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Odiaba las historias que comenzaban con un evento a futuro, odiaba quedarse pensando por hojas y hojas cuales eran los sucesos futuros que llegarían al protagonista a la situación que había sido plantada al principio.
Sabía muy bien que era una estrategia de marketing, para que más gente estuviera atenta a la lectura, con la necesidad de sacarse esa duda de encima.
También sabía que ella misma había caído en eso al empezar el libro contando una situación de la cual, muchas personas no entenderían nada.
Por eso Gin, o Ginny para sus amigas, estaba comenzando su historia con aquel momento.
Sus manos transpiraban, suponía que en parte por culpa de lo ajustado que era su vestido y en parte porque sus padres la habían obligado a asistir a ese evento tan importante para ellos.
Había cualquier cantidad de gente, reporteros, empresarios, políticos de cualquier rubro.
Toda la gente del pueblo estaba ahí, y ella, junto a sus padres, era la figura que acaparaba con toda la atención.
Todos los ojos estaban sobre esas tres personas que se mantenían parados sobre el escenario que la gente del pueblo había preparado para el cierre de campaña del gran Jayden Brown.
Para ella, él solo era su padre.
Con veinte años, no se suponía que su padre la seguiría usando para sus bobas campañas, sin embargo, ahí estaba ella, con ese ajustado vestido de color verde, que hacia resaltar su piel y sonriendo a las cámaras con fotos que después no la dejarían dormir.
Gin no sabría en que momento la gente comenzó a alterarse entre el público, haciendo que los gritos inundaran el lugar.
Gin frunció el ceño, era un cierre de campaña totalmente pacifico, ¿Por qué estaban todas esas personas generando semejante alboroto?
Un grito se escuchó a lo lejos cuando se pudo ver un arma entre todo el movimiento, sus padres se quedaron estáticos, los guardaespaldas se movieron rápidamente.
Pero aquellos ojos, Gin los conocía.
Y en ese momento, su pecho comenzó a doler.
(…)
-Ginny cariño, estoy hablándote hace media hora.
La castaña sacudió su cabeza, cuando la voz de Janet el saco de sus pensamientos.
Estaban en la universidad, caminando por los largos caminos de una de las mejores universidades de Derecho de Inglaterra mientras que esperaban a entrar a su próxima clase.
Como si su falda perfectamente planchada y la laptop que descansaba contra su pecho no fueran suficientes para saberlo, Ginny era una mujer de alta clase.
Quizás esa era una de las razones por las cuales siempre estaba rodeada de gente como si su perfume tuviera algún tipo de encantamiento.
Suponía que las reglas de la preparatoria aún seguían vigentes en la universidad, donde ella pensaba que a nadie le iba a importar su vida.
Gran error.
Al momento en el que su apellido sonó en el salón de clases, ya tenía todo un sequito dispuesto a formar parte de su círculo social.
Y eso incluía a las tres chicas que ahora la estaban acompañando a sacar fotocopias de la guía que el profesor de ética había dejado.
-Lo siento linda, ¿podrías repetirlo?
-Olvídalo, no tiene caso. - a Gin no se le paso por alto como la morena rodaba los ojos. - ¿Cuánto sacaste en tu tarea?
-A.- se encogió de hombros, como si no fuera la gran cosa. - ¿Cómo te fue a ti?
-Albidamente se sacó una C, ¿acaso todavía no conoces a Janet? - la pelirroja Nicky tomo el turno de hablar.
- ¿Cuánto sacaste tú?
-B+. – su sonrisa solo podía significar burla, le agradaba estar por encima de Janet.
Antes de que la mirada de la morena cambiara, Gin carraspeo.
-Oh por favor, es tan del siglo pasado pelearse por quien saco más nota. - rio. - Oigan escuchen, ustedes vayan a buscar una mesa para almorzar, yo iré a hacer las copias para todas.
Las tres chicas sonrieron y se despidieron con la mano de la castaña.
Gin suspiro una vez que se quedó sola y salió de camino a la fotocopiadora.
-Nora, buenas tardes. - fue lo primero que salió de sus labios una vez que estaba frente a la vieja máquina.
La mujer de cabellos ya casi totalmente blancos, que se encontraba leyendo una vieja revista de chismes, le dio una sonrisa a la chica.
-Ginny, pequeña. Es bueno verte. - la joven tomo uno de los caramelos del escritorio de Nora, mientras que habilidosamente ponía la hoja para crear las copias.
-También es bueno verte. - respondió. - ¿Qué pasa con los profesores que están llenándonos de trabajos y tareas? Ni siquiera es cierre de notas. - se quejó.
-Oh, créeme. Si tengo que volver a ver al profesor de derecho venir aquí a buscar el mismo libro que retira hace veinte años, gritare. - se rio.
- ¿Por qué simplemente no se compra una copia?
