Vladímir Bertram fijó la mirada de Halcón, esa que relucía cuando tenía un objetivo frente a él, en la joven que contoneaba sus caderas en medio de la pista. Atento seguía cada uno de sus movimientos, esperaba ansioso a que la chica girara, estaba seguro de que en cuanto se diera cuenta de que sobre ella pesaba su mirada, bastaría con regalarle su hermosa sonrisa para tenerla a sus pies, no obstante, las cosas no salieron como el joven heredero Bertram las había previsto.
En el preciso momento en que la hermosa
Gea giró su cuerpo, permitiendo que Vladímir viera su rostro, este quedó
inesperadamente sorprendido por su belleza, olvidándose de engatusarla con su
sonrisa. Se perdió en cada línea de su cara y cuerpo.
Gracias a que Nicole se las ingenió
para colocar una de sus pastillitas en la bebida de su amiga sin que ella se
diera cuenta, Gea se encontraba ya dentro de los efectos de esta, sumida en las
melodías que escuchaba, meneaba su cuerpo al compás de la misma, si antes era
sensible a la música, por la droga en su cuerpo lo era aún más en ese momento,
sentía la música en la piel, en los huesos, en cada parte de sí. Ni
siquiera era consciente que el soltero más codiciado del momento tenía la vista
sobre ella.
Vladímir estaba extasiado
analizando cada parte de la mujer frente a él, recorría la línea bien definida
desde su mandíbula hasta su cuello, sintió un revoloteo al imaginarse mordiendo
seductoramente el cuello de la joven, se le hizo agua la boca cuando su vista
se fijó en los labios de ella, hasta el momento no había logrado ver sus ojos,
ya que ella los mantenía cerrados, disfrutando de la música, jamás había visto
a alguien disfrutar de un baile como ella lo hacía, provocaba en él ganas de
bailar, de disfrutar de la música como ella lo hacía, de seguir sus movimientos
sosteniendo sus caderas, esas que no dejaban de moverse, de pronto sus
pensamientos se tornaron un poco más indecentes, se imaginaba a la chica
moviendo las caderas de la misma forma, pero desnuda sobre él, con su hombría
enterrada en ella.
Se sorprendió deseándola,
ansiándola en su cama, hundiéndose en ella con toda la fuerza de su cuerpo,
haciéndola gritar su nombre y pidiéndole más. — Que nunca piensa dejar de
bailar, dijo para sí mismo. Su cuerpo estaba desesperado por pegarse a ella, el
deseo se levantaba dentro de él, haciendo que sus bóxeres le apretaran un poco
más. Sin pensarlo dos veces y empujado por el deseo, caminó a paso apresurado
al centro de la pista y con un movimiento rápido tomó a la chica por caderas y
la acercó bruscamente hacia él, moviéndose a dúo con ella.
Apoyado sobre el ventanal mientras
observaba a su amigo, Nicolás se atragantó con el trago de whisky que acaba de
llevarse a la boca, sorprendido con la acción de Vladímir, jamás en lo que
llevaba de conocerlo lo había visto acercarse a una mujer, bastaba con una
señal, una mirada, una sonrisa, para que ellas vinieran corriendo y se
postrarán a los pies del joven Bertram, nunca se dignó a acercarse a alguna
como en este momento lo hacía.
Mientras tanto, en la pista, Gea,
llevada por la droga que su amiga le había puesto en la bebida a escondidas,
sin ningún pudor, postró sus manos sobre el cuello de Vladímir, contoneándose
de manera sensual, restregando su cuerpo contra el del joven. Acercó su rostro
al de él, al punto que podían sentir sus respiraciones. Ensimismada en la
música, acariciaba el rostro de Vladímir con la punta de la nariz; él no hacía
nada más que seguir el ritmo de ella y deleitarse con el roce de su cuerpo.
Llegó el momento en que sus labios
quedaron a la par, a nada de sentirse el uno al otro, sin embargo, Vladímir
rompió el contacto abruptamente, sabía que si se atrevía a besarla no podría
parar hasta hacerla suya y aún tenía una apuesta que ganarle a su amigo, el
cual se divertía de lo lindo mirándolo desde el privado.
— Vamos por algo de beber, dijo
Vladímir mientras la tomaba por el brazo para dirigirla hacia la barra. Gea.
Lo siguió dando traspiés hasta la
barra, algo desorientada, ni siquiera era consciente de lo que Vladímir
hablaba.
— Quiero seguir bailando —demandó
ella.
— Podemos seguir bailando en un
lugar más cómodo, después de tomar algo— dijo con coquetería Vladímir.
Gea soltó unas pequeñas carcajadas
con su melodiosa sonrisa y movió su cabeza en señal de negación
— Esa frase ya está trillada, se
mofó.
Vladímir respondió con una
sonrisa, con esa sonrisa ladeada que desarmaría a un batallón entero.
— ¿Quieres que sea original? —preguntó
él coquetamente.
— Quiero un caballero, dijo sin
vacilar Gea.
— Me gusta que me conquisten a la
antigua— agregó la joven.
En ese momento, Vladímir vio la
oportunidad perfecta para cumplir con el reto de su amigo; no imaginó que esto
fuera tan fácil.
— ¿Quieres casarte conmigo? —soltó
sin más, sonriente.
—¿Disculpa? —respondió Gea, algo
aturdida. La realidad era que con los efectos de la droga parecía consciente,
totalmente; pero dentro de su mente su cuerpo se sentía como si estuviera en
otro plano astral; la realidad parecía surreal.
— dijiste que te gustaban las
cosas a la antigua—.
— Claro; pero no tan a la antigua—.
— Entonces ilústrame, demandó
seductoramente él.
— Bueno, empezaríamos por beber
unos tragos, charlar un poco —explicó ella.
