Estaba triste y con el alma quebrada, sabía la ilusión y alegría que ese embarazo había traído a la vida de Charlotte, así como también le había dado la valentía de romper ese lazo de dependencia emocional con André. Lo había dejado todo, inclusive su trabajo, algo que para ella sí era importante, estaba viviendo su día a día esperando tener en sus brazos a un pequeño que nunca llegaría a nacer. Cada escalón que subí el alma se oprimía más y más, sentía frío recorrer por mis pies y mis manos sudar por no saber que decir. Una vez arriba, la puerta de aquella recámara de la que Marcus habló, estaba abierta. Quedé en silencio viendo cada rincón, una pequeña cuna y todo listo para esperar un gran bebé. Mi piel se puso como piel de gallina, un escalofríos recorrió mi cuerpo y no hice

