CAPÍTULO XXV

1089 Palabras
Luna Harper Sigo trabajando cuando decido que no puedo estar mucho tiempo en cama y que Olivia me ayude a trasladarme a donde yo quiera, así que tomo mi celular y busco en mi bolso la tarjeta del doctor y la marco. —Si, buenas tardes ¿Doctor Lucas? —Si él habla, ¿Con quién tengo el gusto? —Soy su paciente Luna Harper, hace poco fui a verlo con problemas en mi cadera y pierna, ¿lo recuerda? —Claro que sí, Luna ¿Cómo estás? ¿Dime en qué puedo ayudarte? ¿Tienes alguna molestia? —Mi llaga nuevamente se abrió pero ya me la cure por lo cual deje de usar mi ortesis pero tenía una duda ¿no podré usar algo para apoyarme en lo que está el nuevo? —Mmmh, mira podrías usar una férula ortopédica y una muleta o bastón para ayudarte, si gustas mándame tu ubicación y en la tarde voy a tu casa para poderte ayudar ¿te parece la idea? —Me encantaría muchísimas gracias —cortó la llamada y de forma inmediata le mando la dirección de igual forma le mando un depósito a mi hermana Layna para que no estén molestando durante este mes, buscaré la manera que yo pueda alejarme de todo esto e irme lejos. Sigo trabajando en los archivos de la empresa para tener todo listo aunque trabajar en casa no es tan malo así no vería todos los días la cara de Adriano y lo tendría que soportar todo el tiempo, me concentro en el trabajo cuando escuchó unos toques en la puerta y es la nana que viene con el doctor, me enderezo para poderlo recibir. —Buenas tardes doctor adelante —me percato que esa bata no le ayuda mucho ya que cubre unos grandes músculos —¿Cómo quedamos que me dirías? Soy Lucas para ti, ¿Cómo has estado Luna? -sonrío y asiento —Lo siento Lucas, muy bien con un poco dolor pero necesito moverme y sin el aparato se me dificulta mucho —Tranquila mira te traje esta férula que te ayudará a mantener rígida tu rodilla que es donde encontramos el problema y estas muletas en donde mantendrás el equilibrio —observó que son dos muletas canadienses —estas te ayudarán a apoyarte en las muletas y menos en tu pierna izquierda, no queremos que comience a fallar, sabemos que estas descalcificada ¿Me dejas revisar tu herida? —asiento y comienzo a subir mi vestido cuando percató que el doctor sonríe al ver mis piernas y muero de la vergüenza pero aun así el todo un profesional me cura de nuevo y me coloca la férula con una malla nueva para que no roce con mi herida —muy bien, ¿sabes caminar con estas muletas? —niego —no tengas miedo de perder el equilibrio, doy clases gratis —su comentario me hace soltar una risa, me ayuda a ponerme de pie y me indica como meter mi mano para agarrarme de la muleta empiezo a caminar pero no estoy acostumbrada y comienzo a perder equilibrio —¿Conoces la película de Bambi? —el doctor asiente —bueno soy yo -ambos reímos —Si gustas podría ser tambor -reímos juntos, él viene detrás de mí para no caer y golpearme cuando me muevo mal y casi caigo él me abraza por mi espalda y ambos nos reímos cuando entra Adriano furioso por la escena que está viendo. Sus estúpidos celos no vienen al caso y por eso lo pongo en su lugar, no necesito que venga a celarme cuando realmente no somos nada y por supuesto jamás lo seremos así que invito a Lucas a que salgamos al parque, el me ayuda en todo momento y ya estoy agarrando práctica con mi bastón, bajamos al parque y caminamos por un rato cuando nos sentamos en una banca y compra unos helados —Así que eres casada, nunca pese que una mujer tan bella estuviera casada con un ogro —sonrió ante su comentario pero él no es un ogro sino un asesino —Lamentablemente si, cometí el peor error de mi vida casarme con él pero llevamos algunos meses de casados pero nos vamos a divorciar pero es un trámite muy largo así que por imagen de él, seguimos este matrimonio —él asiente —¿Lo amas? —niego de forma automática, nunca podré amarlo —No, nunca lo amé realmente no siento nada por él. Si nos casamos fue por un compromiso entre nuestra familia por el nombre pero yo no siento nada por él —tengo que inventarme una novela sobre mi matrimonio con Adriano realmente no puedo decirle la verdad —quisiera salirme de esa casa pero me es imposible —él suspira y toma mis manos —Cuentas conmigo, se que apenas te conozco pero desde que entraste a mi consultorio me llamaste la atención y quisiera conocerte más a fondo y sobre todo ser tu apoyo en todo lo que tu necesites, además recuerda soy Tambor —ambos reímos, pasamos un agradable momento juntos —Te invito a comer ¿vamos? —¿Seguro? —observó las muletas —no quisiera quemar tu imagen con… —el me interrumpe antes de seguir hablando —Jamás quemarás mi imagen porque uses bastón, muletas o no tengas pierna, eres la chica más guapa del mundo creeme que sentirán envidia al verme a tu lado ¿vamos? —asiento, me ayuda a ponerme de pie y nos dirigimos al auto y me lleva a un restaurante muy bonito. Nos percatamos que ha pasado las horas las cuales me he sentido una mujer feliz, por primera vez me siento libre sin ataduras de nadie, por primera vez después de que paso este accidente, tuve a la mejor compañía, me llevó hasta la entrada del departamento y se despide de mí al verlo partir entró al departamento y me percato que esta Adriano sentado en la sala tomando vaso de licor, sin hablarle comienzo a subir las escaleras —¿Te divertiste? Recuerda que eres mi esposa y debes de dar una imagen ante la sociedad no quiero que mi esposa me sea infiel, ¿escuchaste? —Claro que si escuche señor Adriano, yo firme un contrato donde decía claramente que ninguno de los dos podíamos meternos en la vida del otro así que no se preocupe por su imagen esa será intachable —terminó de subir y entro a mi habitación.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR