Amelia esa mañana se levantó temprano como todos los días, salió a correr, tenía la agenda llena en el consultorio, entre los pacientes del día estaba Juan, y ya se extrañaba él con sus locuras y delirios.
—¡Hola Caro!—dijo Amelia saludando con una sonrisa.
—¡Hola Doc!—contestó Caro
—Caro que limpieza no olvide acondicionar el consultorio para Juan.
—Llamó la mamá y canceló la cita, dijo que después hablaban.
—¡Qué extraño! Cuando viene aquí siempre dice que es la única vez que le gusta pisar un consultorio médico. ¿Estará enfermo de nuevo?
—No lo sé doc, la mamá no me dió explicaciones, sólo canceló y que luego hablaba con vos.
—La voy a llamar.
—Te adelanté la última cita para que puedas ir a verla directamente.
—¡Definitivamente sos la mejor!
Al finalizar la jornada Amelia fue a visitar la casa de Juan, la atendió Federico.
—¡Hola Federico! ¿Se encuentra su esposa?
—Hola doc.. Sí ya la llamo.
Ella notó que ese hombre no estaba bien, algo había pasado, y cuando vio bajar la mujer lo entendió todo, algo grave pasaba con Juan.
—Hola doc... Disculpe las fachas en que la recibo, pero hoy ha sido un día muy difícil para todos.
—Hola Julia! No se preocupe yo entiendo, ¿quería saber cómo está Juan? Me extrañó no verlo hoy.
Ella comenzó a llorar, no podía hablar, no podía repetir siquiera ese maldito diagnóstico.
—A nuestro Juan le quedan tres meses de vida doc, su enfermedad ha bajado de tal forma sus defensas que ya no tiene como luchar—contestó Federico con lágrimas en los ojos, abrazando a su esposa.
—No puedo creerlo—dijo Amelia visiblemente perturbada y no pudo evitar derramar unas cuantas lágrimas—¿puedo verlo?
—Claro que sí, él ha estado preguntando por usted.
Amelia subió las escaleras hasta la habitación de él, sabía que él no podía verla así pues no lo ayudaría.
—Permiso... Estoy buscando a Juan el
Gran Maestro, ¿está por aquí?—dijo ella con su mejor sonrisa.
—Depende de quién pregunte—respondió él haciéndose el misterioso.
—Soy su doc.
—Aaaah la escéptica doctora—empezó a mezclar su baraja y a colocar diferentes cartas frente a ella—Veo que se encuentra frente a un gran dolor, pero no tiene que estar triste, él ya entendió todo y se ha preparado toda la vida para esto, cuando le toque partir, él va a saber que, en usted mi bella doctora, dejó una huella que ningún otro paciente va a poder borrar—dijo llorando
Dejando todos los protocolos de lado, Amelia lo abrazó, un abrazo tan grande, tan profundo, como para que nunca tuviera que partir.
—Tengo miedo Amelia...
—Yo también...