Adriano Hume
—¿Qué fue todo eso hijo? —pregunta mi madre, me observa y observa a mi padre —¿También eres el culpable de esto Mateo? —mi madre nos mira y observa a mi padre, ambos no decimos nada —Adriano ¿por qué esa muchacha te odia tanto? No dudo que sea una excelente chica pero se nota que ella no te aprecia para nada y eso me encanta
—¿Qué estás diciendo madre? ¿Te encanta que menos desprecien a tu hijo? —me sorprende el actuar de mi madre
—Si, me encanta. Es la primera chica que no se fija en si eres guapo, tienes buen cuerpo y mucho menos en tu dinero como todas las lagartonas que estaban detrás de ti —sonrío porque sé que tiene razón —Pero quisiera saber ¿Por qué te desprecia tanto?, ¿La has tratado mal, Adriano? —no le puedo decir a mi madre que le he amenazado
—No lo se madre, desde que llegó a casa y firmó los papeles no hemos coincidido en muchas cosas —me quedo viendo como baja Olivia —Nana, ¿Cómo se encuentra Luna?
—La señorita se encuentra trabajando y llamó al doctor para apresurar la entrega de su aparato —asiento con mi cabeza —¿Sirvo la comida?
—No Olivia nosotros nos retiramos —menciona mi madre —agradezco tu apoyo y te encargo que cuides mucho a mi hermosa nuera. Mis padres se levantan y salen del departamento, mi madre ni se despide de mí y mi padre parece niño regañado. Se muy bien que ese desprecio yo me lo gane, me siento en el sillón y suspiró.
—¿Niño le sirvo de comer? —se acerca Olivia y me toma de mis hombros —no se sienta mal solo que usted no ha actuado de buena manera con la señorita Luna, la ha despreciado, la maltrata, le habla feo respecto a su condición y se ha burlado de ella ¿recuerda que dijo usted mismo que tendría que comer parada porque los muebles no se adaptan a su condición? —asiento —ella esta dolida y es natural que lo trate asi
—Nana, siempre he salido con mujeres bellas, con cuerpos exuberantes pero ella…
—¿Ella es diferente? Eso quieres decir mi niño —asiento —no es diferente, solo es especial porque has salido con muchas mujeres bonitas y con excelentes cuerpos y dime… ¿De qué ha servido? Todas se fijan por el dinero y el imperio que tienes en manos pero jamás se han fijado en tus sentimientos —aunque lo odie se que mi nana tiene razón
—Nana solo quise ser bueno el día de hoy pero ve como me está pagando, mis padres no merecían ese trato —mi nana suspira
—¿Cuántos días llevas en conocerla mi niño? ¿Cuántos días de casados llevan? ¿Cuántos días llevas tratándola bien? No te pido que seas su tapete mi niño pero mínimo ayúdala a bajar las escaleras, ayúdala a salir de casa, ayúdala a sentirse a gusto ¿Crees que ella esta a gusto en esta casa? ¿Crees que para ella es fácil estar aquí? Claro que no, la obligaste a casarse contigo. Se muy bien que te casaste por las apariencias para los señores franceses pero lo mínimo que puedes hacer es tratarla con respeto. Yo se que te fijas mucho en tu imagen entonces déjala libre y que sea feliz con alguien que si la quiere mi niño, ya firmaron los franceses entonces terminen con esto, ella también está sufriendo.
—Nana no puedo dejarla libre pero no se como tratar bien a la gente desde hace dos años ese Adriano que tanto le gustaba sonreír se apago y murió. Ya no se como ser amable con ella, lo siento —mi nana me abraza cuando se escucha el timbre de la casa, ella se levanta y va abrir la puerta, veo que es el doctor que atendió a Luna ¿Qué hace ese maldito aquí? Veo que trae unas muletas para Luna.
Mi nana lo hace entrar y lo dirige a su habitación al bajar le hago señas a mi nana para que me diga qué hace aquí
—La niña le habló para checar lo de su aparato, ya la va a revisar y le trajo unas cosas para que ella se apoye y pueda andar libre en casa —estoy pensando en todo lo que dijo mi nana se muy bien que he hecho mal las cosas. Me quedo sentado observando la ventana y el paisaje cuando me percato de risas dentro de la habitación de Luna. Camino a la habitación de Luna y entró encontrándola abrazada de su doctor nuevamente un calor corre por mi columna vertebral
—¿Qué diablos está pasando aquí? —ambos se me quedan viendo
—Buenas tardes, soy su doctor de Luna y le estaba ayudando a caminar con la nueva muleta que le traje en lo que está su ortesis está lista para que se adapte mejor a su cadera y rodilla, lo siento por los ruidos —me percato que ella no ha soltado a su doctor y me da coraje que con el si tenga mucha confianza
—Dígame como usar eso y yo le ayudaré a mi esposa a usarlo pero usted debe de tener un poco de ética y no estar tomando a mujeres casadas de esa manera —el doctor se me queda viendo y se le queda viendo a ella de manera sorpresiva
—Luna, ¿es tu marido? —el doctor le pregunta a Luna la cual guarda silencio y asiente
—Lamentablemente si es mi marido pero esto terminará dentro de un año digamos que estamos en proceso de divorcio, el cual durará un año —al verme voltea los ojos ¿Proceso de divorcio? —¿Y si vamos al parque y muéstrame cómo caminar con esto? Siento que pierdo el equilibrio —él sonríe y asiente. Me quedo a mitad de la habitación como el marido mediocre que soy, observó que ellos pasan por mi lado y salen de la habitación. Salgo de la misma y observó que el la ayuda a bajar las escaleras y salen por la puerta principal.
—Niño, ¿A dónde va Luna con ese doctor? —me pregunta mi nana observando la escena de ambos saliendo
—Le va a enseñar a utilizar esas estúpidas muletas, Luna me negó como su esposo, Nana. Le dijo al estúpido doctor que estábamos en trámites de divorcio, ella me odia —me desplomo en el sillón y mi nana se ríe —no te rías Nana, soy patético.
—Eso se llaman celos mi niño y si tu no la aceptas como tu esposa ¿Porqué ella tiene que aceptarte como su esposo? Déjala que salga con ese doctor así como tú sales con tus muchachas buenonas, solo dile que no lo haga en casa sino un poco más lejos para que nadie los descubra.
Me acerco a la ventana de mi departamento y desde aquí tengo una excelente vista al parque que tenemos enfrente y los observo como ella pierde el equilibrio en ocasiones y él la abraza, la toma por la cintura y ríen a la par, ella no puede ser así con los demás debe de ser así conmigo, yo debo de estar con ella y ayudándole a caminar porque es mi esposa
—¡Nana! —le gritó para que corra a mi lado —ayúdame a conquistar a Luna, ella debe de ser mía —observo que mi nana sonríe y asiente
—Déjamelo en mis manos, mi niño pero desde hoy tendrás que comenzar abrir tu corazón porque quiero ver nuevamente a mi niño feliz como lo eras hace dos años ¿de acuerdo? —asiento
—De acuerdo nana pero hay un secreto que debes de saber pero espera que llegue el momento ¿esta bien?