo de verdad ―quiso hacerle entender―. El amor que siento por él va más allá, incluso de cualquier cantidad de dinero. No me iré ―se negó. Se antepuso a la mujer que le había estado haciendo miserable la vida a espaldas del amor de su vida―. Somos felices con nuestra dulce espera. ¿Por qué no puede darme la oportunidad? ―Te la acabo de dar, chiquilla insolente. ―Débora Rummage la observó con desprecio. Nadie en su sano juicio le respondía o le negaba algo, y cuando eso pasaba, lo hacía pagar muy caro―. Tenías la oportunidad de marcharte con una cantidad de dinero que jamás en tu vida podrás tener y decidiste que no. ―Dio media vuelta y salió de la casa sin decir una palabra más. Blue se llevó la mano al pecho. Por primera vez se antepuso a las demandas de su suegra. Por un momento perdió el miedo para demostrarle que el amor que sentía por Michael no era falso ni interesado. Ella realmente lo adora. Sin familia, dinero o una posición social privilegiada, Blue García, una española radicada en Inglaterra, se enamoró de Michael Rummage, un hombre inteligente, apuesto y adinerado, pero nada de eso la atrajo. Él era un hombre de carácter fuerte, pero que con ella era sensible. Desde el momento uno la trató como reina y siempre la puso por encima de todo y de todos, incluso la defendía de su madre. No era fácil para ella convivir con personas que la humillaban frecuentemente y que trataban de separarla de Michael, pero aun así ella lo había dado todo por el amor que le tenía y lo defendía de quien fuera, sin importar a cuantos se echara encima. ―Amor ―al ver al hombre de pelo n***o, ojos grises y compostura intimidante con una sonrisa arrogante, saltó a sus brazos―, has llegado. ―Besó sus labios emocionada. ―Lamento la tardanza ―se disculpó―. He tenido algunos problemas con el nuevo proyecto. ―Besó su frente―. ¿Ya cenaste? Espero que no me hayas esperado. Blue asintió. Él parecía normal, pero había algo distinto. ―¿Pasó algo aparte del trabajo? ―Ella estaba nerviosa. Encaró a su suegra, y sabía que eso era sentenciarse a muerte. Confiaba plenamente en su prometido, pero aun así quiso saber. ―No pasa nada ―la tranquilizó―. Iré a darme una ducha, no tardo. ―Michael subió las escaleras y desapareció de la vista de Blue. Suspirando con pesadez, Blue decidió ir a la cocina para calentarle la cena y hacerle su batido favorito. Quería contentarlo a como diera lugar y no se quedaría quieta hasta lograrlo, así que, una vez terminó, subió a la habitación para avisarle que su cena estaba caliente. ―Dios ―susurró al sentir una patada de su bebé. Eso la hizo feliz―. Amo… ―Te fuiste demasiado pronto, Michael. No me gustó. Esa voz paralizó a Blue. ―Tenía que hacerlo. Sabes que tengo un compromiso, Samanta. Te di todo el tiempo que pude. ―Resopló―. Mañana terminaremos, ¿está bien? ―¡Dios! ―Blue fue incapaz de no quejarse. El fuerte dolor que cruzó sus caderas la aterró―. Oh, Dios mío ―chilló nerviosa al ver el suelo empapado. ―¿Cariño? ―Michael cortó la llamada y salió de la habitación―. ¿Qué sucede? ―La miró preocupado. ―Rompí fuente ―contestó más nerviosa que antes―. Debo ir al hospital ya mismo. Michael inmediatamente se movilizó. Fue a la habitación por las cosas de la bebé y las de Blue para después correr a la clínica donde daría a luz. ―¡¿Cómo me pueden decir que la doctora no está disponible?! ―Michael estaba enfurecido. Gritaba en medio de la recepción de la clínica London Memorial ―Lo sentimos, señor Rummage, la doctora salió de viaje. Bastante alterado, pasó la mano por su cabeza. ―¡Todos quedarán despedidos después de esta falta! ―amenazó, y todos temieron, pues una amenaza de ese hombre nunca iba en vano―. ¡Quiero que cualquiera la atienda ya mismo! Blue lo agarró de la mano. ―Cálmate, por favor ―le pidió a pesar de que esa conversación la había dejado bastante inestable―. Ellos no tienen la culpa. Otro doctor me puede ayudar a tener a mi hijo. ―Por aquí, por favor. Blue fue sentada en una silla de ruedas y dirigida a una de las habitaciones. Las horas se hicieron eternas para Blue. El dolor era insoportable y nadie hacía nada para calmarla. Michael no dejaba de dar órdenes, pero nadie parecía escucharlo. Las cosas se pusieron mal cuando Blue empezó con un abundante sangrado y los latidos del bebé disminuyeron considerablemente. ―Debe salir. ―El doctor lo contempló―. No puede quedarse en la habitación. Vamos a tener que bajarla a sala. Blue ya no era ella. El dolor y la falta de sangre la tenían tan débil que ni siquiera podía hablar. ―Yo me haré cargo desde ahora. ―Una doctora llegó con Débora. ―No te preocupes, amor. ―Abrazó a su hijo y lo obligó a salir de la habitación―. Ella es la mejor doctora que existe en la zona. Ellas estarán en buenas manos. ―No debí hacerte caso. ―La observó al borde de la locura―. No debí encontrarme con Samanta solo