Amir Volkov El peligro no era una emoción era un estado del ser y ahora, se sentaba al otro lado de mi escritorio, envuelto en un traje italiano y una sonrisa fácil. — Qué gusto al fin conocer al Diablo —dijo Antonio de la Cruz, con ese tono condescendiente que usan los hombres que creen tener el control. Me recliné en el cuero, mi rostro impasible mi mente, sin embargo, estaba en alerta máxima este hombre era un m*****o fuerte de la organización local y yo estaba entrando a su territorio, antonio fue directo, profesional propuso unir fuerzas. — Como muestra de apoyo a su Organización en la ciudad, le ofrezco un activo valioso —dijo, apoyando las manos en el escritorio— Una empresa perfecta para el lavado de dinero es propiedad de un difunto, jamás podrán relacionarla con nosotros.

