SIN RECUERDOS

1716 Palabras
Un fuerte sonido despertó a Gea de su profundo sueño, la joven se incorporó de golpe sobre la gran cama en la que se encontraba durmiendo, estaba desorientada, el dolor de cabeza la estaba matando, recorrió la habitación con la mirada, el pánico la invadió al darse cuenta de que había pasado la noche con alguien y no recordaba ni un solo detalle. Asustada, saltó de la cama, buscó rápidamente su ropa mientras se maldecía una y otra vez. No podía creer que había bebido hasta el punto de perder la memoria; eso no era típico de ella. Se vistió en un par de minutos y con los zapatos en la mano abrió la puerta de la habitación, agradeció en su interior no encontrarse con alguna persona en el lugar, no sabría qué decir, ¿tendría que disculparse?, ¿dar alguna explicación de su presencia?, pensó para sí, la realidad era que no se encontraba en condiciones de hacer ninguna de aquellas dos cosas. Dio un sobresalto cuando escucho unos gritos en otra de las habitaciones, parecía una pelea, su corazón latía rápidamente de los nervios, no se quedó a ver que era lo que estaba pasando, salió como de rayo del lugar, ni siquiera espero el elevador, bajo directamente por las escaleras de emergencia. — ¿Escuchaste eso?—preguntó Nick a Vladímir, quien estaba hecho una furia por lo sucedido. Al despertarse con Gea entre los brazos, al igual que a ella, el pánico lo invadió. Sintió el alma, abandonar su cuerpo cuando se encontró el acta de matrimonio en su buró. Sin perder tiempo, fue a la habitación donde se encontraba su amigo y lo despertó a golpes. —¡Es tu culpa!,! Esto es tu culpa!— gritaba mientras zarandeaba el acta frente a las narices de Nick. — Cálmate, hombre, ¿qué mierdas te pasa?—se defendía Nick quitándoselo de encima. — ¡Cometí la estupidez más grande del mundo, por tu culpa imbécil, como mierdas lo permitiste! — seguía encolerizado Vladímir. — ¿Pero qué hice?, cálmate y explícame que no entiendo ni una mierda, demandó su amigo. Vladímir se llevó la mano al puente de la nariz y respiró hondo varias veces, intentaba calmarse; pero simplemente no lo conseguía, no podía creer lo que había pasado, sentía vergüenza, pánico, ira e incertidumbre por las consecuencias de su imprudente acción. — Mira esto— le ordenó a su amigo tendiéndole la hoja que cargaba en su mano, no se atrevía ni siquiera a confesar lo que había hecho. Nick tomó la hoja, temeroso. Al darse cuenta de lo que era, abrió los ojos como platos y soltó una sonora carcajada. ¡Pero qué mierdas, Vladímir!, ¡te casaste! —gritó sorprendido su amigo. —¡No te burles, imbécil!, es tu culpa, ahora ayúdame a solucionarlo —ordenó molesto Vladímir. — No, no, oye, no me culpes, yo te dije claramente que solo era proponerlo, no casarte de verdad. ¿Pero cómo mierdas que te casaste?—preguntó Nick, aun presa de la sorpresa. — Estaba muy borracho, dijo en tono serio y avergonzado Vladímir, era una explicación patética; pero no quería admitir que por un momento quiso mandar todo al carajo y hacer algo extrovertido, así es como el alcohol nos engaña. — ¿Y la chica?— quiso saber Nick. — Está durmiendo —respondió serio Vladímir, no sabía cómo enfrentarse a ella, no sabía qué clase de persona era, ni siquiera recordaba su nombre. — Lo mejor será hablarle a Ian, sugirió Nick. Ian Harris era el abogado personal tanto de Nick y Vladímir, además, de ser también su gran amigo, eran el trío perfecto, Vladímir el gran y poderoso empresario, Nick el de los contactos y poder sobre los bajos mundos y Ian el abogado más perspicaz de entre todos, a eso sumarle que los tres eran extremadamente bien parecidos, arrasaban donde se encontraran. — Hazlo rápido— ordenó Vladímir—. No traigo mi teléfono. —Ve por el --- le dijo Nick. — Estás loco, ella está ahí --- rezongó Vladímir. —¿Le tienes miedo a una mujer, Vlad?— se burlaba su amigo. — No es eso, no me voy a enfrentar a ella sin un sustento legal antes —explicó. — Está bien, tienes razón --- lo tranquilizó su amigo mientras tomaba su teléfono. Una vez que Ian contestó el teléfono, Nick lo puso en modo altavoz. — Hey Niky, ¿por qué despierto tan temprano?—saludó Ian. — ja, ja, muy gracioso; pero no es asunto mío, nuestro Vladi está en problemas. — ¿Vladímir?, ¿qué le pasó?—preguntó preocupado al otro lado de la línea. — Amigo, siéntate que está fuerte la cosa, Vladímir Bertram contrajo matrimonio --- soltó sin más. — ¿Qué? —Deja de bromear, Nicolás, si para esto me llamas... — Es verdad— —interrumpió la voz seria de Vladímir. — Vladímir, ¿estás ahí?, ¿qué pasó?—preguntó sorprendido y confundido Ian. — Anoche bebí de más y en un arranque de locura, animado por los retos de mierda de Nicolás, terminé casado con quién sabe quién — explicó pesadamente Vladímir. — ¡Mierda!— respondió Ian. —Mejora—siguió Nicolás. — Mierda— dijo en tono lúgubre Vladímir, se sentía sumamente vulnerable, podría estar a merced de una loca arribista, sin mencionar la decepción de su familia al enterarse de su estupidez, tenía que solucionar este problema de inmediato. — Bueno, supongo que el matrimonio se consumó— dijo adoptando el tono profesional de un abogado Ian. —Sí— respondió secamente, Vladímir. — Siendo así deberíamos preparar una propuesta económica muy atractiva a la chica y hacerla firmar un acuerdo de confidencialidad, cuando se entere quien eres, querrá sacar ventaja peleando la mitad de todo lo que tienes Vlad, claro suponiendo el peor de los casos, si tienes suerte firmará sin problema al ser un matrimonio no planeado. — No creo tener tanta suerte — dijo Vladímir. — Por ahora mantén a la chica cerca de ti, prepararé los documentos para que los firmen cuanto antes, no la dejes ir hasta que firme —ordenó su amigo. — Está bien — respondió Vladímir antes de colgar. — Bueno, amigo, es hora de enfrentar a tu esposa — dijo de manera divertida Nick mientras le daba unas palmadas de ánimo a Vlad. Este último lo fulminó con la mirada y se sacudió la mano de su amigo como si tuviera lepra. Salió de la habitación de Nick y antes de entrar a la suya tomó aire varias veces. Al abrir la puerta, entró aún un más en pánico; la chica no estaba. — ¡Nicolás!—gritó. — ¿Qué pasó?—respondió asustado su amigo. — No está, se ha ido, —dijo Vladímir, frustrado, llevando ambas manos a la cabeza. — ¡Mierda! Mientras tanto, no muy lejos de ahí, en una de las tantas habitaciones de aquel enorme y lujoso hotel propiedad de los Bertram, se encontraba una desorientada Gea. Llegó rápidamente a la habitación que compartía con su amiga; por suerte, su madre estaba en otra habitación. Con fuertes golpes llamó a la puerta. — ¡Gea!— gritó su amiga Nicole al verla. — Me tenías muy preocupada. ¿Dónde carajos estabas? Tu madre ha venido a buscarte, le dije que andabas por ahí arreglando unos asuntos; pero, por Dios, mujer, estás bien, dime que estás bien, la culpa me consume. — Estoy bien, --- dijo con voz agitada Gea. — Dame algo para el dolor de cabeza que me está matando —suplicó. — Sí, sí, pero dime, ¿qué pasó? — Para ser sincera, no lo sé, supongo que bebí de más; pero no sé por qué ni en qué momento lo hice, no recuerdo nada de lo que pasó —explicó Gea, tratando de encontrarle lógica a lo sucedido. — Ay, amiga— dijo Nicole con pesar—Es mi culpa, sin que te dieras cuenta, te eche una de las pastillas en la bebida. Perdóname --- suplicó mientras le tomaba por las manos. — ¿Pero cómo…? ¿En qué estabas pensando? Estás loca, me pudo haber pasado algo peor — reclamó Gea. — Lo siento, no pensé que las cosas salieran de esta manera --- decía arrepentida. — No recuerdo nada, es frustrante, estuve con alguien... no sé ni siquiera quién era —dijo Gea preocupada mientras se sentaba en la cama de la habitación. A decir verdad, la mente de la joven Gea era la que estaba en blanco; pero este no era el caso del resto de su cuerpo, que aún tenía grabadas las caricias de Vladímir, podía sentir cierto hormigueo que reflejaban la apasionada noche que vivió. — ¿Y si cometí alguna tontería? — No, amiga tranquila, tal vez no pase de una noche loca común —le respondió Nicole para tranquilizarla. — De verdad deseo que así sea —dijo esperanzada Gea. — Voy a bajar con tu madre, tú toma un baño que de verdad te urge. Estás hecha una mierda, amiga, yo te cubro, descansa. — Estoy así gracias a ti —señaló molesta Gea. — Algún día te pagaré, amiga, lo siento —se disculpó de nuevo Nicole. —No lo volverás a hacer, promételo—exige. — Te lo juro —dijo Nicole, poniendo una mano sobre su pecho. — Está bien, ahora ve con mamá, yo las alcanzo en un rato. Nicole asintió para después despedirse de su amiga. Esta última, con todo su pesar, se puso de pie, arregló su ropa y menesteres para tomar un baño. Al entrar a la regadera y sentir el agua resbalar por su cuerpo, un pequeño reel de imágenes atravesó su memoria, eran imágenes de unos labios que le sonreían seductoramente, después esos mismos labios besaban cada parte de su cuerpo, los podía sentir en ese momento, sobresaltada comenzó a respirar agitadamente, ese diminuto recuerdo trajo consigo sensaciones que jamás había experimentado; por lo vivido la noche anterior, ¿quién era?, ¿quién fue el hombre que la hizo sentir de esa manera?, y que de algún modo se había quedado grabado en su cuerpo. Se preguntaba la joven.
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