Gastón: —¿Eres bisexual? —pregunto, sin poder creérmelo. Me siento en la cama junto a Key y le miro con atención, esperando una respuesta de su parte. Su cabeza se mantiene gacha y juega con sus dedos con un total y claro nerviosismo. El silencio es incómodo. Me inquieta y quiero una respuesta. Pero decido no presionarlo porque no quiero que se sienta mal. Parte de mí cree que Key se siente avergonzado dado a que no parece querer animarse a mirarme a la cara. ¿Se estará debatiendo en si hizo bien en abrir la boca o si no? Yo no sé cómo sentirme ante tal bomba, pero sé que mal y avergonzado no estoy. Me parece de lo más normal que me diga que le gustan los hombres y las mujeres porque estamos en el siglo veintiuno y no tiene nada de raro. Pero claro que me tomó por sorpresa la noticia

