Cp.11-Lastimado nuevamente.

1205 Palabras
Adalynn se da cuenta de que Peter tiene algo que hacer. Una mujer de mediana edad se acerca a Adalynn con la información y pregunta con curiosidad. —Hola, parece que no la conozco. ¿Es usted el asistente recién contratada del Sr. Presidente?. —¡Sí! Me llamo Adalynn. Me acaban de transferir— responde Adalynn con una sonrisa. —Con razón no la había visto— La mirada de la mujer de mediana edad la atravesó, y le sorprendió que hubiera una asistente junto al Sr. Presidente. Cómo no la vió como una mujer muy hermosa, no se sorprendió. Tras cinco años de sucesión, el Sr. Presidente rara vez está rodeado de mujeres jóvenes y hermosas. Su trabajo favorito es contratar hombres capaces, por lo que es sorprendente que Adalynn exista. Durante las conversaciones, Adalynn vio a mucha gente en el palacio presidencial prestando atención a la reunión, de pie en el pasillo en grupos de tres o cinco, hablando del tema. Adalynn se convirtió en la persona que los miraba ocasionalmente después de la conversación. Se sintió avergonzada varias veces, pero mantuvo la calma superficialmente. Levantó las muñecas, inconscientemente, durante una hora, manteniéndose de pie. Cuando le dió sed, una asistente se acercó con una botella de agua. —Gracias— Adalynn agradeció su cariño. —De nada—Dicho esto, la asistente fue a entregarle el agua. A Adalynn le dolían un poco los pies, pero como asistente, estar de pie durante mucho tiempo es una de las exigencias del trabajo. Aparte de la sala de reuniones, no había ninguna silla donde sentarse. Adalynn ajustó su postura para apoyar la espalda contra la pared y aliviar la presión. Así transcurrió media hora, y Matthew permaneció allí casi hora y media. La figura de Peter apareció desde la esquina del pasillo. Se acercó a Adalynn y le preguntó en voz baja.  —¿Aún no ha terminado la reunión?. Adalynn negó con la cabeza. —¡Todavía no!. En una reunión así, salvo para el final de la conversación, no se permitía la entrada de generales ajenos a la reunión ni interrumpir a su antojo. Tanto Peter como Adalynn compartían el temor de que el presidente, que trabajaba herido, no pudiera apoyarlos. Tras más de diez minutos de preocupación, tanto Peter como Adalynn se abrieron las puertas de la sala de conferencias, y solo dos generales de unos cincuenta años salieron con Matthew, charlando y riendo. Aunque Matthew era joven, poseía una majestuosidad que hacía que los dos generales lo miraran con respeto. Adalynn se acercó rápidamente a Matthew y lo miró con ansiedad. Los dos generales a su lado rieron. —Señor Presidente, me alegra que apruebe y apoye nuestro plan, y no le defraudaremos. —Vale, es difícil. No me despediré hasta la puerta. —No, no... Adalynn estaba de pie junto a Matthew, y de repente, una voz suave y cariñosa sonó. —¿Cuánto tiempo has esperado?. Adalynn aún no había respondido. Un brazo fuerte la sujetaba por el hombro y un hombre, a su altura, le apretaba el rostro contra su pecho, en una postura extremadamente íntima. El corazón de Adalynn latía con fuerza y un fuerte olor a sangre le llegaba a la nariz. Con la vista borrosa, vio un reflejo rojo en la camisa blanca de él. De repente, Adalynn se dio cuenta. Su herida sangraba de nuevo, y él usaba su cuerpo para cubrirse el pecho enrojecido. Aunque Adalynn sentía que sus ojos la rodeaban, lo cual la avergonzaba, tuvo que acompañarlo en la obra, pues al apartar la cara de su pecho, todos podían ver el tinte rojo en su camisa blanca. La mano de Adalynn rodeaba su cintura con torpeza. Matthew la apartó del grupo, ignorando todas las miradas que lo rodeaban, y la condujo a la puerta principal del palacio presidencial. Peter también estaba asustado hasta la muerte, pues desconocía que la herida de Matthew estaba agrietada. En ese momento, solo Adalynn lo sabía. Así que él vió como el Sr. presidente la abrazó con cariño y caminó hacia la puerta ante la mirada atónita de todos. Peter abrió la puerta rápidamente. Adalynn se sentó primero, y Matthew también. Peter abrió la puerta del copiloto. Al mirar atrás, comprendió de repente que el presidente se había llevado a Adalynn para tapar la sangre que tenía en el pecho. —¡Vuelva pronto!— Peter llamó al conductor y le dijo a Matthew — ¿Cómo está, señor?. —¡Estoy bien! ¡Vuelva!— Matthew tenía un poco de sudor frío, pero rechinó los dientes y lo aguantó. Adalynn lo miró con ansiedad, pero angustiada. De camino, Peter marcó el número de Óscar y le pidió que fuera a su residencia de inmediato, esperando a que vendaran a Matthew. Tras media hora de viaje, cuando el coche se detuvo, Óscar llegó primero. Lo recibió, abrió la puerta y extendió la mano para ayudar a Matthew a bajar. —Sube. Voy a revisarlo. Adalynn, ven a ayudarlo a subir— Adalynn camino hacía donde se bajó Óscar, Adalynn llegó rápidamente, tomó el brazo de Matthew y lo ayudó a subir. Al llegar a su habitación, Óscar lo recostó en el sofá, extendió la mano y le desabrochó la camisa para revelar la posición de su herida. Tomó la caja de medicinas y las tijeras, y comenzó a detener la hemorragia. Matthew estaba tranquilo. Óscar le cortó la herida. Al levantar la vista, vio a Adalynn de pie a su lado. Bajó la vista y le pidió.  —Perdóname por arriesgarte. Adalynn negó con la cabeza. —Está bien. No me importó. Matthew siseó, y su cara estaba bañada en sudor frío. Óscar frunció el ceño y dijo. —Tu herida está supurando. Tengo que ocuparme de ella. Por favor, aguanta— Luego le dijo a Adalynn, que estaba detrás de él —Búscale una toalla y que la muerda. Adalynn, sorprendida de inmediato, miró a su alrededor, corrió al baño, sacó una toalla que usaba y se agachó frente a Matthew. —¡Muérdela!. Matthew apretó los dientes y negó con la cabeza. —No hace falta. —¡Más te vale que la muerdas! Dolerá más de lo que crees— le recordó Óscar. —No, tú ocúpate de tus asuntos— Matthew se negó. Pero Óscar seguía pidiéndole que lo hiciera. Al ver a Adalynn, pensó.  —Adalynn, tómale la mano e intenta distraerlo. Adalynn perdió la cabeza por unos segundos. ¿Cómo iba a distraerlo? Preguntó directamente. —¿Qué hago?. Óscar miró a Matthew. —¿Qué quieres que haga?. Matthew miró a Adalynn. —Puedes tomarme la mano. Adalynn se apresuró a sujetar su enorme palma. Para sujetarla firmemente, juntó con valentía sus dedos. Cuando Matthew se quedó un poco aturdido, Óscar revolvió su herida, la abrió, la cortó y la trató limpiamente en segundos. La reacción de Matthew fue apretar los dientes y el sudor frío en su cabeza se intensificó. En ese momento, su mano sujetó con fuerza la de Adalynn, quien respiró hondo, lo cual fue realmente doloroso. Apretó los dientes y aguantó. Su dolor no era nada comparado con el de este hombre.
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