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Enamorada del mafioso

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Descripción

Lia Sinclair para el mundo, soy la huérfana inteligente que luchó por su título de administración, la chica que sobrevivió a base de becas y horarios imposibles. Siempre pensé que la vida me debía una oportunidad, un golpe de suerte que me permitiera dejar de mirar el saldo de mi cuenta.​Lo que nunca imaginé es que esa oportunidad vendría envuelta en un traje de tres piezas, con ojos verdes tan fríos como el hielo de Siberia y un aura de peligro que lo hacía irresistible.​Amir Volkov.​Él no solo me ofreció un trabajo, me ofreció un rescate. Me sacó de mi vida sencilla y me arrojó a un mundo de penthouse de lujo, coches a mi nombre y tarjetas de crédito sin límite. Un mundo donde el precio de mi nuevo apartamento y mi sueldo exorbitante venía con una advertencia: él lleva una Organización no importación, sino La Organización.​Me obligué a firmar el contrato me obligué a ignorar la confesión de que era un mafioso, un hombre que vivía en el filo de la ley me dije que mi vida era mía pero mi cuerpo ya lo había traicionado.​Firmé el contrato de trabajo, pero lo que realmente firmé fue mi sentencia de rendición, el es mi jefe, mi dueño, y mi única debilidad. Me vigila, me acorrala y me exige que me someta a su voluntad, tanto en la sala de juntas como en la intimidad.​Ahora, cada día es una batalla entre el orgullo que me enseñó a sobrevivir y el deseo que me obliga a susurrar: "Soy tuya."​Estoy atrapada en la jaula de oro de Amir Volkov, y el verdadero peligro no es la mafia el verdadero peligro es cuánto me gusta.

