Brisa: El ruido de varios rayos y truenos me despiertan. Respiro profundo y abro los ojos con lentitud mientras estiro mi brazo izquierdo para tocar a Gastón, pero no lo encuentro. Miro hacia mi costado y confirmo que no está. Me froto los ojos y me desperezo en la cama para luego ver el reloj de la mesita de luz. Las 09.00 de la mañana. Me siento en la cama y la puerta de la habitación se abre, dejándome ver a Gastón. Sólo lleva puesto un pantalón de buzo, y está descalzo y sin remera. Observo con detenimiento sus abdominales perfectamente marcados, su pecho y sus musculosos brazos. Me sonríe apenas me ve, y camina hacia la cama con una bandeja en manos. Qué tierno. Me ha preparado el desayuno. —Buenos días, princesa —me susurra en la mejilla después de depositar un pequeño b