para que tú estuvieras feliz ―la culpó―. Debí llegar a casa pronto para ayudar a mi mujer, y no lo hice. ―Se llevó las manos a la cabeza―. ¡No quiero nada que ver con esa mujer! ―La miró a los ojos―. La detesto con todo mi ser. ¡Jamás debí tener nada con ella! ―Tranquilo, hijo. ―Débora lo obligó a sentarse―. Yo solo quería que trabajaras junto a ella en el proyecto, nada más. ―Acarició su espalda―. Todo saldrá bien, lo prometo. En la sala, Blue era preparada para una cesárea de emergencia. Había que sacar al bebé cuanto antes para que la falta de aire no fuera un riesgo. Ella estaba bastante asustada. Los doctores corriendo de un lado al otro y dando órdenes no fue agradable. ―Por favor ―sostuvo la mano de la doctora―, salve a mi bebé. Por favor, se lo pido. La mujer la miró a los ojos. ―Todo saldrá bien. Blue cerró los ojos y le pidió a Dios que todo saliera bien. Ella estaba centrada en quedarse quieta, pero aquella conversación se le vino a la cabeza. ¿Con quién estaba Michael? ¿Estaba enojado porque dejó a esa mujer por ir a casa con ella? ¿Deseaba quedarse con esa mujer y no volver a casa con ella? ¿Lo que le dijo Débora era verdad? ¿Él la engañaba? ―Deben llevársela ―ordenó la doctora una vez sacó a la bebé. ―¿Por qué no llora? ―Blue miró a todas partes en busca de su bebé―. ¿A dónde se la llevan? ¿Por qué no llora mi bebé? ―La tensión fue tanta que todo se le oscureció. Blue lamió sus labios, suspiró profundo y después abrió los ojos. La arenilla y la luz blanca la hicieron parpadear un par de veces para acostumbrarse a la claridad. Miró a su alrededor un poco adormilada. Estaba tan adolorida que no quiere ni siquiera moverse. ―Vaya, has despertado. ―Blue giró su cabeza a la derecha―. Tú eras quien debías haber muerto. Blue frunció el ceño bastante confundida. Estaba tan desorientada que no sabía lo que pasaba. ―¿D-De qué habla? ―susurró debido a su garganta seca. ―¡Asesinaste a mi nieta! ―la acusó con rabia, dejándola perpleja―. Tú mataste a tu propia hija. Blue se llevó la mano al vientre; sentirse el abdomen plano la paralizó. ―¿Qué? ―murmuró, e hiperventiló. ―La niña murió antes de nacer por tu ineptitud. ―La hizo sentir miserable―. Solo debías traerla al mundo con bien y no pudiste hacer eso. ¡Toda mujer está hecha para dar vida, y tú hasta para eso eres una inepta! Pero me alegro de que mi hijo ya te odia. ―¿Qué? ―Blue, que ya estaba hecha un mar de lágrimas, se negó a eso―. No, él no puede odiarme. No tuve la culpa de eso y… ―Claro que la tuviste ―ladró―. Y para que veas que no miento… ―Le mostró una foto de la bebé―. Muerta. ―Le quitó el móvil de la cara. ―Mi bebé no puede estar muerta. No puedo… Quiero ver a Michael. Llámelo, por favor. ―Mi hijo no te quiere ver. ―Colocó ahora un video―. Mira. ―Lo reprodujo. ―¡No quiero nada que ver con esa mujer! ―Blue sintió que su mundo se destrozó en miles de pedazos―. La detesto con todo mi ser. ¡Jamás debí tener nada con ella! ―Michael… ―Blue se sintió morir. ―Te lo dije, solo estaba contigo por el embarazo, y lo echaste a perder. ―La miró satisfecha―. Pagaré los gastos médicos. Lárgate muy lejos en cuanto te den salida. Ya no tienes nada aquí. ―Se marchó sin mirar atrás, regocijándose de los gritos de dolor de quien osó a enfrentarla. Blue gritó. Necesitaba sacar todo ese dolor, pero era imposible. ¿Cómo fue que su bebé murió? ¿Cómo pudo perder lo único que tenía en solo cuestión de horas? ¿Por qué la vida era tan injusta con ella? Quiso enloquecer. Se sentía morir, pero hasta eso estaba siendo doloroso. ―¿Por qué no quiere verme o a nuestra hija? ―Él no lo comprendía―. ¿Por qué abandonarnos ahora? Débora lo observó con tristeza. ―No lo sé, hijo. Le hablé de lo bonita que estaba y si deseaba verla, pero ella simplemente dijo que la mataría de tenerla en brazos. ―No, Blue no es así. Ella no pudo decir eso. Débora lo detuvo. ―Te lo dije, esa mujer es mala. Se negó a pujar. Ella quería asesinar a la bebé para fingir que la había perdido, pero le salió mal la jugada. ―Acarició sus mejillas―. Es mejor que la olvides, cariño. Ella no los quiere. Michael se sintió destrozado. ¿Por qué el amor de su vida lo abandonaría y a su propia hija? ―¿Qué haré ahora? ―Se llevó las manos a la cabeza―. ¿Qué haré yo solo con una bebé? Blue no puede estar haciéndome esto. Iré a hablar con ella. Quizá el parto fue traumático, pero puedo ayudarla y… ―Señor Rummage ―la doctora llamó su atención―, su prometida se ha escapado del hospital. Ella robó algunos medicamentos para el dolor y se fue. Yo… yo lo siento. Michael se sintió en un enorme y oscuro vacío. Él se rompió de tal manera que no fue capaz siquiera de llorar. Solamente miró a la nada y sintió cómo su corazón se estrujó con tanta fuerza que lo hizo jadear. «¿Por qué?», era lo único que se preguntaba.

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