El día siguiente desperté mejor que nunca, recordaba la noche anterior y solo sonreía.
Estiré mis brazos, abrí las cortinas, respiré hondo y me fui a la ducha.
El agua fría corriendo por mi cuerpo, olor a miel y canela, el ruido del agua chocar contra el suelo.
Una vez lista, salí de allí, cerré el agua y sequé mi cuerpo. Me fui hasta el lavabos, cepillé mis dientes y até mi cabello.
Una vez envuelta en toallas, me fui de regreso a la cama en busca de mi ordenador.
Al abrirlo seguía aquella información sobre André Smith sobre la pantalla, no hice más que cerrar todas las páginas con afán y buscar sobre mis clases.
Me hice cargo de enviar un par de documentos, puesto que estaba aún estudiando pero de manera online, algo que me facilitaba hacer ambas cosas; trabajar y estudiar.
Una vez aquellas tareas listas, miré el traje de André e inmediatamente entendí que el día había comenzado.
Vestí mi cuerpo, maquillé y me alisté. Una vez lista, tomé un poco de cereal con leche y tomé el traje de André entre mis manos.
Conduje rápidamente hasta una lavandería, dónde expliqué que aquel traje era de altas costuras y que era muy importante que estuviese listo para esa misma tarde.
Saliendo de allí, no hice más que pensar en él, recordé mi rutina diaria y caminé sin ir en automóvil hasta la cafetería de enfrente.
Una vez en el sitio, me hice cargo de pedir el café de Charlotte de todas sus mañana, el mío y otro para André. Y esperaba ésta vez, hacer el trabajo bien sin derramarlo sobre él.
Teniendo los cafés conmigo caminé hasta el automóvil, los aseguré y conduje de regreso a la oficina.
Bajando ante la gema estructura del edificio, un escalofríos recorrió mi cuerpo, y el pensamiento de André Smith desvistiendo su cuerpo poco a poco ante mi, ruborizó mis mejillas.
Despejé aquel pensamiento absurdo y caminé decidida dentro del edificio.
Clara me esperaba sonriente, no hizo más que caminar rápidamente al verme.
—¿Y que tal? ¿Todo bien con el gran jefe?—Preguntó curiosa.
Yo solo reí y pensé por un instante que versión debía dar.—Era él.-Confesé.—El gran cuerpo con el que choqué la vez anterior y dejé los cafés sobre él.—Continué.—Era el jefe.
Ella puso sus ojos en blanco y me miró boquiabierta.—¿¡Era André!?—Preguntó exageradamente.
Yo tapé su boca inmediatamente y callé.—¡Te oirá todo el edificio!—Continué.
Ella entonces rió y se disculpó. No hice más que evitar aquella conversación, no podía explicar aquel acalorado momento que habíamos tenido, ni mucho menos que había pasado mi noche tocando mi cuerpo pensando en él. Así que solo caminé lejos, subiendo al ascensor y despidiéndome de ella.
Me miró extraña, pero tampoco fue capaz de preguntar una vez más.
Subiendo en el ascensor, mis nervios aumentaban, pero mis ganas de volver a verle se encendían mucho más.
Una vez más ese extraño sentimiento de deseo y pasión que solo André Smith había sido capaz de encender, llegaba.
Las puertas se abrieron y el silencio absoluto se hizo presente.
Caminé mientras escuchaba mi fino tacón sobre el suelo y llegué hasta donde estaba Charlotte. Al verme sonrió de lado, y continuó ante el ordenar.—Será un largo día, estamos llenos de trabajo.—Avisó señalando la pantalla.
Yo solo sonreí y dejé el café a un lado. Busqué rápidamente a André con la mirada en aquella gran oficina, terminando con la noticia de que no le encontraba.
—No vino.—Dijo Charlotte dando otro sorbo de café.—Supongo que ese café que sobra era para mi esposo, ¿no?—Preguntó.
Yo asentí.—Era uno para cada uno.-?—Insistí sin levantar sospechas.
Ella respiró hondo, dió otro sorbo de café y regresó su mirada al ordenador.—Viajes de trabajo, se ha ido otra vez.—Informó.—No regresará hasta dentro de unos días.—Continuó.
Entonces no hice más que alejarme y sentarme ante mi ordenador.
Mi gran momento con André había sido fugaz, y lo seguiría siendo al menos por unos días más.
Había encendido cada parte de mi inclusive sin tocarme, y al día siguiente solo se marchaba dejando ese deseo en mi.
¿Qué demonios sucedía conmigo? ¿Qué lo hacía tan especial?
No hice más que acabar mi café, y meterme de lleno en el gran trabajo de aquel día. Las cuentas, números y cuadernos se habían triplicado ese día.
—¿Por qué tanto?—Preguntó a Charlotte mostrando la pantalla.
—André.—Avisó.—Tuvo que mover muchas cosas y llevarse otras, solo son documentos y justificativos para conseguir nuevos socios para ampliar la empresa.—continuó.
—¿Ampliar?—Pregunté sin cuidado.—¿Harán otro piso arriba?—Pregunté una vez más inocente.
—¡No, como crees!—Respondió burlona.—Más edificios Clara, no es la única empresa de André, tiene otras dentro y fuera del país, pero no es suficiente, busca tener mucho más. Supongo que es su día a día, no interfiero en ello, es lo único que lo hace feliz.—Continuó.
Yo guardé silencio y me hundí en pensamientos. Tantos viajes y dinero le permitía a André tener cuánta mujer quisiera, y mucho más, sin tener del todo siempre a su esposa a un lado.
Era libre dentro y fuera del país, pero ante las noticias, ¿Por qué Charlotte no decía nada de ello? ¿Por qué no pedir el divorcio?
Pero no tenía la confianza suficiente como para preguntar, mucho menos cuando deseaba ser una de esas chicas con las que André se iba a la cama.
Pero sabía que estando dentro del mundo de Charlotte, tarde o temprano entendería sin siquiera tener que preguntar.
Ahora solo quería que él volviese para lograr entender las señales que recibía.
¿Él sentía lo mismo que yo sentía?
¿Lo hacía a propósito?
O lo peor de los casos y uno que no había pensando hasta ahora, una simple prueba de trabajo.
Una prueba o trampa que terminaría de confirmar si valía la pena para trabajar para él.
Y fuese lo que fuese, había caído.