-Es lo que me pregunto todas las veces que pasa esa puerta… -negó con la cabeza. - De todos modos, no te esfuerces mucho. ¿Si?
-No lo hare. - sonrió. - Ya debería irme, la hora del almuerzo está por terminar…- alargo.
- ¿Enserio? Han llegado un par de novedades para ti. - señalo el pasillo que más alejado de la puerta estaba.
La mirada de Nora trataba de convencerla de que quedarse un rato más encerrada dentro de ese lugar era la opción correcta.
Y Gin sabía que eso era cierto.
No tenía mucha hambre, y mucho menos ganas de sociabilizar.
Le sonrió algo cómplice a Nora y dejo su bolsa sobre el escritorio, junto a las copias de la tarea.
No le haría daño a nadie echarles una mirada a aquellas obras de arte.
Dentro de la biblioteca, en una parte con algo de polvo, estaban los libros que nada tenían que ver con normas, derechos y leyes.
No.
Los libros favoritos de Gin hablaban sobre viajes en el tiempo, futuros desconocidos e infinidades de apocalipsis siniestros.
Los libros de ciencia ficción estaban frente a ella, esperando por ser leídos.
Sentía cosquillas en la punta de sus dedos, aquella comezón que sentía cada vez que se encontraba frente a esa enorme estantería.
Gin hubiese querido contar una historia de amor que empezaba con sus manos compartiendo un leve tacto al querer tomar el mismo libro.
Esas cosas solo pasaban en cuentos de hadas que leía cuando era una adolescente.
Lo cierto es que estaba acompañada del silencio de una biblioteca casi a oscuras, solo ella con esos viejos libros llenos que contaban historias que nunca sucederían, aunque Gin esperaba que si lo hicieran.
Conocía por lo menos treinta formas diferentes de acabar con invasiones alienígenas, o con algún virus maligno que convirtiera a la gente en zombis.
Ella estaba lista para cualquiera de esas cosas, pero la realidad era que debía apurarse a llevar los mejores libros sobre leyes urbanas para realizar su tarea.
Salió de la zona de libros de ciencia ficción algo derrotada, y a pasos que retumbaban en la vieja madera, llego hasta la zona principal, libros que si servirían para enfrentar al profesor con sus conocimientos.
El último libro de leyes urbanas estaba frente a sus ojos, solo debía estirar su mano para agarrarlo.
Pero en un pestañeo, el libro había desaparecido.
Ya no estaba en la estantería, ya no estaba ahí donde lo había visto hace un instante.
Frunció el ceño y giro su cabeza hasta la persona que había a su lado.
- ¿Que demo…? - el insulto quedo en la punta de su lengua en cuanto sus ojos se conectaron con aquellos túneles oscuros que la esperaban expectantes.
-Supongo que tendrán que hacer más copias de este libro para la próxima vez- alzo la ceja, en algo que Gin no entendía si es que intentaba sonar divertido o solo estaba siendo engreído.
Aun así, no supo cómo reaccionar y en su rostro solo se formó una incómoda sonrisa, no estaba para reírse si lo que acababa de pasar era que su libro había sido robado.
-¿Tambien tomas esa clase?- le preguntò saliendo de su trance.
-Asi es.- asintió todavia algo apenado.-Solamente tengo este fin de semana para adelantar todas mis tareas, si me dejas llevarlo, juro que te lo traere lo antes posible.- casi rogó.
Gin no tenía tres años, no se iba a poner a pelear por un estupido libro y a juzgar por la cara que el pelinegro estaba poniendo, no mentia cuando decia que no tenia mucho tiempo para realizar la tarea.
Asi que simplemente suspiró y luego asintió con la cabeza.
-No hay problema, de todas formas tu fuiste quein lo agarro primero.- se encogió de hombros.- Solo prometeme que lo traeras antes de la proxima clase.
El joven frente a ella sonrió con completa naturalidad.
Es decir, podia ver genuinamente la felicidad y el alivio en toda su expresión, Gin nunca habia visto a alguien sonreir de esa manera, estar tan agradecido con una simple acción.
-Lo prometo.- terminó de decir.
Una pequeña sonrisa tambien llego a Gin, aunque seguramente se habia visto como una tonta mueca.
-Entonces... Suerte con el libro.- apuntó.
Sin escuchar el saludo de vuelta, Gin se diò vuelta y camino nuevamente hasta la salida de la biblioteca.
El muchacho ladeó su cabeza, observandola irse aun con una sonrisa en el rostro.
La universidad iba a ser mucho mas interesante de lo que él creia.
Gin por su parte, tomó nuevamente las copias que habia dejado sobre el escritorio, todavia un poco apenada por no haber podido conseguir el libro.
Antes de finalmente abandonar el lugar, miró por encima de su hombro.
Él aun seguia mirandola...