—Eh… Sí. Soy Meg . La adjunta. —Estaba tan catatónica por el repentino cruce que no pudo reaccionar enseguida cuando le tendió la mano—. ¿Está bien? —Como siempre, ya sabes. Bromista. Pelirrojo. Cariñoso. —Esbozó una sonrisa temblorosa que se acabó resquebrajando—. No dirías que ha recibido un balazo. —En realidad, preguntaba por ti —musitó Meg , preocupada—. ¿Necesitas algo? —Si tienes un pañuelo por ahí no lo voy a rechazar. Pero estoy bien, solo me hace falta un rato conmigo a solas… —Tomó el clínex que ofreció—. Muchas gracias, Meg . »Cuida de él, ¿vale? Puede ser la persona más desesperante del mundo, pero igual se le quiere mucho. «Qué me vas a contar a mí». —¿Es que no vas a venir más? Victoria le dio una mirada que no supo qué significaba para, al final, responder con una mu

