»Que conste que no quiero redirigir la atención a mí, y que conste todavía más que no se me ocurriría decirte esto si no supiera que va a ayudarte, pero sé lo que es tener un trastorno depresivo mayor. Te puedo asegurar que combinando esas cosas no solo habría sido capaz de abandonar a mi hija temporalmente, sino de abandonarla para siempre. No solo a ella. La depresión es una enfermedad, no el capricho de estar triste. Dale un poco de cancha a tu madre, por Dios. Y eh, no es que esté de su parte. Solo creo que las dos tenéis razón y el mismo derecho a arreglar vuestra mierda. —Echó un vistazo al móvil, suspirando—. Voy al baño, tú sube al avión, ¿vale? Enseguida te alcanzo. Meg asintió sin saber qué más decir. Observó que se dirigía con su clásico andar apresurado al servicio femenino. E

