Acabado el desayuno nos fuimos directamente hasta la casa de Charlotte y Marcus, ellos estaban allí, se abrazaban mutuamente mientras esperaban nuestra llegada. Esa mañana los guardaespaldas no nos acompañaron, tenían más cosas por hacer y yo no quería que aquel íntimo momento pareciera un disparate. El camino fue calmado y silencioso, Charlotte recaía cada que recordaba todo y sus ojos se llenaban de lágrimas interminables. Seguía intentando mantenerse de pie y cada que sentía que no podía más, recordaba las palabras de Julián y sabía que saldría de ahí. El camino nos llevó casi 20 minutos, estaba lejos de donde estábamos y cerca de nada. El cementerio estaba en un sitio alejado de la ciudad, todos tenían espacio para sentirse al aire y tener la libertad de hablar y llorar a sus fal

