Mi nueva realidad

3066 Palabras
Hace unos dos o tres años, estábamos mi padre y yo sentados en la sala de estar sin hacer nada. Ese día no había reuniones con gente importante, no había que firmar algún papel con carácter de urgencia y mucho menos había que salir del palacio. Recuerdo claramente ese día, estuvimos hablando de la vida y los pesares que llegamos a padecer algunos seres humanos. Hoy es uno de esos días que no sabes que hacer contigo. Hoy es uno de esos días dónde quieres mandar todo por el río más cercano. Hoy, simplemente hoy, quieres desaparecer o volver a tu lugar deseado. «Hoy quiero estar sentada con papá en la sala de la casa y estar hablando pestes de la vida», pensé. No creo que sea para nada tarde decirles quien soy y aunque ya deben saberlo, sospechado o tal vez imaginado, realmente siento una necesidad de decirlo. También creo que estoy perdiendo la poca cordura que tenía, la confianza y con total seguridad puedo decir que hasta mi rumbo. Pero para empezar dudo mucho de que tenga uno en este lugar. Necesito hablar y desahogarme. Sinceramente siento que si no lo hago voy a terminar parando en loca y creyendo todo esto que me está pasando. Lamentablemente mi mente y todo de mi, lo rechaza rotundamente. Hasta estoy empezando a creer que en cualquier momento voy a desaparecer de este mundo también. ¿Mi nueva realidad? Mi nueva realidad es aterradora si es lo que aparenta ser. ¿Recuerdan los primeros días de clase dónde debías presentarte durante una semana entera? Por favor, no me olviden que no quiero desaparecer. Soy Sara y nací en un país llamado Aramaipuro hace 26 años. Actualmente estoy en alguna dimensión desconocida dónde la locura es aceptable y lo normal no existe. Yo en esta dimensión tampoco existo. En esta dimensión o mundo, todo es diferente a lo que cualquier persona podría estar acostumbrada. O sea, si existo porque ahora estoy aquí, pero no estoy segura si antes de venir a este lugar, había alguien similar a mi. Es curioso y déjenme decirles que soy una persona escéptica, pero una vez leí en un libro que en el mundo hay dos personas iguales a ti. Lamentablemente no todo es color de rosa para esas personas, ya que si te encuentras con ella, probablemente suceda algo y no es precisamente algo bueno. No es como tener un hermano gemelo o tal vez un morocho ni mucho menos un mellizo. Es una persona que actúa, piensa y es totalmente parecido a ti. Es probable que la mujer que vivía aquí haya sido enviada a otra dimensión. No estoy segura de que tan cierto sea esto, porque admito que lo leí en una página de chismes, así que no creo que tenga mucha relevancia aquí. Con esto quiero tratar de convencerme de que por ese error vine a parar aquí. Tal vez esa Yara se perdió en algún lugar y yo fui llamada a sustituirla. Que bonito, Sarita. Viniste de tan lejos para ser una sustituta. Lo más gracioso de esto es que soy la sustituta de un tipo que está loco y debo aceptar cosas que el me ordena. —En ningún momento Velkan te ha obligado a nada —la voz de hombre en mi cabeza me sobresalta. —Dios mío, ¿no puedes llamarme y decirme que vienes? No sé tal vez de esa manera no te atiendo o te digo que voy entrando al túnel más remoto y no tengo cobertura —me quejo. —¿Por qué motivo me vas a ignorar? He sido totalmente paciente con tu caprichosa personalidad —me indigno rápidamente a la estupidez que me acaba de decir, el invasor de mentes. —¿Te parece poco invadir la mente de una persona normal? Eso ya es motivo suficiente para ignorarte. Además, mi personalidad es sumamente perfecta —me cruzo de brazos, después de terminar de recoger mi cabello en una cola de caballo. —Pues bájate de la nube, princesita. Mira que perfecta no eres y yo invasor de mentes no soy. Eres tú quien llama a este dios rumano —me empiezo a reír. —Eres muy gracioso, deberías trabajar en un circo —me levanto de la silla de mi tocador—. Deberías darte cuenta de que yo a ti no te busco. Eres tú qué aparece sin ser llamado —suspiro, miro la hora en el reloj digital que había en la pared—. Voy a desayunar así que no vengas que no te quiero en mi mente nunca más. —Me vas a llamar y te vas a tragar cada una de tus