Luego de aquella velada, llegó el momento de marcharnos a un hotel, los chicos ofrecieron su hogar pero no queríamos interrumpir. Así que nos fuimos a un hotel, aquel que Julián visitaba cada que regresaba a New York. Para mí sorpresa, esperaba camas divididas, quizás habitaciones separadas, pero no fue así. Dormiría por primera vez junto a Julián en una misma cama. No hice comentarios, tampoco pregunté, tampoco me negué. Dormir junto a una persona era tener mucha más intimidad que tener sexo, sentir ese cuerpo junto a ti y sentir la compañía y protección mientras duermes, y entonces te cuestionas todo, desde antes de conocerle hasta el punto exacto dónde él roza sus pies junto los tuyos bajo una misma sábana. —¿Sucede algo?—Preguntó Julián soltando los botones de su camiseta y r

