Había pasado bastante rato desde que Ares nos había dejado solas a Rose y a mi. Los aullidos del lobo se intensificaron durante algún tiempo e igualmente el murmullo y algunos ruidos extraños. Se supone que estamos en el sótano y no se debe de escuchar nada, pero las cosas aquí se escuchan como si estuviesen pasando en la sala. La niña volvió a dormirse en mi regazo y honestamente no se volvió a mover hasta que la puse en su cuna y decidió dormir plácidamente. Confieso que la nena ronca. Iba a intentar dormir pero la curiosidad se despertó en mi, al ver una linda y hermosa computadora de escritorio encendida. La laptop obviamente estaba con contraseña y no pertenezco a las fuerzas espaciales de mi país para descubrir las cosas como quisiera. —Disculpa por invadir tu privacidad, Ares —