— Lo de los tragos está resuelto—
respondió él señalando las bebidas que el bar tender acaba de colocar frente a
ellos.
El segundo punto no le agradaba en
lo más mínimo, la realidad era que Vladímir no cruzaba más de tres palabras con
las chicas que se lleva a la cama, por lo que solo respondió de manera cortante
que estaba ahí por la expo.
— Como todos aquí— dijo Gea—. Creo
que lo de charlar no nos va a funcionar, señaló la joven.
— ¿Y entonces qué sigue? —preguntó
con mirada curiosa Vladímir.
—Bailar —respondió ella.
— Creo que ya bailamos demasiado—
dijo Vladímir.
— Quiero un baile lento con una de
esas melodías en las que puedes abrazar a tu pareja, sentir los latidos de su
corazón y tu cuerpo pegados al suyo —pronunció la joven seductoramente,
acercándose a Vladímir sin apartar la mirada de la suya. Vladímir tragó hondo,
sentía algo encenderse dentro de él.
— Tendremos que esperar para eso
—respondió Vladímir intentando retomar la compostura. La música que sonaba en
ese momento era la más animada que se había escuchado alguna vez.
— Entonces bebamos— gritó animadamente
Gea mientras alzaba su bebida y se la llevaba a la boca sonriente.
— Bebamos, respondió de la misma
manera, Vladímir.
Y así bebieron como si no hubiera
un mañana olvidándose de las presiones y las responsabilidades que llevaban
cada uno sobre sus hombros, reían entre ellos, se divertían como dos jóvenes
normales que solo buscan disfrutar de la vida a través de nuevas experiencias,
sin medir ni detenerse a pensar demasiado.
La música lenta y romántica
comenzó a sonar. Vladímir y Gea se miraron con complicidad y, sin dudarlo, o
tomados de la mano, se dirigieron a la pista. Comenzaron a balancearse,
abrazados de un lado a otro. Dada su condición, no se puede decir que esos
movimientos se acercaran a los de un baile.
Vladímir postró su frente sobre la
de Gea antes de volver a proponerle que se casara con él. —Sí — respondió sin
más la joven —. Soy una mujer de palabra, aseguró sin medir el peso de esa
simple respuesta.
Vladímir, por su parte, sintió
crecer una felicidad inexplicable dentro de él al escuchar su respuesta. Sin
detenerse a pensar, la besó apasionadamente en medio de aquella pista de baile.
El beso fue subiendo de nivel a medida que a Gea le correspondía.
— Salgamos de aquí —exclamó
Vladímir con la respiración agitada por la excitación, moría por tener a Gea
entre sus brazos.
— Oye, oye, oye, te dije que me
gustaban las cosas a la antigua, así que primero el matrimonio y después la
consumación.
A la mierda mi abuelo, a la mierda
el reto de Nicolás, a la mierda todo pensó Vladímir, animado y envalentonado
por el alcohol, tomó a Gea de la mano y casi, casi la arrastró por todo el
lugar hasta encontrar una capilla, tomando en cuenta que en las Vegas
encuentras una en cada esquina, no les fue complicado hacerlo, ni siquiera
tuvieron que salir del hotel donde se encontraba el lugar de la fiesta para
encontrar dónde casarse.
Así, con Elvis Presley dirigiendo
la ceremonia y dos personas salidas de quien sabe dónde como testigos, Vladímir
Bertram, el soltero multimillonario más codiciado del momento, y Gea Omer una
entusiasta y empoderada empresaria, terminaron aquella noche como marido y
mujer.
La vida es extraña, dolorosa; pero
siempre nos sorprende y nos recompensa. Unió de una manera muy poco usual los
caminos de estos dos jóvenes que, sin ser conscientes de lo que hacían, habían
iniciado un turbio camino hacia su felicidad.
Impacientes el uno por el otro, se
dirigieron aprisa hasta el Penthouse donde se hospedaba Vladímir, dejaron un
camino de prendas de vestir desde la entrada de la habitación hasta al pie de
la gran cama, una vez desnudos sobre esta, Vladímir tomó a Gea y la postro
sobre él, haciéndola estremecer de placer al sentir su hombría dentro de ella.
— Baila para mí, preciosa, ordenó
con voz ronca y excitada, Vladímir.
Gea comenzó a moverse sobre él,
comenzó con movimientos lentos, dejándose llevar por el placer que le provocaba
tenerlo dentro de ella. Danzaba con él dentro, de manera sensual y erótica.
Vladímir la tomó por las caderas mientras no dejaba de verla. Parecía una diosa
a sus ojos, montándolo mientras acariciaba su propio cuerpo; era una Gea
desinhibida, disfrutando del placer.
Los movimientos de Gea fueron
tomando ritmo, acelerándose, acompañados por la melodía de los gemidos que
Vladímir y ella emitían.
Vladímir se incorporó para tomar
los pequeños y delicados pechos de Gea con sus labios, succionando, lamiendo y
acariciando como si fueran el mayor tesoro entre sus manos, luego en un
movimiento ágil y sin salir de ella la dejó de espaldas contra el colchón
quedando sobre ella para comenzar a embestirla fuertemente, mientras ella lo
tomaba por las nalgas y lo empujaba más hacia ella, quería sentirlo hasta lo
más profundo de sí, había perdido la cabeza y la cordura, solo eran ella y el
placer en ese momento.
Entre gemidos y respiraciones
agitadas llegaron juntos al orgasmo, sin salir de ella. Vladímir se recostó
sobre su pecho. Gea acariciaba suavemente sus cabellos y así se quedaron
profundamente dormidos, después de compartir sus cuerpos, de unirlos sin saber
ni siquiera el nombre del otro.