Epílogo Aunque ya no formaba parte del bufete, Marcus se las había arreglado para que le invitasen a la fiesta de Halloween que organizaron Kara e Ivonne. En realidad, no le hizo falta sobornar a nadie, ni hacer chantajes, ni tampoco es que se hubiera colado: todo el mundo estaba de acuerdo en que la fiesta perdería encanto si no se paseaba por allí. Y que conste que no se pasaba solo porque le gustaran las fiestas, sino porque era requisito ineludible disfrazarse para la ocasión y Marcus siempre había sido el loco del cosplay. Una verdadera suerte que Meg le acompañara en el sentimiento y hubieran podido ir a juego. El problema era que se habían cansado demasiado rápido de la fiesta. Eligió un pequeño restaurante al azar para ir a picar algo que no fuese canapés rancios. Fue toda una od
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