palabras. Te recuerdo que a este mundo no perteneces y necesitas mi ayuda —su voz es fría y sus palabras hacen eco en mi mente. —Eres un bastardo —presiono mis labios, la puerta de mi habitación es abierta, haciendo aparecer a Mara en el marco de la puerta—. ¿Es hora de desayunar? Suspira y antes de hablar me da una sonrisa de esas que te calman. Dónde las palabras sobran y te reconfortan para seguir adelante. Eso me hace recordar muchísimo a mi nana. Ella con solo verme o decirme unas cuantas palabras, me arreglaban el día. Mara siempre sabía que decir y que hacer. Fue mi segunda mamá y aunque debía darle alegrías y mis mejores actuaciones, siempre le di mi parte quejosa, la parte vergonzosa que no quieres que nadie vea. Mi nana Mara y la Mara de esta dimensión, me transmiten el mismo sentimiento y me dan la paz que a veces mi mente se niega a darme. —Vendrán días mejores, señorita Sara —hace un movimiento con su cabeza para que salgamos de la habitación, sonrío al recordar que eso mismo me dijo mi nana la noche antes de aparecer aquí—. La escuché hablando sola, ¿todo está bien o necesita alguna ayuda? —¿Crees que estoy loca? —le pregunto, acercándome a ella, suelta una risita y niega con la cabeza—. Piensas que estoy loca aunque no lo admites del todo. —Señorita Sara, no está loca —me dice, cuando salgo de mi habitación—. A veces las nuevas cosas, lo que es desconocido, puede llegar a ser tenebroso —me señala una foto familiar que había en el pasillo—. Llegué a esta casa cuando era una niña y la verdad es que estaba asustada porque no conocía ni sabía el idioma, pero al ir pasando el tiempo me adapte y ahora soy feliz. —Mara, eres solo el servicio en este lugar. ¿Dime quién puede ser feliz en una cárcel cómo está? —dejo de caminar para verla seriamente. —Soy la mejor amiga de Velkan —frunzo el ceño, ah, es que ese hombre tiene amigos—. Él no es mala persona y no soy su empleada del todo. Contigo me pidió el favor de ayudarte porque el resto de los chicos tienden a asustar más. Suspiro y antes de poder decirle nuevamente algo, me interrumpe. —Sara, yo soy feliz aquí con todos ellos y tu —sonrío porque ya no es tan formal conmigo—, solo debes conocerlos un poco más. —No quiero. Además esa voz... —me callo rápidamente antes de decir algo tonto por culpa de ese ser invasor de mentes—. No quiero conocer a nadie ni involucrarme con alguien. Lo único que verdaderamente deseo es volver a mi casa. —Esta es tu nueva realidad y aunque no lo quieras, en algún momento lo vas a tener que aceptar, Sara —me dice, para empezar a caminar—. Debemos llegar juntas al comedor, Velkan quiere que conozcas a su familia. Suspiro y empiezo a caminar. ¿Cuál es la parte que no entienden? No involucrarme incluye a Velkan, alias don machote y su familia. No quiero conocer a nadie. ***** Tendré un máximo de 24 o 48 horas encerrada aquí, y obviamente si existieran en esta dimensión, mi familia ya hubiese puesto una denuncia por desaparición. Claro está que deben ser 48 horas para poder reportar a alguien como desaparecido. —A ti nadie te reporta porque eres necia —habla el invasor de mentes. —¡Ay, cállate que no te pregunté! —me exaspera su estúpida manera de ser, no entiendo por qué está así conmigo—. Eres increíblemente insoportable, de verdad. Suspiré y tape mi rostro algunos segundos con mis manos. No había pasado ni un respiro cuando caí en cuenta en dónde estaba. No creo que nada puede ser peor que este bochornoso momento. «Trágame tierra y escúpeme en Narnia», pensé, mordiendo mi lengua para no decirlo en voz alta. Quito las manos de mi rostro lentamente y empiezo a observar a todos los presentes. Creo que me salte una parte importante de este monólogo. Bueno, este... estoy en el comedor con la familia de don machote tomando el desayuno. Puede ser que hubo un pequeñito inconveniente porque por culpa del invasor de mentes, olvide por completo que estaba aquí. —¿Algún problema, Sara? —pregunta don machote con una sonrisa—. Nadie te está molestando, es más estabas tan sumergida en tu mundo que no te he podido presentar a mi familia. Achico los ojos mirándolo mal. No sé cuál de los dos es peor entre don machote y el invasor de mentes, son tan para cual. Me resultan insoportables y totalmente parecidos. Ahora que lo pienso un poco más, no comprendo por qué estoy tan a la defensiva con ellos. Voy a volverme loca con esta gente. —Ah, bueno, este... lo siento —le doy una sonrisa fingida—. Es que hay un idiota que quiere jugar con mi mente —respondo, don machote pierde su sonrisa de comercial por un rostro serio y sin expresión. —No creo que sea necesario los insultos en el comedor —alza una ceja—. La comida debe ser respetada, por favor controla tus malas palabras en mi casa —frunce el ceño. Ok, ahora soy la mala y él la damisela maltratada. Hay algo más que me asusta, mi personalidad está muy cambiante y estoy empezando a sentirme nerviosa por eso. —Lo siento —digo sincera, llevo la mirada a mi desayuno—, no estoy en mi mejor momento. —Nosotros si —dice, vuelvo a verlo—. Te mentiría si dijera que en estos últimos tiempos no la pasamos mal, pero siendo honesto, estos días dejaron de ser oscuros y tristes. Él está sentado a mi lado, su rostro puede pasar en cuestión de minutos de alegría a molestia con facilidad. Tiene una mirada profunda y es diferente a la que vi la primera vez. Puedo decir con total seguridad que está feliz, y aunque mi personalidad sea una revolución hormonal, en estos momentos estoy tranquila. No lo quiero admitir, pero don machote me transmite paz. Pareciera que su mirada es un calmante para mí, aunque odie su personalidad extraña. Un destello amarillo pasa por sus ojos haciéndome fruncir el ceño. La pupila de su ojo derecho se empieza a dilatar y su iris está empezando a ponerse azul claro. ¿Qué es eso? —¡Velkan, contrólate! —la voz de alguien suena por el lugar— ¡Velkan, basta ya! El grito o rugido de una persona hace que don machote aparte la mirada, sus fosas nasales se abren y cierran rápidamente, las manos que tenía sobre la mesa están empezando a perder el color porque las tiene hecha puño, su pecho sube y baja con rapidez y logro ver una vena sobresalir por su cuello. —¿Quién te dio permiso de interrumpir lo que yo estaba haciendo? —su voz es fría, ronca y totalmente molesta—. Vuelves a hablarme así y te juro que... —¡Velkan, basta! —esta vez es Mara la que habla, me giro a verla, su rostro está tenso y su iris está empezando a ponerse gris—. Tu mismo dijiste que debíamos controlarnos y mira tu cómo estás. Ni siquiera puedes controlar tu estado de ánimos. El golpe en la mesa y una silla caerse es el estruendo que don machote hace al levantarse. Su pecho sube y baja con rapidez, sus puños perdiendo el color, su fisionomía estaba creciendo y su rostro era totalmente diferente al que vi hace unos minutos. —Oh, por Dios —es lo único que logro susurrar, mis ojos se cristalizan al ver en su pulgar una uña creciente, me levanto de la silla haciéndola caer, mi corazón palpitaba cada vez más fuerte. —¡Nadie debe decirme que hacer! —le grita a Mara, el resto de las personas se levantan de sus sillas poniéndose en posición de ¿defensa?—. Soy Velkan y ustedes me deben respeto al yo ser... —¡Basta! —otro hombre igual de musculoso que don machote, lo intenta agarrar sin éxito, el chico recibe un puñetazo en la cara haciéndolo caer al suelo—. ¡j***r, llamen a Yara! Doy dos pasos hacia atrás cuando el chico que está en el suelo, le crecen los colmillos, sus pupilas dilatadas intensificaron el n***o de ellas y el iris le cambia a rojo. Se levanta del suelo mientras ve a don machote, el pánico se apodero de mi y sentía que el corazón estaba a punto de salirse cuando la mano de una chica es puesta en mi hombro. —Te sacaré de aquí —me da una sonrisa dulce—. Son efectos especiales de la película que están haciendo los chicos —la miro asustada—. El chico que recibió el golpe se llama Aaron y es el encargado de los efectos especiales de la película que están filmando —vuelve a sonreír—. Me alegra saber que los efectos usados si asustan a los que no saben sobre lo que estamos haciendo. Toma de mi mano y me saca del comedor. Puedo asegurar que salimos casi corriendo de ahí, mejor dicho. Yo no tenía fuerzas para caminar ni mucho menos podía hacerlo. Mi cuerpo no reaccionaba o tal vez fue mi mente la que decidió en ese momento dejar de funcionar como debía. El aullido adolorido de un lobo se escuchó al yo estar fuera de la casa, voltee una vez más al lugar por donde salí y la nostalgia invadió mi ser. ¿En qué dimensión extraña vine a aparecer yo? ***** Estábamos en el bosque no muy lejos de la casa de don machote. De acuerdo a lo que está chica me ha dicho, la casa está ubicada en el medio de todo el bosque, pero alejada de la ciudad. No es el mismo lugar en el que fui encontrada, más bien pertenece al área restringida de la reserva natural. Ellos son protectores de las especies que se encuentran en peligro de extinción. «Por lo menos protegen a los animalitos que más lo necesitan», suspiré ante ese pensamiento. No todo puede ser malo. Tal vez si continuo con mi papel de tonta, pueda descubrir muchas cosas más, pero tal vez y solo tal vez, mi mente no quiere descubrir nada. Solo quiero irme porque no creo que eso de la filmación de una película. —Sara, ¿escuchaste lo que te dije —la voz de la chica me saca de mis pensamientos—. Por lo visto creo que no. —Lo siento, es que son muchas cosas en tan solo 48 horas que llegué a este lugar —me disculpo. —No tienes 48 horas aquí —responde, mientras se balancea en el columpio en el que estábamos sentadas—. Puede ser que cuando regreses a tu hogar el tiempo ni siquiera pasara, pero aquí legalmente ya tienes dos semanas. —¿Cómo voy a tener dos semanas? —miro a la chica rubia de ojos castaños—. Llegué, me desmayé y ahora estoy sentada aquí contigo. Solo han pasado 48 horas. Una brisa fría me hace dar escalofríos, mi piel se pone de gallina y empiezo a titiritar. —Nadie te lo había dicho, pero dormiste mucho tiempo después de que te encontraron en el bosque —frunzo el ceño—. A veces despertabas, comías y volvías a dormir, pero la mayoría de las veces solo dormías sin detenerte. —Yo no me acuerdo de nada —murmuro abrazándome—. Hace mucho frío, ¿podemos regresar? —Velkan te cuidó todo ese tiempo —desde que estamos aquí, es primera vez que me dirige la mirada—. No soy su hermana, pero he crecido viendo lo buena persona que son todos aquí. —No estoy diciendo que sea malo —miento, solo creo que está loco—, pero no me pidas que confíe en una persona que tiene arranques de ira como el de ahorita. El aullido de un lobo a lo lejos me hizo sentir vacía y sola. —Sara, mientras más niegues las cosas más lastimas a las personas —me levanto del columpio y me pongo frente a ella. —No estoy haciéndole mal a nadie —la miro con indignación—. ¿Por qué tanta insistencia en que crea algo que para mí no existe? No sé tú nombre ni quién eres. Para mí todos ustedes son totalmente unos desconocidos. ¿Me rescataron? Bien, estoy agradecida por lo que hicieron —la chica presiona sus labios—, pero es todo lo que puedo decir y sentir. No les cuesta nada dejarme libre. Cada día entiendo menos todo este alboroto, pero si llego a decir que me quiero ir o que los cuentos fantasiosos que me dijeron son mentiras, en ese momento la mala soy yo. —Sara... —no la dejo terminar. —Pero él si tuvo las santas agallas de decir que mi familia y yo no existimos —me cruzo de brazos con ganas de llorar—. Estoy en este lugar dando todo de mi para ser buena persona y no romperme en mil pedazos ante mi nueva realidad —lagrimas empiezan a rodar por mis mejillas, que limpio como bestia al sentirlas—. Entonces, ¿dime que más debo aguantar? Porque sí, acepto que este mundo está lleno de cosas sobrenaturales e inexplicables, pero creo que también merezco respeto y dejarme un minuto o tal vez dos, para que pueda procesar que todo lo que un día conocí, dejó de existir cuando llegué aquí. Me alejo dejando a la chica sentada en el columpio. Necesito espacio para saber que voy hacer con mi vida. Necesito espacio para que todo lo que está aquí encaje en mi mente y necesito espacio para entender que no volveré a mi hogar hasta quien sabe cuándo. Hoy me di cuenta de que en la casa de don machote hay personas sobrenaturales. Hoy me di cuenta de que lo que él dijo era cierto y lo que tanto mi mente se negó a aceptar, la realidad me golpea con su verdad. Mi nueva realidad es escalofriante.
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