Era otra semana de universidad, otra semana donde Gin entrenaba con las porristas.
El último partido había salido todo bien, la rutina había sido festejada por todos los presentes y las porristas se habían destacado por, sobre todo.
Por lo que hoy las miradas de odio no estaban tan presentes.
- ¡Gin, preciosa! Al fin llegas. - Kim fue quien primero se le acercó. - ¿Quieres que te ayude con tu bolso? - sin esperar respuesta, se lo quito del hombro y lo dejo en alguna parte del gimnasio.
Gin la observo media extrañada pero simplemente se encogió de hombros.
Aunque sea hoy la habían saludado.
-Bien, tengo aquí la nueva rutina. - señalo el papel que estaba en su mano. - Nos concentraremos más en reforzar nuestros trucos clásicos, pero también agregaremos más volteretas en la parte media. - informó. - ¿Están de acuerdo?
Todas asintieron, escuchándola atentamente.
- ¿Deberíamos usar los trajes secundarios para este partido? - cuestionó una de las chicas.
Gin lo pensó un momento y terminó asintiendo.
-Bien, iremos con esos. Pónganse a calentar. - ordenó y acomodó su pelo en una coleta para también ponerse a ejercitar.
Ser porrista no era algo tan fácil, y mucho menos el ser líder de ellas. Gin tenia siempre ojos clavándose en ella, esperando la mínima equivocación para poder de una forma pasiva agresiva, recalcárselo.
Su madre ni siquiera había visto la última presentación, simplemente le había dicho que siguiera haciéndolo bien.
Gin agito la cabeza, lo que menos quería ahora era recordar a su madre.
La práctica seguía avanzando, hasta que llegó el momento del truco final.
Tenían que elegir a una persona para hacer el gran cierre.
Todas observaron a Gin, era algo obvio que ella lo haría. Era la líder y la mejor de las porristas.
Pero al parecer, había tres chicas que no pensaban lo mismo.
-Escuchen. - habló Nicky para todas. - Janet ha estado esforzándose mucho para poder hacer este truco, ¿por qué no dejamos que ella lo haga esta vez? - cuestionó.
Todas las miradas se pasaron de Nicky a Gin, esperando la respuesta de la líder.
Gin, por su parte, abrió los ojos sorprendida.
Su madre no iba a estar feliz si no era ella la que brillaba.
Era una semifinal, iban a ir el triple de gente y muchos periódicos iban a ir para capturar a la brillante porrista. ¿Que iban a decir los medios si la veían sosteniendo una pierna en la base de la pirámide?
-Se supone que Gin es la que va en este truco. - le contestó una de las porristas. - Tenemos experiencia manejándola por los aires. Nunca hemos levantado a Janet.
-Sí, pero las piernas de Janet son mucho más largas, estoy segura que tendrá mucho más equilibrio.
-No podemos simplemente cambiar quién va arriba. - suspiró. - Sigamos con Gin.
-Oh vamos, chicas. - Ahora se metió Kim. - Se supone que tenemos que innovar. ¿Qué es lo novedoso en levantar siempre a la misma chica? Además, no creo que Gin tenga problemas en dejar que otra persona brille por una noche. ¿No es cierto Gin? - la presiono.
La nombrada dio un paso hacia atrás, levantando las manos en el aire.
Su mirada se cruzó con la de Janet y ella la observaba con una ceja arriba, esperando para saber qué era lo que iba a ser frente a tantas personas.
No tenía opción, si decía que no iba a quedar como una egoísta que no dejaba que sus amigas se lucieran.
Todos los presentes sabían que ellas tres eran sus amigas personales y que pertenecían a familias socias.
Se lo explicaría a su madre luego, seguramente podía entender su decisión.
-Está bien, dejemos que Janet haga el cierre.
Las tres chicas festejaron.
-Sabía que podíamos contar con nuestra excelente líder, Gin eres la mejor. - dijeron.
Así fue como la practica siguió, con ese cambio en la coreografía y con todas las demás porristas un poco curiosas por la actitud de su líder.
Otra vez había sido manejada por las tres chicas, controlada a su antojo para que haga las cosas que ellas querían.
Gin solamente les sonreía y pensaba en cuanto tiempo iba a tener que seguir fingiendo ser amiga de ellas.
Quizás ella simplemente estaba destinada a no tener amigos y rodearse de gente que la odiaba.
Pero no iba a ocultar que un poco se emocionó al ver a Joshua en las afueras del gimnasio.
Joshua estaba sentado en un banco, fumando tranquilamente un cigarrillo.
Gin acomodo mejor su mochila en la espalda y se acercó hasta él.
-Hola Shua. - lo saludó, sentándose a su lado.
El chico por su parte frunció el ceño e intentó levantarse del lugar.
Con todas las cosas que pasaron en su fin de semana, se había olvidado de la existencia de esa chica que lo había tratado de imbécil por tanto tiempo.
- ¿Qué quieres Brown?
Al parecer llamarla por su apellido era una forma para que él no olvidara quien era la chica frente a él, era una forma de recordarse que no tenía que dejarse engañar por esos tiernos labios o esos dulces ojos.
Había mucho más que eso escondido bajo eso.
