“Vamos, nena, despierta” le suplicaba Tresillian, con su delicada mano entre las suyas grandes y ásperas, sentado a su lado en la sala de cuidados intensivos, esperando que despertara del coma. Ella se encontraba en la cama, cables saliéndole de todas partes conectando a diferentes aparatos, una gruesa venda envolviendo su cabeza, cubriendo la operación que le habían hecho para reparar la fractura de cráneo. Cada vez que recordaba el momento, la visión de Carrie en el piso, toda ensangrentada, golpeada, y luego ese sonido, jamás podría olvidarlo, el quiebre del hueso, el terror que sintió helándole cada centímetros de su cuerpo cuando vio la copiosa cantidad de sangre que desbordaba de detrás de su cabeza y ella desplomada en sus brazos, muerta, porque por un momento creyó que lo estaba.

