CAPITULO 2 NUEVO HOGAR

2761 Palabras
-Lo siento, no puedo, es mucha responsabilidad y además, jamás lo he hecho. – -Lo harás bien, y está desesperado. Necesita urgentemente a alguien que se ocupe de ella.-le seguía diciendo Megan.-Hoy tengo que volver con una buena noticia o me despide.- Se mordió el labio apenándose, pero no podía ceder.-Mira, comprendo tu situación, pero jamás he enseñado a nadie nada.- -¿Tienes sobrinos?-le preguntó de pronto. Se abstuvo de responder. Megan continuó:-¿Vecinos con hijos? ¿Jamás te pidieron que se los cuidara una vez?- Hizo una mueca recordando haber cuidado los niños de su antigua amiga y vecina, antes de que todo se fuera al infierno. Bajó la mirada.- ¡Perfecto!-exclamó Megan como si leyera sus pensamientos.-Será pan comido. Violet tiene 8 años y es super linda, no te dará problemas, lo prometo. Su madre murió recientemente y Tresillian, su padre, necesita urgentemente…- -¿Una niñera?- -Tutora. Le darás clases de cosas básicas, no será mucho esfuerzo y la paga es realmente buena. Mi jefe es un ermitaño emocional como socialmente, pero no escatima en dinero. Si haces un buen trabajo te lo compensa con creces.- -No sé, no sé…- seguía dudando, a pesar de saber que ya no podía volver a su ciudad natal. Ya no existía su antigua vida. Su pasado la, literalmente, cazaría. Megan posó su mano en su rodilla.-Te lo prometo, será fácil y no por mucho tiempo. Te podrás recuperar del todo en los extensos y espectaculares jardines de su gran mansión…- Alzó la mirada a sus ojos.- ¿Mansión?-repitió. Megan se sonrió asintiendo.- ¿Pero, quién es él?- -Tresillian Black.-soltó como si su sólo nombre lo dijera todo. Arabella se le quedó mirando sin tener idea. Megan frunció el entrecejo.- ¿En serio? ¿No le conoces? Tresillian Black…-volvió a decir como si no pudiese creer su ignorancia. Se rió.-El multimillonario, Dios de los negocios Tresillian Black. –Arabella seguía sin que le sonaran ninguna campana.-Aparece en todas las revistas de negocios y a veces de chimentos. Es el CEO más codiciado.- -Lo siento.- Megan silbó.-Vaya, esto es nuevo. Bueno, como sea, es de su hija de quién estamos hablando, y está desesperado buscando a alguien que tome el cargo de institutriz de Violet. Él se la pasa prácticamente toda la semana encerrado en su oficina en Baltimore, sólo unas cuántas horas regresa a la casa y vuelve a irse. No tiene el tiempo, ni tampoco la paciencia para lidiar con un niño. De eso se encargaba Anastasia, su mujer, pero ahora está solo…-le abanicó las cejas.- y muchas lo saben, por cierto.-se carcajeó.- Y, la niña necesita una figura materna, que le enseñe, que le nutra como madre y sí, llene de momento ese espacio que su muerte dejó. Están todos sufriendo mucho.- -¿Qué le pasó?- -Bueno…-empezó diciendo pero luego se lo repensó y dijo:- No creo que deba decírtelo yo.- -Pero…- -¿Qué dices?-habló por encima de ella.- ¿Te apuntas al puesto? ¿O te dejarás pudrir aquí dentro?- Se mordió el labio, sopesándolo. Una semana después… Megan lanzó su maleta, aunque de hecho, era de Carrie, con sus cosas y prendas, dentro de su descapotable rojo. No podía creer que hubiera accedido. Y, sí, era verdad, no quería pudrirse en ese hospital, pero tampoco quería meterse en más problemas. Ya tenía demasiado sobre su espalda. Pero, Megan era muy convincente cuando quería. Ya entendía por qué Tresillian la tenía contratada. Lo que le hizo sentir más curiosidad por él. La manera en que Megan le pintó, era de un hombre recientemente viudo, muy dolido por la pérdida de su esposa, en lo que continuaba siendo un misterio, y su pobre huérfana de madre, hija. Se empatizaba con ellos. Su corazón dolía por lo que estaban pasando. No debía ser fácil, tener que seguir trabajando en estas circunstancias. Pobres, pobres. Se subieron al coche, y Megan le sacó de allí a toda velocidad. Aprendió rápido y vertiginosamente, que Megan amaba la velocidad. Salieron de la ciudad donde estaba el hospital y se dirigieron a las afueras. Le recordó a cuando iba a su casa en el campo. Una sonrisa empezó a aparecer por sus labios. Se reclinó descansando la cabeza en el asiento con los ojos cerrados, disfrutando de la brisa y el sol cálido en su cara. -Llegamos.