Luego de aquello Julián entendería que era el momento de marcharnos. Marcus y Charlotte regresaron con nosotros, el automóvil se llenó de tensión y silencio, nadie tenía la valentía de hablar sobre André, mucho menos en un momento tan delicado. Una vez en su casa, nos despedimos de ambos y tomamos el camino una vez más. Julián tomaba el volante con fuerza, sabía que muchas veces no toleraba tener a André cerca, por lo que, ofrecerle trabajo aún, no tenía sentido para mí. Fuimos en búsqueda de los chicos en aquel mismo hotel, dónde nos esperaban entusiasmados llevando nuestro pequeño equipaje. Allí Julián dejó de manejar, se fue hasta el asiento trasero junto a mí y uno de los chicos tomaría el control. Regresamos al aeropuerto, fuimos hasta el estacionamiento y bajamos, una vez all

