Una vez ya en casa, respiré hondo y me lancé al sofá.
Mi respiración seguía yendo y viniendo, eso era el efecto de el señor Smith en mi. Clara había sido sincera con sus advertencias, y vaya razón que tenía.
André era seductor nato. Un don que le fluía sin miedos, ni trabas. Una escencia de él solo hacia que te fijaras en cada parte de su cuerpo, así como aquel aroma envolvente que terminaba de alborotar todo mi ser.
La curiosidad llegaría al ver su traje y camiseta en el sofá. No hice más que levantarme una vez más y tomarlo entre mis manos.
Lo olí, y sí, era extraño. Pero estaba su olor por todas partes, mezclado con aquel olor a cafeína gracias a mi culpa.
Lo abracé con fuerza y maldije, era un hombre que tenía dueña y que por mucho jamás llegaría a cruzar aquella línea.
Lo lancé de regreso al sofá y me lancé de regreso yo al otro lado, pero mi atención sería llamada cuando otra pequeña nota saldría del traje de André.
Me puse de pie una vez más y busqué bajo la mesa, justo donde le había visto caer.
Era mi nombre escrito con su letra; Talía Williams, y nada más. Nada por delante y nada por detrás. ¿Eso había ocurrido con intenciones de que llegase a mi, o había sido pasado por algo por André?
No hice más que respirar hondo y regresarlo a uno de aquellos bolsillos, pero aquella misma curiosidad me llevó a revisar el resto. No había nada más que una nota con mi nombre. No entendía lo que significaba, mucho menos si tenía uno.
Caminé en silencio hasta la cocina, preparé un sándwich que acompañaría con un vaso de jugo de manzana, me lanzaría de regreso a la cama y buscaría mi ordenador.
Una vez desbloqueado, entré al buscador y puse su nombre, André Smith.
Lo primero que salió fue la empresa Smith, el día la inauguración dónde él se encontraba frente al edificio tomado de la mano de Charlotte.
Había negocios, fotografías por muchas partes del mundo y mala fama.
Tildaban a André de llevar una vida extraña de infidelidad, dónde Charlotte sabía y nunca hacía nada en su contra.
¿Cómo alguien sabía que su esposo le era infiel y no hacía nada?
No hice más que seguir mirando, se encontraba a André con modelos altas y bajas, cabello castaño, rojizo y n***o. Había tanta cantidad de mujeres que probablemente habían estado involucradas con él y era asombroso.
Pero no hice más que cerrar de un solo golpe el ordenador. No debía buscar sobre él, mucho menos tenía porque estar rondando en mi mente, ni oler su traje, ni pensar en su cuerpo desnudo ante el mío.
Así que acabé mi comida, desnudé mi cuerpo y me fui a la ducha de regreso. El agua caliente cayendo sobre mi cabeza, respiraciones lentas y olor a canela proveniente de una vela que encendí segundos antes.
Mi día había acabado, y finalmente André Smith había llegado a mi vida.
Estaba llena de miedos, seguía en una fase de prueba dónde él tenía la última palabra, y vaya que era un gran trabajo, no quería arriesgarme.
Así que solo me relajé otro par de minutos hasta finalmente acabar aquella ducha. Respiré hondo, sequé mi cuerpo y salí de allí.
Una vez ante el espejo, peiné mi cabello, cepillé mis dientes y sonreí.
Al salir dejé la toalla sobre la cama y caminé desnuda hasta la cocina, dejando el vaso de jugo vacío y retomando uno con agua, mi mirada se iría una vez sobre el traje de André.
Caminé en puntillas como si alguien siguiera mis pasos, le tomé y deslicé por mi cuerpo. Primero su camisa, luego su traje. Era aproximadamente unas dos tallas más grandes que yo, pero su aroma ahora se impregnaba en mi.
¿Qué me había hecho André Smith? No salía de mi mente, mucho menos de mi cuerpo, fue cuando aquella tentación de algo más llegaría.
Me fui a la cama, quité su saco y olí una vez más, lo dejé sobre una silla y mi incliné hasta tocar mi entrepierna.
Los pensamientos y mi cuerpo me delataban una vez más, pero pensar en él y jugar con ello, no contaba como traición ante Charlotte.
Jugué con mi cuerpo una y otra vez hasta explotar de placer, siempre mirando de manera fija aquel traje con su aroma y pensando en su imponente cuerpo desnudo ante el mío.
Era imposible no desearlo más y más, y yo quien había pasado toda mi vida con miedo, siendo ignorada y pasada por alto, él me miraba por primera vez, y encendía todo mi cuerpo inclusive sin poner un dedo sobre él.
Pasados los minutos, exploté de placer, arqueando mi espalda y mordiendo mis labios hasta caer rendida sobre las finas sábanas.
Cerré los ojos con fuerza y reí, mierda, estaba haciendo un desastre en mi vida gracias a André y solo pasaba un día de conocerle.
No sabía que iba a pasar después, pero entendía de una vez, que no sería la única vez que rondaría por mi mente, ni la única vez que la tentación de pensar en él, mojaria mi entrepierna.
Me puse de pie una vez más, regresé al baño para limpiarme, lavar mi rostro y reír.
—Lo siento, Charlotte.—Susurré en el espejo antes de irme de regreso a la cama.
Una vez tumbada allí, cerré los ojos y él estuvo siempre en mi mente.
Su cuerpo chocando contra el mío en la cafetería, sus palabras, sus movimientos.
Su cuerpo impidiendo mi paso en el baño, su cuerpo desnudo ante el mío quitando su traje y su camisa, su olor entrando por mi cuerpo, aquella mirada penetrante y ese imponente cuerpo que esperaba chocase una vez más con el mío.
André Smith se había vuelto mi perdición en cuestión de horas, y me esperaba mucho más tiempo junto a él.
No sabía si estaba lista para ser buena amiga con Charlotte, o volverme otra en la lista de las chicas con la que su esposo le era infiel.