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Capitulo 01
Lia Sinclair ​El aire dentro de 'The Velvet Cage' vibraba con el pulso del house y la excitación de los graduados, olía a perfume caro, alcohol dulce y, para mí, olía a libertad, tenía un diploma en la mano, una cuenta bancaria casi vacía y esta era la última noche en la que podía fingir que no tenía que preocuparme por el mañana. ​—Lia, en serio, son las tres de la mañana —la voz de Emma, mi mejor amiga y casi hermana, sonó por encima del beat. Sus ojos verdes, estaban llenos de una mezcla de diversión y preocupación. ​Me reí, tirando de ella para que se moviera al ritmo, ignorando su reloj. —¡No seas aburrida, Emma! Mañana de nuevo debo ser adulta ¿no me merezco una última noche de irresponsabilidad? Y a ver, sabes lo difícil que será conseguir algo en mi campo sin experiencia necesito esto. ​Emma, con su apellido ruso casi impronunciable que heredó de su padre, era la única persona en mi vida que entendía perfectamente el peso de la independencia temprana. ​—Lo sé, lo sé. Pero recuerda que mi tío llega de Rusia mañana después de tantos años... necesito estar en casa me matará si llego tarde. ​Me solté, sintiendo el cansancio de Emma. —¿Tu tío? ¡Oh, claro, el misterioso magnate que nadie ha visto en años! Vete, yo me quedo un poco más pero no te preocupes, no haré ninguna locura.— Ella frunció el ceño, claramente no estuvo muy convencida de dejarme sola —Lia Sinclair, me avisas en cuanto pongas un pie en tu apartamento ¿entendido? Y por el amor de Dios, no hables con extraños. ​Le di un fuerte abrazo, escoltándola hasta las pesadas puertas. —Descuida. ¡Y salúdalo de mi parte! ​Al volver la pista de baile estaba menos concurrida. Mis compañeros de clase se habían atrincherado en los reservados, bebiendo champán y hablando de futuros trabajos. Les hice un gesto a Sara y David que se unieron a mí brevemente, el ambiente era agridulce; era nuestro adiós esta noche era la última vez que veríamos a la mayoría de estas caras. ​Necesitaba un momento y sobre todo, un trago. ​Me dirigí a la barra, pidiendo un Vodka Tonic para refrescarme la música atronaba en mis oídos y el vaso helado se sintió glorioso en mi mano justo cuando giré para regresar a la pista, sucedió. ​¡Bum! ​Choqué contra una pared, una pared sólida y caliente que resultó ser un hombre sentí el líquido frío de mi vaso derramarse sobre su pecho y la tela de su camisa oscura.​—¡Oh, Dios mío, lo siento muchísimo! ¡Soy tan torpe! —las palabras salieron atropelladamente. Estiré la mano, nerviosa, para intentar secar la mancha, sintiendo el calor de su piel a través de la tela mojada. ​Cuando levanté la mirada, mi corazón dio un salto mortal. ​Era espectacular. ​Piel blanca, ojos azules increíblemente claros que parecían perforar el caos de la discoteca, cabello castaño oscuro y una barba de tres días perfectamente perfilada. Era un hombre grande, musculoso, que me hacía sentir absurdamente pequeña mis mejillas se encendieron como si hubiera corrido una milla. ​Él solo ladeó la cabeza, su expresión imperturbable no había ira, ni siquiera molestia. ​—No pasa nada es solo un poco de vodka.—​Su voz... era grave, ronca y tenía un acento ruso inconfundible, una melodía profunda que nunca había oído salvo en el padre de emma aunque en él sonaba más dominante, más... peligroso. ​—Amir —dijo, extendiendo una mano grande hacia mí. ​—Lia, Lia Sinclair —respondí, aceptando su mano. Se me hizo extraño: otro ruso. Su nombre era tan simple como el de mi amiga. ​—Lia ¿qué dices si bailamos? —me preguntó, sin soltar mi mano. ​Negué tímidamente. —No, en serio, no puedo fui yo la que... ​Me interrumpió, una sonrisa apenas perceptible tirando de la comisura de sus labios. —Piénsalo como una compensación, un pequeño castigo acabas de arruinar mi camisa favorita.—​Sentí una oleada de calor inundarme el cuerpo. Era una estupidez, pero asentí, mi voz atascada, ​tomó mi mano y me guio a la pista de baile, una zona más oscura y apartada. La canción cambió a algo más rítmico, puro techno. Nuestros cuerpos se acercaron demasiado el aire a su alrededor era denso, embriagador. Sentía el calor que emanaba de su pecho, la electricidad que crepitaba entre nosotros, el rubor en mis mejillas se extendió hasta mi cuello, y aquel remolino, ese cosquilleo en la parte baja de mi vientre que nunca antes había sentido, se hizo casi doloroso. ​Amir era alto, muy alto y me encantaba. ​Su mano se deslizó, firme y segura, hasta mi cadera, atrayéndome aún más cerca yo me dejé llevar, cerrando los ojos por un instante maldición, Lia, me regañé, mañana empiezas de nuevo tu vida seria, pero esta noche es tuya. ​Abrió los ojos el se acercó lentamente, su aliento caliente contra mi oreja y luego colocó su mano en mi mejilla, acariciándola suavemente con el pulgar nos miramos fijamente y en sus ojos azules profundos vi algo que no pude descifrar, algo antiguo y peligroso. ​Sus labios se encontraron con los míos, fue un beso hambriento y posesivo sus labios sabían a un toque de whisky y algo más, algo puramente suyo respondí con una ferocidad que no sabía que poseía, pero en un instante de lucidez, corté el beso, respirando con dificultad estábamos en medio de la gente. ​Amir aprovechó mi respiración agitada se acercó a mi oreja de nuevo, su voz baja y seductora.​—Mi penthouse está a diez minutos de aquí. ¿Quieres ir?— ​La pregunta era indecente, directa, y venía de un completo desconocido, un hombre que exudaba un aura de poder y riesgo. Sabía que debía decir no, sabía que debía salir corriendo, pero no me moví. ​—Sí —fue todo lo que mi boca pudo decir un pequeño susurro, una rendición. ​¿Qué era lo peor que podía pasar? ​Amir no esperó me tomó la mano, fuerte y me arrastró fuera, a través del tumulto al salir, la brisa fría de la noche me golpeó la cara una camioneta blindada y negra nos esperaba en la acera mee abrió la puerta y subí, sintiendo los nervios trepar por mi garganta. ¿Estaba cometiendo el mayor error de mi vida? ​El viaje fue un borrón llegamos a un edificio de vidrio y acero la torre más elegante que jamás había visto el ascensor privado nos llevó en segundos a la cima al salir, me quedé sin aliento. El penthouse era un monumento a la riqueza: vistas panorámicas de la ciudad, mármol oscuro, arte moderno... Era un mundo al que yo no pertenecía. ​Apenas las puertas se cerraron, Amir me tomó, su boca buscando la mía con una urgencia que me hizo tambalear .e besó con una desesperación que correspondí sin reservas, sintiendo su lengua reclamarme era la primera vez que me entregaba, la primera vez que estaba dispuesta a cruzar esa línea, y la ferocidad en su beso me hizo sentir viva, totalmente y peligrosamente viva. ​Me levantó en sus brazos sin romper el beso me llevó a la habitación, un espacio envuelto en sombras y una luz tenue me dejó caer suavemente sobre las sábanas de seda se cernió sobre mí, con los ojos fijos en los míos. ​—Dime una cosa, dorogaya —susurró, su aliento caliente y pesado—¿tengo el honor de ser el primero? ​Intenté fruncir el ceño, intenté mentir, pero mi cuerpo era una evidencia traidora .e ruboricé hasta la raíz del pelo, desviando la mirada. ​—No... no, claro que no —murmuré, mi voz demasiado aguda. ​Él rió, una risa baja y sensual puso su mano en mi mentón y suavemente me obligó a mirarlo. —Tus ojos son incapaces de mentir. ​Amir fue lento después de eso despojó mi ropa como si fuera un tesoro frágil, sus ojos azules ardiendo de deseo yo hice lo mismo con su camisa arrugada y sus pantalones, revelando un cuerpo que era pura definición no había prisa, solo una devoción intensa por cada centímetro de mi piel, besando y acariciando cada zona que descubría. ​Cuando finalmente sus cuerpos se unieron, supo el momento exacto me dolió, sí, un dolor agudo y rápido, pero él fue increíblemente cuidadoso, moviéndose con lentitud y consultando mi rostro, buscando mi aprobación el me besó en la frente, un gesto tierno y dulce que contrastaba con su intensidad previa.​—Shh estoy aquí. ​Con ese gesto, la ansiedad se disipó, reemplazada por una ola de placer el me trataba con una dulzura y una paciencia que no esperaba era un dios en la cama, moviéndose con una cadencia experta y suave. Lo disfruté cada toque, cada gemido sordo que escapaba de su garganta, y la forma en que mis manos se aferraron a su espalda me llevó a un lugar de éxtasis puro, ​cuando todo terminó, caí de vuelta en las almohadas, sintiéndome agotada, satisfecha y completamente confundida por la maravilla que acababa de suceder. Amir se acostó a mi lado, tirando las sábanas sobre nuestros cuerpos desnudos y sudorosos.​—Duerme, Lia Sinclair —dijo, depositando un beso en la parte superior de mi cabeza y el mundo se desvaneció.

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