-le avisó Megan un par de horas después. Abrió los ojos de la pequeña siesta en que había caído, para ver que entraban por un extenso sendero de tierra y pasto. Pero, no había ninguna casa a la vista. Se volvió a Megan para preguntarle, pero luego, apretó los labios. Empezó a temer que quizás Megan le había metido un cuento y era todo mentira. Había estado desesperada y había sido ilusa confiándose de ella, y quizás ahora le tocaba pagar la factura de sus actos. Se puso a pensar en qué haría una vez que detuviera el coche. ¿Correr? ¿Gritar? Todo el lugar era remoto y apartado. Nadie jamás la oiría. Y, cuando sus pensamientos fueron más profundo y oscuros, a la deriva, se vislumbró lo que parecía ser el frente de una amplia casona. El extenso jardín delantero se expandía de izquierda a derecha y podía verse que continuaba por detrás. Había una gran fuente con agua en medio de un laberinto de setos perfectamente recortados. Y, cielos, la casa… Se quedó sin aliento, contemplándola. A medida que se acercaban, parecía que las engullía de lo enorme que era. A primera vista, la mansión daba la impresión de tenebrosa, con ese frente imponente de piedra gris, esculturas de leones guardianando la entrada, porche en madera oscura, dos altos pilares sosteniendo el techo, pero cuando mirabas más allá, veías el detalle y la calidez que desprendía en la vista de los maceteros, llenos de petunias y gardenias de todos los colores bajo los grandes ventanales. Era como si quién la hubiese diseñado, pretendiera un refugio, un lugar dónde nadie se atrevería a entrar y lastimar a sus seres queridos, y a la vez, un edén. Megan apagó el motor, y se giró mirando su cara estupefacto con una sonrisa.-Pues, muy bien, déjame introducirte a tu nuevo hogar.-se bajó encaminándose a la entrada de la monstruosa mansión sin esperar por ella. Arabella se quedó allí un segundo, aun aturdida por la inmensidad del lugar. Era majestuoso. Si le hubiera mostrado de antemano el lugar, no hubiera titubeado ni por un segundo. Podía imaginarse viviendo allí para siempre. Estaba enamorada. Siguió a Megan a dentro. Un sirviente anciano, asistido con otro más joven de unos veintitantos, ambos vestido en uniforme de chaqueta y pantalones formales, les abrió la puerta de roble. Dentro, era igual de espectacular y antigua y hermosa que por fuera, casi se podía oír la historia de los siglos susurrando por las paredes. Paneles de madera recubrían las paredes de piedra. Se notaba que había sido reformada, actualizada, añadiendo algunos toques modernos como la electricidad, básicamente, tulipas, enchufes, y aparatos eléctricos para mayor comodidad, pero habían conservado todas las molduras de principio de siglo 19, pisos de cerezos, marcos, lámparas colgantes de cristal, pomos, todo tal cual era. Intacto. Megan la guió por corredores. Todos elegantes y más lujosos que el anterior. Sus zapatos resonaban sobre el lustroso mármol oscuro. Pensó que la llevaría al cuarto dónde se quedaría, pero en su lugar, entraron a una amplia cocina. Paseó la mirada por el lugar admirando las hermosas encimeras de granito gris oscuro, los gabinetes de cerezo. Delante de la estufa estaba una anciana mujer revolviendo una gran olla de estofado. Vestía uniforme de falda hasta las rodillas, color celeste y delantal. Sobre una larga mesa rectangular de madera maciza se encontraban tres chicas amasando bollos para hace pan. También vistiendo el mismo estilo de uniforme pero su color era gris. -Mnn, eso huele exquisito, Georgiana.-dijo Megan, y todas las mujeres se voltearon, interrumpiendo sus tareas. La anciana mayor se volteó y se carcajeó. -Si todavía no lo has probado, mi hija.-le dijo y se les acercó. Le dio un cálido abrazo. -No lo necesito.-contestó Megan, y señaló con su mano a Arabella.-Te presentó a la nueva tutora de Violet. Carrie Woods.-la miró a ella.