Camino trás de Ralph, el ojo enserio lo siento como si me fuera a explotar en cualquier momento. El hielo que pidió en la cafetería la verdad no hizo mucho, al menos eso es lo que pienso. —Ya se te va a quitar ese dolor. —Abre la puerta de su casa, una ventisca fría sale de ella y sube por mis piernas haciendo que tiemble. Eso de que todos esten más de allá que de acá de verdad se nota, no le dan ni una pizca de calor al sitio, más parece una nevera que su casa. —Lo siento, es que no tenemos calefacción... No la necesitamos. —Agrega Ralph por lo bajo. Me sobresalto al escuchar lo que dice y le fulminó con la mirada. —Por favor, te pido no sigas entrando a mi mente, es incómodo saber que no estoy sola allí dentro. —Asiente y busca algo entre los cajones de la cocina. —Es la costumbre, p

