Gastón: Hago mi mejor esfuerzo para sonreírle. —Hola. —Hola —saluda Stef—. Siento molestarte —me abraza. Le correspondo. —No eres ninguna molestia. —Aproveché y salí un ratito del trabajo. Sé que fuiste a ver a Brisa para pedirle un favor. Me lo ha contado. Acaricia mi espalda con suavidad. —Sí... —Para cuando me enteré ya no estabas. Te habías ido hacía unos veinte minutos, según ella. Quería hablarte de algo. Además de saludarte, claro. —¿Pasó alguna cosa? —inquiero. —Sí, algo así. —¿Qué es? —nos separamos. —¿Puedo pasar? —me pregunta, mirando hacia el interior de mi departamento. Le abro paso después de asentir. —Vaya, se parece mucho al otro depa —comenta, escaneando la casa. —Bastante. Siéntate en el sofá. ¿Quieres que te sirva algo? Niega. —No, estoy bien. Tomo asi

