Compromiso Lo ayudó a ponerse de pie y lo guió hasta la cama. Luego deslizó la bata y se subió a la cama, sin prisa, permitiendo que Killian, sentado y cubierto apenas por las sábanas, la espiara de reojo con un gesto divertido de desesperación. - ¿Sabes lo que haces conmigo? - dijo él, intentando recuperar algo de autoridad. - Claro que sí. Te domestico, Excelencia. - replicó ella, con picardía, envuelta en su camisón blanco, suelto, pero lo suficientemente fino como para dejar poco a la imaginación. Killian la abrazó con cuidado, como si fuera de cristal. Ella se acomodó contra su pecho, escuchando los latidos aún acelerados de su corazón. - No me iré. - susurró ella contra su piel - Pero tendrás que merecer cada día que me quede. Killian besó su frente. - Haré que valga la pena.