-Carrie, conoce a Georgiana, la mejor cocinera en millas a la redonda, sino en todo el universo.- La mujer le codeó y rió jocosamente.-Eres aduladora.-extendió su mano a ella para que se la estreche.-Un gusto, Carrie. Eres muy linda.- -Ehm, gracias.-balbuceó. Se sentía algo cohibida. Las demás chicas que mediaban en su edad, la miraban con suspicacia y recelo. -Muy bien, Georgiana, me confío en que la harás sentir bienvenida, ¿verdad?-le dijo Megan. La anciana rio.-Por supuesto y le pondré algo de alimento a esos huesos.-la miró más de cerca.-Pareces débil como una flor.- -Me alegro de escucharlo.-dijo Megan y se volvió a Arabella, bueno de ahora en más, Carrie.-Te mostraré tu cuarto. Vamos.-se giró sin esperar. Se despidió con otro murmullo bajo y una débil sonrisa, a la anciana. Miró a las chicas y seguían susurrando entre ellas y mirándola de una manera que no le agradó. Subieron por la monstruosa escalinata al segundo piso. A medida que caminaban por los diversos corredores, luces fueron encendiéndose iluminando el oscuro corredor. Ella se sobresaltó la primera vez que una luz explotó de la tulipa en la pared y Megan se rió. –Tranquila, son automáticas. Ya te acostumbrarás.- Se detuvieron al final del extenso pasillo, delante de una puerta y abrió. Caminó dentro para dejarle entrar. Miró alrededor con asombro. Era una habitación enorme y hermosa. Había una cama de dosel mirando al sur, sillón junto a la enorme ventana por donde la luz anaranjada del atardecer se mostraba. Había muchas más cosas, pero ella estaba encandilada por la vista. Se acercó y contempló al jardín. Le encantaba el lugar. Le daría pena cuando tuviera que dejarlo. Se volvió a Megan. Le observaba silenciosamente desde la puerta.-Es hermoso.-dijo. -Lo es.-contestó Megan en un suspiró, y por alguna razón le dio para pensar a Carrie, pero no indagó.-De acuerdo, tienes tus cosas, si necesitas algo más, puedes decirle a cualquiera de los sirvientes o llamarme.-metió la mano en el bolsillo de su chaqueta.-Te dejo mi tarjeta.-la puso en la mesita junto a la puerta.- ¿Quieres preguntarme algo antes de que me vaya?- -¿Tú no te quedas?- Megan rió.-No, claro que no. Vivo en la ciudad. Tengo un departamento cerca de la oficina de Tresillian.- -Oh, bueno, y ehm, ¿la niña? Violet.- -No lo sé. Debe estar por algún lado, supongo. Le gusta estar afuera y atrapar mariposas e insectos. ¡Ey, mira, -le señaló con el dedo.- como tú!- se carcajeó de nuevo. Agarró el pomo de la puerta.-Bueno, ahora sí, me voy o me agarra la noche. –comenzó a retroceder saliendo del cuarto.- Ya sabes, llámame cualquier cosa.- Asintió con la cabeza y finalmente Megan se fue. Se quedó allí, en silencio, oyendo los tacones de Megan resonando en el duro mármol del corredor mientras se alejaba. Soltó un pesado suspiró. No tenía idea de cómo su vida había dado tal giró que terminó siendo la niñera de la hija de un rico. Nunca había esperado mucho de la vida, ella era simple, ordinaria, no aspiraba a más y así le gustaba, pero parecía que las complicaciones la tenían en la mira. Bueno, al menos le serviría de refugio hasta que todo ese infierno que dejó atrás se calmara y quizás, algún día podría regresar. Dejó caer la maleta en el suelo y caminó de regreso a la gran ventana. Se quedó mirando el jardín. Se apoyó en la pared y se quedó contemplándolo por largo rato hasta que el sol se desvaneció. Cuando despertó a la mañana siguiente, experimentó una sensación de desorientación. Pensó que estaba en el dormitorio de su apartamento y debía alistarse para ir a trabajar. Pero, luego, recordó todo, desde la salida a hurtadillas por la escalera de incendios, Carrie, el accidente, Megan, terminar allí. Hoy esperaba conocer a la niña. Lo que la ponía nerviosa porque temía no agradarle, además de que nunca hizo esto. Improvisar no era lo suyo. Le gustaba que su vida estuviese planeada. El orden da paso a la claridad mental, y ahora mismo era lo que más necesitaba. Salió de la cama y se vistió con más ropa de Carrie. Sentía que ultrajaba