Una tarde gris, el timbre del departamento sonó. Madison estaba doblando la ropa, todavía en su bata, cuando Ethan abrió la puerta. Frente a ellos estaba un hombre de traje, sombrero en mano y una carpeta bajo el brazo. Su voz era seria, cortés, pero llevaba ese tono de quienes traen noticias que cambian destinos. —¿Señora Madison Carter? —preguntó el desconocido. Ella asintió con un nudo en la garganta. El hombre se presentó como el abogado personal de Daniel. La sola mención de su nombre fue suficiente para que el aire se volviera pesado en la sala. Ethan se quedó de pie a un lado, inmóvil, como guardián silencioso. El abogado abrió la carpeta, sacó un documento y lo colocó sobre la mesa. —Vengo en representación del ejército y de los deseos que el señor Daniel dejó por escrito. Segú

