Ir al supermercado era una de las cosas que Kate más disfrutaba, Joshua pensaba que el niño había nacido con cuarenta años en ese sentido.
Siempre le fascinaba la idea de estar sentado en el carrito, siendo empujado por su hermano mayor y observando todos esos diferentes colores en las góndolas.
Ni siquiera cuando lo llevaba al parque era tan feliz.
Joshua simplemente tenía que aceptar que su hermano era algo raro para algunas cosas.
Aunque parte de él también disfrutaba de la compañía de su hermano para estos pequeños momentos que compartían, Kate era una máquina de hablar y a él le gustaba escucharlo.
-Nos falta cereales. - señaló el menor cuando llegaron a su lugar favorito.
Joshua lo fulminó con la mirada, la parte mala de traer a Kate al supermercado es que el niño quería cualquier cosa con colores que se le cruzara.
Y ni siquiera le gustaban la mayoría de las cosas, por eso era que Joshua se tenía que poner en el lugar de adulto y negarle algunas de esas porquerías.
Pero Kate se enojaba bastante fácil…
-No Kate, no comprare cereal. Puedes desayunar frutas. - sugirió, intentando correr el carro hacia la otra góndola.
Pero Kate uso una mirada letal contra su hermano mayor.
Joshua rodó los ojos.
-No podemos hacer esto cada vez que me acompañas a hacer las compras. - le dijo.
-Quiero cereal. - repitió, intentando lucir intimidante con su ceño fruncido.
Joshua se rindió y suspiro.
-Bien, pero solo una caja. - levantó su dedo.
Kate balanceo las piernas de un lado al otro, feliz de haber ganado nuevamente la batalla.
No se acostumbraba a perder cuando se trataba de Joshua, siempre terminaba cumpliendo todos sus caprichos por más tontos que sean.
Miró la enorme variedad de cajas, asombrado por todos esos colores y personajes animados.
Se sentía en el paraíso.
-Estas dos. - señalo con sus manitos, para luego sonreír inocentemente hacia Joshua, quien negó rápidamente con la cabeza.
-No llenare la alacena de casa con puro azúcar, Kate. - se negó, pero el bebé no se iba a rendir tan fácilmente.
Sabía que tenía más posibilidades de ganar que de perder, y por sobre todas las cosas, se llevaría esas dos cajas a su casa cueste lo que cueste.
Siguió observando a Joshua, esperando que se rinda.
Hasta incluso sacó la mirada de perrito triste, que era su arma más mortal y que siempre funciona en estos casos.
-Necesito las dos cajas para poder mezclarlas al comerlas. - dijo.
Joshua arqueó una ceja.
- ¿Por qué no compras una caja de cereales mezclados entonces?
- ¡Porque a mí me gustan solo estos dos tipos! - se quejó, haciendo un berrinche. - Joshua…- alargó.
El recién nombrado solo volvió a rodar los ojos y sostuvo las dos cajas entre sus manos.
-Llevare estas dos, si me prometes que comeremos toda la semana lo que yo quiera. - señalo.
- ¿Y qué quieres comer? - preguntó con un poco de miedo.
-Se me antojan vegetales, muchos vegetales. - sonrió inocentemente de la misma forma que él había usado antes.
Kate se quejó en el lugar.
-No quiero comer vegetales.
-Entonces, no habrá cereales para ti. - se encogió de hombros, volviendo las cajas a la góndola.
- ¡Bien, tu gana! Comeré tus tontos vegetales. - arrugó su nariz. - Pero no comeré brócoli.
-Eso lo diré yo. - terminó de decir poniendo las cajas en el carrito.
Joshua se sentía victorioso por primera vez, había logrado hacer un trato decente con Kate, ahora solo tenía que conseguir los vegetales para su semana.
Caminó tarareando la canción que Kate le había enseñado, esta semana había estado cantando la misma canción todos los días desde que salía del jardín hasta que se acostaba.
Había perforado su cerebro.
Ir al mercado con Kate significaba cruzarse a las ancianas del pueblo y que todas quieran acariciar a Kate y regalarle dulces para que comiera.
Y por supuesto hoy no era la excepción.
Las ancianas lo veían y caían ante los encantos de su hermanito, que sabía muy bien con quien tratar para conseguir azúcar gratis.
Era toda una mente maestra, tanto que le daba miedo a Joshua.
¿De dónde había aprendido todo eso? Por supuesto que no de él.
-Ten cariño, guárdalo para comerlo después del almuerzo ¿Si? - cuestiono una señora mientras que le daba un pequeño chocolate.
- ¡Lo hare! Comeré toda mi comida para crecer fuerte. - dijo en un falso tono inocente que solo hizo reír a Joshua.
El hermano mayor mordió sus labios mientras negaba con la cabeza.
- ¿Qué es tan gracioso, Shua? - sintió esa famosa a su espalda.
Ya ni siquiera le sorprendía encontrarse a Gin en lugares donde no tendrían que encontrarse, pero el solo hecho de observarla le recordó la charla con Mattew.
Su amigo había descubierto su ¨relación¨ con una Brown, y esperaba cualquier tipo de reacción de su parte, menos que le diga para meterse a su fiesta.
Las intenciones de Mattew eran buenas, él solamente estaba buscando pruebas para hundir a los Brown, y lo sabía perfectamente porque él también lo hacía.
Si había algo en el mundo que lo haría feliz, sería la oportunidad de ver a los Brown sufrir como lo hicieron sus padres años atrás.
