Desperté y su cuerpo dormía junto al mío, no lejos, ni muy cerca, no abrazaba mis caderas, tampoco miraba mi rostro con desvelo, solo dormía junto a mi, sus pies no chocaban con los míos, solo estaba allí, solo estaba bajo las mismas sábanas y sobre la misma cama. Era diferente a lo que esperaba de nuestra primera noche, pero también sabía que para él era difícil en todos los sentidos, quizás era respeto o mucho arrepentimiento lo que lo detenía, se sentía culpable por seguir su vida y amar a otra mujer cuando había jurado amor eterno a alguien que ya no estaba. Lo entendía, aunque muchas veces lamentaba la situación por la que ambos debíamos pasar, pero eso tampoco me decía que debía marcharme, al contrario, debía quedarme para unir todas esas piezas quebradas y demostrarle que podía

