El día siguiente no tuve la valentía de ir al trabajo. Lo pasé en la cama, buscando en el ordenador toda la información sobre Charlotte y André.
Había mucho de la vida exagerada que André tomaba cada que realizaba sus viajes de trabajo, pero muy poco de la pequeña Charlotte.
Huía de la cámara o todos respetaban su privacidad.
Pero era increíble como aquel tema de relaciones abiertas, poligamia y tríos amorosos se incluía en la sociedad como un tema de normalidad. Jamás había oído de ello, quizás porque no tenía el interés de saber.
Pero tampoco dejaba de pensar en la propuesta de Charlotte, sabía que solo de ese modo lograría tener lo que quería, y eso era involucrarme con André. El resto sonaba a locura, Charlotte y yo jamás haríamos algo, me parecía desagradable y muy fuera de mi zona de confort. Jamás me habían interesado las mujeres, mucho menos aquellas que están casadas.
Ella era linda e inteligente, mayor y con una vida casi hecha. Más allá de verla como un posible amorío, solo podía admirarla y respetarla en secreto.
Pero mi lado femenino moría por caer en las manos de André, aquel hombre que con solo una mirada había puesto mi cuerpo y mi mente a flotar.
No hice más que pensar en eso ese día, y también entendía porqué la mayoría de los empleados tarde o temprano se marchaban.
Al llegar una noticia así, todos se espantaban y terminaban por dejar el trabajo y dividir los dos mundos.
Tenía claro que aquel empleo sería lo mejor lograría tener por ahora, y dejarlo estaba en lo último de mis planes, realmente no lo quería hacer.
Pero también entendía que el trabajo iba de la mano con ver a Charlotte y André, y probablemente no iba a poder huir de aquella propuesta.
Entonces no tuve más opciones que indagar un poco más. Quizás no era tan malo como sonaba, y buscaría el modo de estar con André y huir de Charlotte. Quizás solamente me cerraba a lo nuevo por miedo a todo lo que podía ocurrir.
Había pasado toda mi vida creyendo con lo rutinario, monótono y fiel era lo que el mundo buscaba, sin saber que era aquello de lo que todos huían.
Supongo que eso fue lo que llevó a Charlotte y André a tener una relación abierta del modo en el que la tenían. Así ninguno se aburría del otro, no veían un mismo cuerpo, no tenían los mismos sentimientos.
Lo que sí no lograría entender era la excitación de Charlotte al saber que su esposo estaba follando con otra mujer frente a ella. ¿Dónde estaban los celos? ¿Dónde estaba el miedo de ser remplazada? Eso hablaba mucho de ella y de la confianza que dejaba en él y en ella misma.
Porque mayormente cuando se tiene una pareja, lo que menos se hace o se quiere es esperar que tú pareja se involucre con otra persona.
Así que con la mente llena de dudas y el alma agitada, salí de la cama, cepille mis dientes y cambié mi atuendo.
Pasé por una manzana en la cocina, tomé un suéter y las llaves del automóvil, y salí de casa.
Una vez dentro del automóvil, respiré hondo y encendí. Acabaría con todas las dudas que no dejaban de salir de mi mente y me arriesgaría una vez más. Solo una vez más.
En el camino no hice más que pensar, por más que intentaba huir de aquel pensamiento, Charlotte y André no salían de mi mente.
Estacioné el automóvil en la oficina y bajé rápidamente. Una vez dentro, Clara corrió hacia mi y me miró confundida.
—Talia, es medio día, pensé no vendrías.—Dijo preocupada.—¿Estás bien? Podría jurar que pensé que estabas enferma o que no vendrías más.—Avisó.
Yo respiré hondo y la miré. Mi pecho subía y bajaba ante los nervios de volver a tener a Charlotte y André ante mi.
—Tuve algunos inconvenientes en casa.—Balbuceé mintiendo.
Ella me miró de arriba abajo y caminó junto a mi hasta llegar al ascensor.—Sabes que puedes contarme tus cosas, ¿no? Digo, no nos conocemos del todo, quisiera hacerlo, pero sé que eres buena chica. Estoy para ser tu amiga.—Informó con sutileza antes de marcharse.
Entré dentro del ascensor y las puertas fueron cerradas.
No hice más que tomar el suéter entre mis manos con fuerza, respirar hondo y sentir mis pulsaciones subiendo sin parar.
Pasados los segundos, las puertas del ascensor serían abiertas una vez más y me dejaría observar la gran oficina.
Escuché un ruido repentino desde el almacén, y como la curiosidad mató al gato, caminé hasta él.
Dejé mi suéter sobre la oficina y caminé en silencio. No veía rastro de Charlotte, mucho menos de André. No estaban allí.
Al estar cerca del almacén los ruidos aumentaron, ahora escuchaba a Charlotte gemir de placer. Ambos estaban allí.
No hice más que tratar de calmarme, no interrumpir y regresar a mi escritorio.
Pasados los minutos, Charlotte aparecería acomodando su camisa y tratando de peinar su cabello.
—Talía.—Dijo con asombro.—...No esperaba que vinieras hoy... Que sorpresa.—Avisó limpiando su labial corrido.
Pero para mí sorpresa, el cuerpo que aparecería seguido a Charlotte, no sería André.
Puse los ojos en blanco al ver un sujeto extraño que quizás permanecía al edificio y Charlotte se lo follaba en almacén.
Al verme no dijo nada, acomodó su camiseta y salió de allí lo más rápido que pudo.
—¿Y él?—Pregunté sin cuidado mientras la veía arreglar el desastre que llevaba.
Ella respiró hondo, se sentó sobre el escritorio y tiró su cabeza hasta atrás.—Necesito que le guardes un secreto a André.—Confesó.—No te esperaba aquí, no esperaba que me encontrarías.—Continuó.
—¿Y la relación abierta? Supuse que ya él sabía de ésto.—Dije.
Ella tomó su cabello hasta atar una cola alta y suspirar.—Las reglas no siempre son justas en éste mundo, Talia. Hay muchas cosas que aún no sabes ni comprendes. André no sabe ni puede saber de ésto.