Capítulo 10 – Lugar Correcto

2000 Palabras
Luego de saludarlo, invitó a pasar a su papá. Dándose cuenta de que Valentina no estaba sola. —Papá ella es… Fue interrumpida por la morena, quién se acercó a ellos. Levantó su mano hacia León para saludarlo firmemente. —Soy Juliana Valdés, mucho gusto señor Carvajal. Él le correspondió. Valentina la estaba mirando de reojo sin poder ocultar su sonrisa. —El gusto es mío, por favor llámame León. –le respondió. —Vamos a trabajar juntas, es una fotógrafa profesional. Deberías ver su trabajo papá, es sutil, pero a la misma vez apasionante, atrapa. Es que —la rubia suspiró, su papá la miró con una ceja levantada, jamás había visto a su hija hablar de esa manera y menos el notarla tan emocionada, ni cuando Lucho pidió su mano—, simplemente es arte lo que hace, la manera en la que plasma las cosas, los lugares, las personas, las miradas… es increíble. Te hace traspasar a ese lugar y es como si estuvieras ahí. ¿Si me entiendes? –terminó inquiriendo. Él negó con una sonrisa burlona. —Lo que yo entiendo es que jamás te había visto tan feliz, me encanta verte sonreír de esa manera –la rubia se sonrojó, mordiéndose la cara interna de su mejilla. Por unos instantes se había olvidado que Juliana seguía ahí y que también la estaba mirando con una sonrisa burlona–. Tienes algo diferente, no sé… —Cuéntanos. ¿Qué te tiene tan feliz morrita? –quiso saber la morena, cruzando los dedos para que por lo menos ella fuese un motivo de su felicidad. Pero Valentina rodó los ojos, tomando del brazo a su papá e ignorando la pregunta anterior de la morena sin poder ocultar su leve sonrojo, ni ella misma sabía porque estaba así o tal vez… Aclaró su garganta y le sonrió a la morena con una mirada inquisidora. —¿Nos disculpas un momento Juliana? –ella asintió, volviendo a tomar asiento y agarrando la cerveza que tenía minutos antes en su mano, mirando como la rubia se perdía por el pasillo en conjunto con su padre. Sólo suspiró llevando dos dedos a sus labios, recordando que estuvo a punto de besarla antes de que las interrumpieran. "Respira, respira Juliana, calma... calma…", se dijo a sí misma, pero es algo que no podía hacer. Además de que acababa de conocer a su casi suegro. Sus nervios estaban a flor de piel. —¿Entonces no vas a cambiar de opinión? –le preguntó León, entrando a la pequeña oficina de la rubia, la cual la utilizaba más para leer o para escribir que para cualquier otra cosa, no le gustaba llevar trabajo para su casa, si no el estrictamente necesario– Quisiera saber exactamente qué es lo que tienes pensado hacer. –indagó ante su negativa inicial. Valentina suspiró, invitándolo a tomar asiento. —No lo sé en sí papá, bueno, sí tengo una idea rondando en mi cabeza, sabes cuánto amo escribir y cuánto necesito un tiempo para mí –él dio palmadas en sus piernas, la rubia accedió de inmediato. Pasando sus manos por detrás de su cuello y sentándose de lado en sus piernas–. Es una muy buena oportunidad con todo lo que ha pasado. –dejó las razones a su interpretación. —¿Lo dices por Lucho? –la rubia asintió con una sonrisa triste, mintió. Aunque en parte si era cierto, pero no sólo era por su ex prometido del cual no había vuelto a saber nada–. Entonces toma el tiempo que sea necesario pequeña, estaba pensando en que tal vez Andy ocupe tú lugar en la empresa, claro yo estaré al frente, pero ella me parece clave. La rubia abrió sus ojos como platos, esa idea jamás había pasado por su mente. Con tantas cosas en su cabeza. —Es genial papá, ella está capacitada para hacerlo y es de mi total y entera confianza, y si quedas tú al frente no habrá que llamar a una Junta para someter a elección el cargo de Andy. Te aseguro que lo hará como si fuese yo misma. –León rió entre dientes, mientras asentía. No hay nadie mejor para cubrir a Valentina que su asistente y mejor amiga, conoce todo acerca de la empresa, y lo mejor todo, es que es parte de la familia y es muy confiable. —¿Entonces te irás de viaje con la joven que está en la sala? –sabía que debía profundizar en el caso y lo haría delicadamente, antes de que su hija coloque el muro entre ambos. —Sí, tiene que ver con mi libro. De verdad que tienes que ver lo que hace con su cámara es... Su papá la interrumpió con otra sonrisa burlona, dándose cuenta del brillo en sus ojos al hablar. —Lo qué hace con su cámara es arte, ya me lo dejaste muy en claro, y lo que ha hecho contigo como que también... —Si quieres le puedo decir que te muestre algo, así te darás cuenta de que hablo muy en serio, y respecto a mí no entiendo a qué te refieres. –le sugirió la rubia, pero él negó sonriendo. —Será para la próxima, dentro de diez minutos tengo una reunión con los Gutiérrez –volvió a negar cuando Valentina quiso hablar–, no me preguntes por el trabajo, olvídate de eso por un tiempo. Necesito que estés bien. Ahora mismo eso es lo más importante. –le dijo tocando la punta de su nariz con su dedo índice, justo eso hacía cuando era pequeña. La rubia no pudo evitar sentirse conmovida, aguantando las ganas horribles de llorar. Quería contarle al menos a su papá por lo que estaba pasando, pero temía que, al hacerlo, él sintiera lástima por ella, tristeza y/o desespero por la situación, entonces la haría sentir más triste. "A veces es mejor llevar toda la carga sola, por lo menos hasta que sea inevitable para mi cambiar la situación…", pensó