Frunzo el ceño mientras me desabrocho el cinturón y salgo. Honestamente, preferiría quedarme en el auto mientras él hace lo que necesite. No me gustan las comisarías. Nunca me han gustado. Me hacen sentir como si me estuvieran vigilando incluso cuando no estoy haciendo absolutamente nada malo. Y gracias a las aventuras universitarias de Fede, he estado en suficientes para toda la vida. Aun así, la curiosidad gana. Dentro, un oficial cansado se sienta detrás del mostrador de recepción. Perseo se acerca. —Estoy aquí para pagar la fianza de Soraya Hartely. El oficial levanta la vista. Sus ojos van de Perseo a mí y viceversa. Teclea. —¿Parentesco con la acusada? —pregunta. —Esposo. El oficial levanta una ceja. —¿El apellido de su esposa? —Hartely, como dije. —¿Apellido de soltera Per

