Capítulo 61

1943 Palabras

Perseo no se mueve cuando entramos en el estacionamiento del hospital. Sus dedos permanecen apretados alrededor del volante, con la mirada hacia adelante. El motor está apagado, pero su cuerpo no se ha recuperado. La tensión en sus brazos es visible, zumbando bajo sus mangas remangadas. Incluso las pequeñas líneas alrededor de sus ojos parecen más nítidas. Me desabrocho el cinturón de seguridad y lo miro. —¿No vienes? Niega con la cabeza una vez. —No. Tengo algunas cosas que hacer. —¿Cosas del trabajo? —Mmmmm. No presiono. En cambio, me inclino hacia él y le doy un beso en la mejilla. Pero en el momento en que empiezo a alejarme, su mano se levanta rápidamente, enredándose en mi cabello y tirándome de vuelta a él. Su boca choca contra la mía sin previo aviso: caliente, áspera, recla

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