la rubia, tratando de colocar su mejor sonrisa. —¿Sabes qué te quiero mucho? –León se sorprendió al escuchar eso, no es que su hija sea muy expresiva. Ella rodó los ojos levantándose– No me mires así. –le reprochó. Él también se levantó, dejando un beso en su frente. –También te quiero cariño, espero que antes de irte al menos me dejes llevarte al aeropuerto. La rubia sólo asintió, saliendo de la oficina, con su padre detrás, volviendo a la sala de estar y levantando una ceja al darse cuenta de que la morena seguía en el mismo lugar, pero con varias botellas de cervezas vacías a su alrededor. —Veo que no pierde el tiempo señorita. –murmuró Valentina, Juliana se rió entre dientes. Pasándole una cerveza, pero ella negó. —¿Usted sueg… –sacudió la cabeza, mordiéndose la lengua por lo que estuvo a punto de decir– ¿Usted quiere una cerveza León? Él también negó, por suerte de la morena. No se había dado cuenta de su metedura de pata. —Prometo que, en otra ocasión, donde no tenga trabajo de por medio esperando por mí. "¡Sí! ¡Ya me gané al suegro!", chilló internamente Juliana, eso es un punto a su favor. —Qué conste que usted lo dijo. –le recordó la morena, despidiéndose de él, y dándole espacio a Valentina para que lo acompañara a la salida, la verdad es que le había caído demasiado genial, aunque se ve muy elegante y más con el traje que traía puesto. Prefirió no cuestionar como viste el padre de la morrita y mucho menos le va a andar preguntando esas cosas. —Perdón por eso, no sabía que vendría. –comentó Valentina llegando a su lado. La morena dejó la cerveza a un lado, dando varios pasos hacia ella por igual. Colocando un mechón de pelo detrás de su oreja. —Descuida, es muy agradable, además de que ahora tenemos una peda pendiente princesa. –bromeó. Valentina suspiró al sentir el aliento a alcohol de la morena. —De hecho, parece que le caíste muy bien. No es de aceptar así por así tomar con alguien –estaba hablándole, pero en realidad no tiene idea de lo que estaba diciendo, porque su mirada estaba fijamente en los labios de la morena, su mente estaba dejando de procesar y más al notar que Juliana se estaba mordiendo los labios–. No hagas eso… –le suplicó la rubia en un hilo de voz, casi quedándose sin aire. Juliana suspiró, acercándose un poco más. Tanto que sus narices se estaban rozando —¿Qué cosa princesa? El pecho de la rubia subía y bajaba sin parar, sin poder controlar sus emociones. Jamás se había sentido de esa manera, estaba sintiendo cosas que jamás pensó que podía sentir y menos con tener a alguien tan cerca y que ese alguien fuese una mujer. —Juliana. –susurró la rubia, tragando seco, aun así, no se apartó, es la primera vez que siente la necesidad de querer besar a alguien. Pasó las yemas de su dedo pulgar por los labios de Juliana, sintiendo su suavidad. "Control saquito de huesos, control", se demandó por milésima vez la morena, aguantando las ganas de besarla, aunque se estaba muriendo por hacerlo, pero, estaba clara, no lo haría, a menos de que la morrita diera el primer paso y al parecer lo estaría por hacer. —Por favor… –le suplicó Juliana, pero es como si la rubia no la estuviera escuchando. Sólo cerró los ojos cuando sintió el roce de sus labios, con el corazón a punto de salir de su pecho. Sólo un roce, uno inocente e inexperto. No se movió, todas sus defensas estaban por el suelo. "¿Dónde quedó esa mujer atrevida?", se cuestionó la morena, ante el hecho de haber quedado paralizada. Mientras que Valentina estaba en una lucha interna, no sabía lo que estaba haciendo. No tenía la más mínima idea, sólo se estaba dejando llevar por sus emociones, estaba a punto de besar a una mujer. ¡A una mujer! de hecho, ya estaba rozando sus labios y no pensaba echarse hacia atrás. La rubia soltó un suspiro involuntario, tomando de la parte trasera del cuello a Juliana. Dejando a un lado sus dudas internas, iniciando un movimiento lento con sus labios. Sin mucha prisa, sólo dejándose llevar por lo que estaba sintiendo en ese preciso momento. Un revuelo dentro de su interior. Valentina volvió a suspirar al sentir las manos firmes de Juliana en su cintura, sin poder evitar pensar que besa demasiado genial, e intensificado el beso. Pegando más a la morena a su cuerpo, ladeando la cabeza para tener una mejor posición. —Lo siento, yo… –comentó la rubia al momento que Juliana tomó entre su boca su labio inferior, dándose cuenta de lo que estaba haciendo. Entrando de nuevo a la realidad, miró los labios hinchados de la morena y luego miró sus ojos cafés, los cuales estaban oscurecidos– Perdón…, no puedo. Antes de que Juliana pudiera decirle algo, salió casi huyendo. Dejándola con la palabra en la boca, entrando a su habitación y cerrando la puerta a su paso. "¡Rayos! ¿Qué acabo de hacer?", se cuestionó Valentina, pegando su frente a la puerta. Tratando de recuperar la respiración y pensando en lo que acababa de hacer. Besó a una mujer, y no a cualquiera. Besó a Juliana, la acababa de besar y le había gustado hacerlo. —Perdóname tú a mí, no debí hacerlo princesa. –escuchó la voz de Juliana tras la puerta y sólo se quedó en silencio. Aún no podía hablar, soltó un suspiro cuando escuchó que la morena se estaba alejando. "Soy una cobarde…", pensó la rubia, echándose en la cama boca abajo, soltando varios gruñidos de frustración...
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR