¿Otra dimensión?

3085 Palabras
No entiendo. Creo que me he convertido en una persona con poco coeficiente intelectual. Tal vez no entiendo el idioma que usan aquí. Aunque realmente si lo entiendo y es extraño que hablemos y nos entendemos, pero algo no me queda del todo claro. ¿A qué se refiere con que aquí es más seguro que en el bosque? O sea, sí, es peligroso porque es el bosque y puedo morirme de hambre, pero no me siento muy segura estando en esta casa. Yo respeto los gustos de cada quien, pero venga, tener altavoces en la casa de gente que tiene conversaciones, personas que juegan con los interruptores de luz... Eso normal no es. —¿Cómo explicas el hecho de que respondo tus preguntas, Sara? —habla la voz masculina, haciéndome sobresaltar. Estoy en otra habitación, por órdenes de don machote, fui trasladada a este lugar. Es menos marrón y más normal. Es pequeña, paredes pintadas de blanco perlado, una cama en el centro de la habitación, una pequeña mesita de noche color blanco, un tocador y un espejo del mismo color que la mesita de noche en el lado derecho. Hay una televisión en frente de la cama pantalla plana y un closet en la parte izquierda, las ventanas corredizas están cubiertas por unas cortinas antiguas color rosa. Es agradable la habitación. —Y estas cerca de mi, Sara —vuelve a hablar la voz masculina, suspiro y cierro mis ojos tratando de comprender el por qué, tengo que escuchar esa voz. Abro mis ojos y la mirada de otra persona parada frente a mi, se me hacen conocidos. Es una hermosa chica más o menos contemporánea con mi edad. 26 o 27 años, tal vez sea mayor que yo. Es alta, de tez blanca y su cabellera dorada es ondulada. ¿Dónde vi esos ojos? —¿Hay algún problema conmigo, señorita Sara? —la chica con acento latino, se dirige hacia a mi. —Oh, disculpa si te incomode solo te me hiciste algo familiar —respondo con simpleza. —Me llamo Mara, un gusto conocerla, señorita Sara —mi boca se abre con sorpresa haciendo reír a la chica. Aunque físicamente no es parecida, sus ojos no mienten. —Eres mi nana —empiezo a llorar—. Por eso tus ojos se me hacían familiares —admito, la chica me sonríe—. Te ríes igual que mi nana, Mara. Antes de poder dar un paso para abrazar a la chica, la puerta de la habitación es abierta con fuerza. —¿Qué demonios le hiciste a Sara y por qué está llorando? —don machote le habla a Mara—. Te di una orden tan simple y la hiciste llorar. Te pregunté si podías con esto y mira lo que lograste. Me trago el nudo en la garganta y me paro frente a don machote, limpiándome las lágrimas. —No tienes por qué hablarle así —las manos las tiene hecha puño—. Ella estaba haciendo su trabajo y no me hizo nada malo. Me recordó a mi familia. De verdad que no me hizo nada malo, respira, hombre. —Mara, por favor déjame solo con esta chica —dice, sin dejar de verme—. Tu y yo hablaremos después. —Oye, en serio que Mara... —Tranquila, señorita Sara —me mira con dulzura—. Después podremos hablar —me da una sonrisa y sale de la habitación. Suspiro resignada y me siento en la silla que había en mi tocador. Don machote pasa sus manos por su rostro y termina de entrar dejando la puerta abierta. «Parece un perro rabioso», admito en mis pensamientos, el chico sonríe de lado y me da una mirada retadora. ¿Perro, lobo o zorro? Tienes el carácter de un animal con rabia. Controla los chacras, bebé. —Sara... —se sienta en la cama en total silencio—, era más fácil cuando no estabas aquí —murmura, pero lo logro oír. —Yo no te pedí que me dieras alojo en tu casa —alza una ceja—. Primero, me confunden con una tal Yara. Segundo, me secuestras. Tercero, les pido que me dejen ir y no quieren, y cuarto, pero no menos importante, me dices que aquí estoy a salvo —sonríe—, pero este lugar es el que da más miedo y no realmente el bosque. No me había dado cuenta, pero no carga chaqueta. Lleva puesta una camisa blanca con mangas dobladas hasta el codo. Varios tatuajes tiene en su antebrazo y logro ver un poco más el tatuaje de su cuello. Al parecer son llamas y hay flores calcinándose. —¿Terminó la inspección con mi cuerpo? —lo miro sin expresión alguna, lo veo tensar su mandíbula—. Hay algo que se llama sentido común, no sé si lo conoces, pero normalmente las personas lo usan si llegan a ver a alguien en una situación complicada —me encojo de hombros restándole importancia—. No me pediste alojo, pero podrías haber muerto si te dejaba ahí un minuto más. —Muy bien, gracias por tu hospitalidad —digo sincera—. Ahora, ¿puedes dejar de usar los altavoces a cada rato? Me resulta incómodo tener que escuchar conversaciones ajenas. —Mi casa no tiene altavoces —me mira serio y después suelta un suspiro—. Definitivamente tu —me señala—, Yara no eres y con respecto a irte, lo podrás hacer en la mañana, pero solamente cuando yo esté. —¿Por qué no me puedo ir si no estás presente? —lo miro con cautela—. Estoy en Rumania solo debo llamar a mi padre o a mi prometido y en cuestión de horas vendrían por mi. Vuelve a tensar la mandíbula, sus ojos tienen un fugaz destello de color azul claro. Su mirada se vuelve fría, pero a la vez hacen sentirme segura. ¿Segura? Síndrome de Estocolmo, no nos vamos a enamorar del matón de la novela. «Nos debemos enamorar del príncipe azul», pienso, mordiendo mi lengua para no reírme. Él si suelta una carcajada antes de volver a hablar y ponerse serio ante mi mirada de confusión. ¿Acaso me leyó el pensamiento? —No te puedes ir sola porque las reglas dicen que las mujeres deben ir acompañadas hasta llegar a su destino —asiento, por primera vez estoy de acuerdo en algo—. Estás en Rumania, pero no creo que sea la misma Rumania que conoces. —No conozco Rumania, pero si creo que hay cosas diferentes y extrañas por aquí —admito—. ¿Viaje al pasado o al futuro? Digo con diversión. —Estoy casi seguro de que vienes de otra dimensión —lo miro con incredulidad—. Anda a darte una ducha y luego hablamos de lo que desees. Suspiro y me levanto de la silla. Él no deja de mirarme esperando alguna reacción de mi parte. —¿Algún problema conmigo? —pregunto, él niega con la cabeza— ¿Podemos hablar de Mara y lo de estar en otra dimensión? —Bien, te espero afuera —se levanta de la cama—. El baño está en la puerta que ves ahí —señala una puerta blanca o tal vez beige, que está al lado derecho de la habitación—. Ese es el baño y aunque es compartido, en este piso nadie lo usa así que es todo tuyo. Empieza a salir de la habitación y le vuelvo a hablar. —Gracias... por todo —me sonríe—, y disculpa por estar al borde contigo solo es que siento... —Que no estaremos de acuerdo en muchas cosas y nuestras personalidades al parecer son repelentes el uno del otro —termina lo que yo iba a decir. Cierro mi boca y no intento decir nada más, él sale de la habitación y yo me fui a dar la merecida ducha que tanto anhelaba sin saber. ***** Después de tomar una ducha y vestirme más decente, salgo del baño y me siento en la silla de mi tocador. Peino mi cabello dejándolo suelto y me coloco algunos productos de belleza que conseguí aquí. Llevo puesto un jean azul claro y una camisa de color rosa pálida suelta. ¡Lista! Veo entrar a don machote a mi habitación, disimula muy bien el hecho de que me miró de arriba abajo haciendo que una fugaz sonrisa le apareciera en su rostro. —¿Disfrutando la vista? —pregunto con sorna. —Pues sí —me ve con diversión—, bastante que tú también lo haces. Lo miro mal haciéndolo reír. —¿Qué pasó con Mara? —ignoro sus ganas de ser amigable. —Nada, pronto podrás volver a hablar con ella —se sienta en la cama—. Creo que empezamos con mal pie. ¿Qué te parece si nos conocemos? Conozcamos al secuestrador y futuro sugar daddy. —Como sabrás, me llamo Sara, soy... —no creo que sea buena idea decir quién soy, pero también deseo irme pronto de aquí así que...—, princesa de Aramaipuro un pequeño país de Latinoamérica. —Hola, Sara, soy Velkan, presidente de la Corporación Mystics —asiento, nunca había escuchado de esa empresa—. Disculpa por lo que te diré, pero ese país en Latinoamérica no existe. Alzo mi ceja izquierda. Debo admitir que nunca pude alzar la derecha. —Que tu no lo conozcas no quiere decir que no exista —me mira con diversión—. ¿Te parece gracioso? Me estás diciendo que vengo de otra dimensión y a ti mi situación te hace sentir bien y por eso te burlas de mí. —En ningún momento me pareció un chiste tu vida —admite—. Solo estoy respondiendo a tus preguntas. Tu país, ni tu padre, ni tus amigos.... Nada de eso aquí existe. Me levanto de dónde estaba y lo señalo, él alza una ceja con esa estúpida sonrisa de medio lado. —¡Claro que existen! —lo miro con indignación, dejándolo de señalar—. ¿Cómo me puedo ir de aquí? Me iré en la mañana en busca de mi padre. Se levanta de la cama y con total calma, saca su celular, teclea unas cosas y me lo muestra. Antes de ver ese aparato, suspiro y con una rabia enorme, miro lo que me estaba mostrando. Los resultados que busca no existen. —¿Qué buscaste? —pregunto, frunciendo el ceño. —Aramaipuro, el país que dices de dónde supuestamente provienes —responde con simpleza. Vuelvo a ver el celular después de mirarlo a él muy mal, y lo tomo para revisar esta vez yo. No me fío y por eso tecleo yo misma mi nombre, el de mi padre, el de mi palacio... y todo tiene la misma respuesta. Los resultados que busca no existen. —¿En serio estoy en otra dimensión? —lo miro asustada—. Tal vez mi prometido... —¡No existe en esta dimensión! —me grita, tenso mi mandíbula al escucharlo decir eso—. Tú familia, nada que venga de ti existe en este plano. —Entonces déjame ir y encontraré mi camino —lo miro con rabia—. Te lo dije hace rato, yo no te pedí que me trajeras hasta tu estúpida casa embrujada. Un fugaz destello en sus ojos, color blanco, pasó por su iris cambiando su tamaño redondeado. —Tus ojos... —frunzo mi ceño, él parpadea varias veces haciendo que volvieran a su tamaño normal—. ¿Cómo hiciste eso? Por un momento parecieron más grande de lo que son. —Es peligroso —con incomodidad se aleja de mi—. Te irás de aquí cuando yo vea que es seguro. Miro su anatomía y no sé cómo o porque, pero está más grande. —¿De que estoy corriendo peligro? —dejo de verlo—. Oye, vamos a suponer que esto es otra dimensión. Entonces puedes explicarme el fulano peligro para no pasar de ignorante. Este hombre no me da buena espina. Creo que está mal de la cabeza y como es dueño de una empresa con dinero, maneja a todos a su antojo. —Mi empresa tiene muchos enemigos —admite, alzo una ceja y hago una mueca de fastidio, haciéndolo reír—. No soy un hombre rico, solo nos encargamos de preservar el ambiente y mantenemos a salvo a las especies en peligro de extinción. —Ajá, muy hermoso todo, pero no veo el porqué debo quedarme aquí y mucho menos el peligro que dices que hay —respondo tajante. Se vuelve a reír. —Fuiste encontrada en medio de un bosque que está en zona de reclamación. Digamos que te salvé de un futuro incierto —suspira—. Sara, en esta dimensión hay cosas que tal vez nunca creíste que podrían existir. —¿Perro de tres cabezas?, ¿los robots nos gobiernan? —me burlo. —¡No! —dice tajante, mirándome serio—. Sara, la torre por la que dices que viniste, no la encontramos por ningún lado. Por eso no puedo dejarte ir hasta estar seguro de todo —me cruzo de brazos—. El peligro que acecha a tu alrededor son demonios, vampiros, brujas malas, hadas traviesas y lobos. Parpadeo varias veces asimilando lo que dice. Sin entender nada me empiezo a reír como si escucharlo decir eso hubiese sido el mejor chiste que me contaron en el mundo. Paro de reír para ver su rostro serio y ese destello en sus ojos. Eso hizo acelerar mi corazón y que mi miedo despertara. —Debe ser una broma, Velkan —me mira sin expresión—. ¡Eso no existe y Esto debe ser un terrible sueño del cual despertaré pronto! —empiezo a caminar de un lado al otro en la habitación. —Tu misma viste a una bruja —dice, con una calma que me hace exasperar. Me detengo en el medio de la habitación. ¿Estoy en una dimensión con bichos raros? —¿Qué clase de monstruo eres tú? —mis ojos los empiezo a sentir picosos—. ¿Todos en esta casa son unos bichos raros? Lo veo tragar fuerte y darme una sonrisa falsa. —No. Solo te estoy informando el motivo por el que debes esperar a que yo esté para poder irte —suspira y va hacia la puerta de la habitación—. En esta casa ninguno de nosotros es un bicho o monstruo. —Nada de eso existe. Son solo mitos y leyendas para llamar la atención de la gente —digo, nerviosa—. Esas cosas no existen y eso no es normal. —¡Ya lo entendí, Sara! —me habla con frialdad—. Descansa, le diré a Mara que sea tu guía mientras estás aquí —toma el picaporte de la puerta—. Ya buscaremos que regreses a tu casa sin ningún problema. Sale de la habitación cerrando la puerta. Me quedo parada viendo por dónde él acaba de ir. Varias lágrimas empiezan a correr por mi rostro, perdiendo la fuerza de las piernas caigo al suelo. ¿Otra dimensión? Debe pensar que soy tonta. ¿Mi familia no existe? Claro, se la tragó el universo. ¿Cosas sobrenaturales? Ajá, esto si es digno de ser verdad. ¿Por qué debo admitir estás cosas y no que ese hombre está loco? ¡Me niego a creer que esos bichos raros existen! ¡No existe nada de eso! ***** No he tenido tiempo suficiente de asimilar lo que sucede desde que llegué aquí. No, mejor dicho, mi cerebro no acepta y no aceptará lo que don machote me dijo. Primero, estoy en Rumania. Lo acepto ese país existe. No fui secuestrada ni traída a la fuerza. Debido a la impresión y el cansancio que tuve, me desmayé y por eso terminé aquí. Esa conclusión la saqué yo, es muy entendible y es posible porque me pasó. Eso es lo único que yo, Sara, princesa de Aramaipuro, acepta. Hay algo que tampoco entiendo... Mi personalidad aquí es totalmente diferente a como era antes. Aquí solo quiero pelear y yo pertenezco a la asociación paz por el mundo. Mejor empecemos a nombrar lo que no es aceptable, lo que no se cree, lo que no es admisible, lo que simplemente, no existe. Es increíble que aún estando en estos tiempos las personas crean que uno es idiota y se va a comer cualquier cuento que le digan. Conmigo las cosas no son así. Segundo, Velkan, así se llama don machote, ¿cómo me va a decir que mi país no existe, que mi prometido y mi padre no existen? De acuerdo a su maravillosa lógica barata, solo me dijo que debo venir de otra dimensión, porque la torre por la que salí, tampoco existe ni la encuentran. Esperen, aún hay más. Tercero, ¿estamos en el año 2020? Sí, lo estamos, pero supuestamente aquí conviven entre los humanos y en total armonía, ángeles, demonios, lobos, vampiros, hadas, brujas, hechiceros o lo que sea. ¡Eso es imposible y lo más absurdo que he podido escuchar en mis 26 años de vida! ¿Hasta dónde es capaz de llegar la gente con tal de hacer su voluntad y mentirle a los demás? No es justo que digan eso solo por el simple hecho de yo quererme ir. No estoy secuestrada, pero no me permiten irme porque aquí estoy segura. No me siento segura y mucho menos a salvo en esta casa. Aquí pasan cosas muy extrañas y solo quiero irme. —Que tu no aceptes las cosas no quiere decir que no existan, Sara —habla la voz masculina, haciéndome sobresaltar. ¿Ven? Estoy segura de que hay altavoces escondidos en algún lugar y por eso escucho la voz de ese hombre. —Estoy en tu mente y me llamo Yoraco. No soy tu conciencia, digamos que soy tu compañero desde que llegaste aquí —vuelve a hablar. Tal vez si lo ignoro lo suficiente desaparezca está alucinación. No me he acostumbrado a esa voz, solo que tal vez me estoy volviendo loca también. Digo que son altavoces, pero no soy una niña. Claramente sé que la voz está en mi mente y no es producto de mi imaginación. —Puedo ayudarte a aceptarme y también puedo darte las respuestas que desees —comenta. —Tu no existes y quiero que te calles —me empiezo a reír al darme cuenta de que le estoy respondiendo—. Me iré a dormir, solo... no existes, déjame sola, por favor. —¡No me da la gana de dejarte sola! Estuve sin ti más de 400 años y no me iré. Que pases buenas noches, Yara —responde. —¡Que me llamo Sara! —le grito exasperada, me acuesto en la cama después de ponerme el pijama y arropándome hasta la cabeza. El aire acondicionado hizo que la pequeña habitación se pusiera helada. Me di cuenta que no hay control remoto para el aire acondicionado. Toda la casa pareciera que fuera controlada por alguien y el frío, en todo el lugar es similar al de mi habitación. No soy amante del calor, pero estar aquí tan sola y asustada por todo esto, me hace querer tener algún contacto con alguien para que me diga que esto es un sueño. Quiero ese calor que solo la familia es capaz de darte. No quiero estar más aquí.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR