Poco después de su muerte, todo cambió por completo. Se sentía ese vacío en el alma y en las paredes de aquella gran casa, los sueños que esperábamos cumplir teniendo a Rosa con nosotros se vinieron abajo. No llegamos a tiempo para decirle que tenía razón, no llegamos a tiempo para que tuviese a mi pequeña en brazos, no llegamos a tiempo para despedirnos una última vez. Recordaba todo y recordaba ese día en específico dónde dejó su mano sobre mi vientre un par de minutos, ella sabía, sabía que no iba a llegar hasta su nacimiento. Sin saberlo, Rosa se despediría de todos aquel día, inclusive de mi, no se sentía del todo bien y sabía que su momento había llegado. Seguía siendo jóven, seguía estando llena de vida, pero un paro cardíaco arruinaría sus planes y nuestros planes. El entier

