Capítulo 7: Rollito de verano.

1060 Palabras
Las horas de trabajo continuaron, hablábamos poco y sacábamos cuentas a montones. Ninguna decía ni una palabra y solo nos acompañaba el ruido de las teclas al ser presionadas. De un momento a otro, Charlotte echó su cuerpo hasta atrás y resopló.—Suficiente, no puedo más.—Soltó algo cansada.—Me miró y rió.—Creo que es suficiente también para ti, Talía.—Confesó. Miró hasta las ventanas y notamos ambas que la noche ya había caído. —Se pasó la hora más rápido de lo que creí.—Confesé sin despegar mi mirada de las ventanas. Una vez ya regresando mi mirada a ella, solo se puso de pié, tomó su cartera y caminó en silencio hasta el ascensor.—¿Qué esperas?—Preguntó desde allí.—Vámonos de aquí, muero de hambre.—Insistió. Yo solo apagué el ordenador, tomé mis pertenencias y me apresuré hasta tomar el ascensor. Estando dentro ella arregló su maquillaje ante el espejo, me miró sonriente y se ofreció.—Una cena, ¿tienes algo más que hacer?—Preguntó sin cuidado. —¿Algo más? Solo estudio y trabajo, señorita Charlotte.—Respondí sutilmente. Ella rió y negó.—Solo Charlotte, Talía. Sé que ya soy vieja, no debe recordarmelo.—Avisó. Entonces yo reí y me disculpé.—Lo siento.—Susurré. Una vez las puertas abiertas, la gran habitación principal de aquel edificio quedó en silencio. Se escuchaban los pasos del tacón de Charlotte sobre el suelo y los murmullos de otros. Era respeto o miedo, y no entendía las razones. Charlotte había sido más que buena persona conmigo y jamás me había tratado mal. Pero no podía defenderla del todo, no le conocía más allá de un par de meses dónde solo había estado en pruebas. Fuera del edificio, caminamos hasta el estacionamiento, allí Charlotte sacó los seguros de lo que supuse era su automóvil. Un auto deportivo n***o, vidrios polarizados y aroma a menta. Pero entonces recordé, yo tenía automóvil. —¿Qué esperas para subir?—Preguntó subiendo a su automóvil. —Vine en automóvil, te sigo en él.—Dije señalando hasta donde me había estacionado. Ella asintió y respondió.—Te espero en la esquina.—Y cerró su puerta acelerando. Yo no hice más que caminar rápidamente hasta mi automóvil, encender y seguirle el paso. Charlotte podía ser tan increíble y misteriosa como André. Supongo que muchas veces adoptabamos la personalidad de nuestra pareja. Al llegar a la esquina, ella aceleró y le seguí el paso. No sabía a dónde iríamos, mucho menos quería preguntar. Estaba feliz, aquella jefa de la que todos temían, se volvía cada día, mi mejor amiga. El camino se hizo largo, así que solo traté de no perderle el paso. Pasados unos 10 minutos, su automóvil se detuvo ante un restaurante de comida china. Por suerte, era algo de mi gusto. La vi bajar en tacones firmes, cartera a un lado y cabello deslumbrante. Cada paso que cada señalaba poder y empoderamiento, solo verle caminar dejaba mucho sobre qué pensar. Yo apagué el automóvil y corrí rápidamente pata caminar junto a ella, una vez allí, solo me miró, sonrió y continuó su paso. Caminamos hasta llegar a la entrada del restaurante, el recepcionista la saludó de solo verle, abrió su puerta y preguntó si iría a su mesa de siempre. Ella asintió y explicó que su compañía esa noche por desgracia no era su esposo, pero que venía con ella. La atención de muchos se enfocó en nosotras, principalmente en la gran señora de Smith, quien caminaba con una empleada sin la presencia de su esposo. —Nos ven mucho, ¿Eso es normal?—Pregunté casi en un susurro. Ella solo rió.—No recuerdo la última vez que mi vida fue normal, Clara. El mundo desde éste lado es mucho más diferente del que conoces. Siempre hay rumores, chismes, fotografías, entrevistas.—Continuó. —¿Y no te cansas?—Pregunté inocentemente sin pensar. Ella dejó su cartera a un lado y tomó el menú sin despegar la mirada de él.—Muchas veces, supongo que más de lo que debería, pero es la vida que me tocó y que finalmente decidí tener, ya no puedo cambiarla.—Fue su única respuesta. Entendí entonces que aquella conversación había acabado, así que no hice más que mirar aquel menú donde los altos precios me dejaron boquiabierta. Jamás iba a poder pagar aquella cuenta. —Tranquila.—Dijo bajando la carta de mis manos hasta la mesa.—Yo invito.—Avisó.—Supongo que te gusta la comida china.—Dijo señalando el menú. Yo solo rasqué mi nuca con nerviosismo y reí a lo bajo.—Sí, me gusta la comida china.—Dije sin más. Ella sonrió y llamó al mesero, dando una gran orden sobre lo que cenariamos aquella noche y sobre el tiempo en el que quería que los platillos estuviesen listos. Luego de eso, ninguna dijo ni una palabra más. Ella revisó su celular un par de veces y yo me hice cargo de observar cada rincón de aquel sitio. Pasados unos 15 minutos nuestra mesa se llenó de platillos con comida. Charlotte agradeció al mesero y comenzó a comer. —Provecho.—Susurré mirando los platos y notando que Charlotte ya comenzaba a comer. —Gracias pero, ¿sucede algo?—Preguntó al ver mi expresión facial. Yo solo suavicé y sonreí.—Supongo que solo no sé por dónde comenzar.—Dije observando los tres platillos ante mi cuerpo. Entonces ella rió, levantó un poco su cuerpo, tomó un rollito de verano y lo llevó a mi boca con cuidado. La miré confundida, pero aquel pequeño momento haría que la atención de todos llegase aún más a nosotros. Ella rió y continuó comiendo.—Así de fácil se comienza, Talía.—Continuó. Yo entonces la miré en silencio y acabé aquella cena, mientras la mirada penetrante de todo el restaurante chocaba con mi espalda. ¿Charlotte tan conocida era? No entendía las razones, o se volvía algo extraño para todos mirar a dos mujeres compartir una cena un día cualquiera. Pero entonces solo recordé aquella escena dónde Charlotte dejaba la comida en mi boca y entendí que no parecía ser una escena bien tomada por otros. —
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