su persona. Jamás había planeado hacer lo que estaba haciendo. Robar su identidad. Pero ya no había vuelta atrás. Debía seguir adelante para sobrevivir. Abandonó el cuarto y bajó a la cocina. Bueno, luego de perderse, se topó de casualidad con el mayordomo anciano, que se llamaba Ceagan, lustrando la plata junto a otro muchacho que no era el que vio ayer, y le ayudó a encontrar su camino a la cocina. Allí estaban todas las mujeres y esa antipatía resurgió en cuanto la vieron entrar. La anciana cocinera, que Megan le había presentado ayer, Georgiana, estaba amasando masa de pan sobre la larga mesa de madera, cuando alzó la vista, le sonrió.-Buenos días, mi niña, ¿has dormido bien?- Se le acercó.-Sí, gracias.- La mujer le miró frunciendo la vista atraves de sus gruesas gafas.-Pero si eres como un dulce pajarillo. Ven.-le agarró de la muñeca con las manos sucias de masa cruda y harina.-Siéntate y te prepararé el desayuno.- le empujó en la banca para que se sentara lo quiera o no. -Debería buscar a Violet primero. Si desayunamos juntas, podemos ir conociéndonos.-contestó. La mujer abrió la boca para contestar pero una de las chicas que estaba pelando papas, se le adelantó.-Ya desayunó.-le dijo. -¿Ah, sí?- -Aquí la gente madruga, no holgazanea.-le dijo, y las chicas rieron. La anciana le chasqueó la lengua.-Acaba de llegar, Marion, déjala en paz o te pongo a picar cebolla.- Marion hizo una mueca enojada pero no dijo más nada y volvió a lo suyo. -Quédate ahí y te preparo algo de comer para que vayas a buscarla.-le dijo la anciana y se puso a sacar sartenes. Estaba terminando de comer del plato de huevos y tocino con tostada que Georgiana le preparó, cuando vio a alguien pasar una melena de rizos rubios corriendo por la ventana de la cocina que daba al jardín.-Oh, por Dios, esa niña se va a volver a caer.-se quejó suavemente Georgiana mientras fregaba la sartén en el lavabo. ¿Esa era Violet? Se levantó de golpe corriendo fuera de la cocina.- ¡Carrie, no terminaste tu desayuno!-gritó la mujer. Salió al jardín por las puertas delanteras y rodeó la mansión a la derecha. Pasó delante de la ventana de la cocina por dónde la vio antes, y siguió corriendo buscándola. La encontró agachas, con su dedo extendido dónde una mariposa reposaba. Vestía un adorable mono rosa pastel con un arcoíris en el pecho. El intenso sol resplandecía en sus bucles como resortes dorados. Se fue acercando con cautela.-Hola, Violet.-le saludó. La niña ni se inmutó, continuó contemplando a la mariposa. Carrie se detuvo junto a ella y se agachó.-Es hermosa.-dijo observando la mariposa también. Sus grandes alas tornasoles de acuerdo a cómo la luz del sol le daba, pasaban de un hermoso celeste cielo, a un rosa, naranja, absolutamente maravilloso. -Es Blue.-dijo de pronto Violet. -¿Blue?-repitió. La niña asintió.-Yo soy Violet porque a mamá le gustaban las violetas y ella es Blue porque es azul como cielo.-explicó. Se sonrió con ternura a la niña.-Muy inteligente.- Violet volvió el rostro a ella mirándola por primera vez. Piel blanca de porcelana salpicada por suaves pecas alrededor de su nariz y pómulos, mejillas sonrosadas por el calor, una mirada inocente y angelical brillando sus ojos avellanos.-Eso me han dicho, pero papá dice que soy cabeza de popó.- Se rió, incrédula.- ¿Qué?- -Dice que si sigo persiguiendo a las mariposas en lugar de estudiar, voy a tener la cabeza llena de popó.- Se rió con fuerza.-Bueno, no creo que eso pase, pero hay que estudiar. Si lees, ese conocimiento más adelante puede ser un arma muy bien usada. Y, no hay nada más hermoso como una mujer que sabe de lo que habla.- -¿Yo puedo ser hermosa?- -Pues, claro. Déjame que te muestre cómo.-le tendió la mano. Violet se la tomó sin dudar. Se incorporaron, y Blue salió volando de su dedo.-Soy Carrie.-se presentó mientras caminaba de regreso a la casa. -Lo sé.-le contestó. La miró divertida.- ¿Lo sabes?- Asintió con la cabeza.-Georgiana me contó de ti en el desayuno.- -Oh.-se rió.
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