Si algo transformaría su vida, seria esa sensación de venganza y paz que solo obtendría cuando los Brown estén tras las rejas.
Pero… ¿Meterse a su casa a robar información? No estaba tan seguro de eso.
Era su parte consiente que le decía que no debía hacer eso, que cosas malas podían pasar y que sería mejor seguir siendo invisible en la universidad y para Gin.
Todo era más tranquilo cuando ni siquiera había cruzado palabras con la hija de los Brown.
Todo era más tranquilo cuando no sabía su nombre, su apellido o como sufría con esas malas amigas que tenía.
Todo era más tranquilo cuando esa chica no lo miraba con brillos en sus ojos y una cálida sonrisa, esperando algo de él que claramente no podía darle.
Esperando más de lo que Joshua era capaz de dar por una Brown.
- ¿Otra vez ella? - Kate dejo de engañar a las abuelitas para fulminar con la mirada a la pobre Gin.
Gin rodó los ojos y retomó su sonrisa para Joshua.
- ¿Sacaste al mocoso? - cuestionó.
- ¡Puedo escuchar eso! - gritó.
Gin acomodó su cabello, apoyando sus brazos en su propio carrito.
Joshua dirigió la mirada por encima a lo que llevaba: alcohol.
Cierto, la fiesta.
-Espero que hayas traído tu identificación para llevarte todo ese alcohol. - habló Joshua.
-Parezco lo suficiente madura como para que piensen que soy menor de edad. - se defendió.
-No es cierto, no pareces. - negó.
Gin lo miró mal y se encogió de hombros.
-Pues tú me vendiste alcohol tranquilamente las dos veces que fui al bar, sin necesidad de ver mi identificación. - contrataco.
Joshua soltó aire y acomodó a Kate en el asiento del carrito.
-Tu gana. -susurró. -No fue un placer verte, adiós. - intentó dirigirse para el otro lado, pero Gin fue más rápido o pegó sus carritos.
-Oye, ¿Por qué tan apurado? ¿El mocoso tiene que dormir la siesta? - se burló ahora del niño que abrazaba un peluche.
-No duermo siestas, no soy un bebe. - se defendió. - Villana. - agregó.
Gin buscó que Joshua la defendiera del niño, pero este solamente alzo las manos.
-A mí no me metas. No quiero escucharlos más pelear.
-Ella/Él empezó. - dijeron al mismo tiempo, mientras que se señalaban con el dedo el uno al otro.
Joshua podía aguantar un niño, pero no podía soportar a dos.
-Niños. - suspiró y volvió a empujar el carrito.
-Espera. - Gin tomó el brazo de Joshua, deteniendo su paso. - Dime… ¿iras a la fiesta?
Movió su pierna nerviosamente, por primera vez estaba tratando de hacer un amigo de verdad, no quería fallar y simplemente arruinarlo todo por culpa de ser hija de los Brown.
Seguiría a Joshua todas las veces que fuera posible hasta finalmente volver a su antigua relación.
Es decir, ella no lo estaba siguiendo literalmente, pero… Agá, ustedes entienden.
-Gin, no voy a ir a tu tonta fiesta. ¿Por qué lo haría?
- ¡Porque te estoy invitando! - respondió.
- ¿Puedo ir yo a la fiesta? - cuestionó Kate escuchando toda la conversación.
-No aceptamos niñitos. - respondió.
-Perfecto, no puedo dejar a Kate solo. - se encogió de hombros, creando la perfecta excusa.
Gin bufó.
-Contratare una niñera para él. - señalo con un poco de odio, antes de sacarse la lengua mutuamente.
-Enserio… ¿Cuántos años tienes? - susurró para él mismo. - No puedo simplemente dejar a Kate con cualquier persona que a ti se te ocurra. No todo lo solucionas con dinero, Gin.
Gin rodó los ojos.
-No lo dejaras con un cualquiera, lo dejaras con mi Nana, la mujer que me cuido desde pequeña. - sonrió, tratando de convencerlo. -Vamos, será divertido…
Joshua la observó por unos segundos, ella realmente estaba emocionada por esa fiesta o por la idea de invitarlo a él.
No sabía la respuesta a su entusiasmo, pero parte de su corazón quería cumplirle el capricho, justo como hacía con Kate.
¿Sera que estaba volviendo a verla de alguna forma indefensa y tenía ese estúpido instinto de querer protegerla de cualquier daño?
No lo sabía.
No estaba seguro de querer saber la respuesta a eso tampoco.
-Lo pensare. - Gin dio un saltito en el lugar. - No es un sí, es un lo pensare. - lo repitió esta vez más lento. - Y no puedo ir solo, déjame ir con un amigo. - una bola de culpa se acumuló en su estómago.
-Wow, ¿tienes amigos? - ladeo la cabeza.
-Creo que no tengo nada que pensar…- canturreo.
-Tarde, ya es tarde. - dijo feliz. - ya dijiste que sí, ya es una promesa.
-Gin, no te ilusiones. No dije que sí. - intentó decir, pero ella no escuchaba.
-Nos vemos en la fiesta Shua, espero que vengas vestido como todo un galán. Conquistaras a todos en cuanto te vean.
Gin hasta palmeo la cabeza de Kate antes de irse, como si se tratara de un perrito.
Joshua negó con la cabeza y recordó que eran las otras cosas que tenía Gin en su carrito: las dos cajas exactamente iguales de cereales que Kate había seleccionado.
Realmente ella era una niña.
La culpa y los nervios crecían en su interior, definitivamente debía hablar con Mattew.
(…)