-Ten, terminé de usarlo. Supuse que ibas a necesitarlo.
Gin sacó de su mochila un viejo libro que había sacado de la biblioteca esa semana.
Justo era de la materia que compartía, era una buena forma de acercarse.
Joshua lo observó de reojo y trato de ocultar su sorpresa al notar que efectivamente, estaba necesitando ese libro para poder terminar su trabajo de la semana.
-No lo necesito, vete. - mintió.
Gin soltó un suspiro y paró justo frente a la vista de Joshua.
La chica observaba aquel cabello con ondas, que parecía mucho más suave que los días anteriores.
Pero no se iba a detener en cada una de las lindas facciones del muchacho.
- ¿Qué quieres? - cuestionó nuevamente Joshua. - Te dije que no lo necesito. - apartó el libro de su rostro.
Gin sabía que mentía, solo había uno de estos libros.
Por lo que no se rindió, y siguió parada frente a él.
Gin sabía que podía darse vuelta y tirar el libro en cualquier banco, pero ella quería hablar con Joshua.
Había algo en el chico que llamaba su atención, desde el primer momento sabía que había algo especial en él.
Ahora que sabía que la odiaba, no podía simplemente irse.
Quería saber más sobre él…
-Acéptalo, vamos. Sé que realmente lo necesitas.
- ¿Hará que tu ego de súper millonaria aumente si yo acepto uno de tus fabulosos favores? - arqueo una ceja.
Gin sonrió.
-Sí, me haría muy feliz saber que podrás entregar la tarea.
Joshua rio sin gracia y se paró, superándola por una cabeza.
- ¿Soy un chiste para ti? - escupió.
-Dios. - bufó. - Shua, no me importa que tanto odies a mis padres. No soy como ellos. - remarco. - No puedes simplemente juzgarme por mi apellido.
Joshua se cruzó de brazos.
- ¿Por qué no?
-Antes de que supieras incluso de quien soy hija, éramos cercanos. Salimos un par de veces. ¿Es que simplemente me borraras, así como nada?
Joshua miró para otro lado, otra vez estaban discutiendo.
Se preguntaba porque simplemente no podía rendirse, ¿no tenía una Brown mil cosas más integrantes que hacer que simplemente intentar solucionar un problema con un completo desconocido?
Joshua se rio, cosa que sorprendió a la castaña.
-Tu… Realmente no puedes aceptar que hay alguien a quien no le caes bien ¿no? - rio nuevamente.
-Es que yo no te caigo mal, tu no me odias. - lo señalo.
-Ah, ¿y tú sabes más de mí que yo?
Gin bufó nuevamente y estampo el libro contra el pelo de Joshua.
-Creo que estamos lo suficientemente grandes como para dejar de juzgar a la gente por quienes son sus padres.
-Lo haría, si tan solo tú no fueras manejada por ellos desde el día que naciste. - su comentario llegó a molestarle a Gin, quien dio un paso para atrás y frunció el ceño.
-Yo no soy manejada por ellos. - cortó.
Joshua arqueó una ceja y sonrió de lado, ni siquiera las propias palabras que salían de la boca de Gin eran reales.
Había conocido muchos secretos de la familia Brown, Mattew y él les seguían el rastro a muchos movimientos.
Y conocían perfectamente la función de su hija en las campañas políticas y en el día a día.
Gin había venid ola mundo como una herramienta de marketing para sus padres.
Pero Joshua estaba más de seguro que eso Gin lo sabía perfectamente.
-Oh, por favor. - alargó. - Ellos decidieron tu carrera, tu amistad, tu novio, tu forma de pensar. Incluso estoy seguro que la ropa que llevas puesta ellos también la seleccionaron para que seas la niña perfecta. ¿Enserio me dirás que no eres manejada por ellos?
-No lo soy. - seguía repitiendo. - No soy como ellos.
-Eres una más igual a ellos. - contraatacó. - No importa cuántos libros intentes prestarme, seguirás siendo una Brown a mis ojos.
Gin iba a hablar, pero escuchó a alguien caminando a sus espaldas y se volvió a parar firme.
- ¿Gin? ¿Eres tú, bebé? - era la voz de Riley, que la llamaba desde atrás.
Joshua no despegó los ojos de la mirada de Gin, buscando algún índice de lo que decía era mentira, que ese chico que le hablaba atrás era solamente un invento que sus padres habían arreglado para ella, que él se equivocaba y que Gin era un caso aparte a la familia Brown.
Pero ella no hizo nada de eso.
Gin se dio vuelta y corrió a los brazos de su novio, plantando un largo beso sobre sus labios.
Riley la tomó de la cintura y le sonrió al separase.
-Hey bebe, ¿me extrañaste? - A Gin no le importó estar enojada con Riley en ese momento por haberla plantado, ni mucho menos que recién saliera de su práctica.
Quería demostrarle a Joshua que sus padres no la manejaban, que ella estaba junto a Riley porque lo quería y que ella era la única dueña de su vida.
Aunque sea por ese momento, quiso mentirse a sí misma y a Joshua.
Porque ella más que nadie sabía que era la simple marioneta de sus padres.
(...)