Justo esa acción hizo que Valentina cayera en cuenta de la realidad al sentir como Juliana se colocó encima de ella. Mientras le besaba el cuello… tomó aire como pudo para poder emitir sonido: —Juls… –la morena guardó su suspiro, ya sentía como Valentina volvía en sí– Juls… No. –le repitió. Juliana se apoyó en sus antebrazos y se separó de ella para quedar mirándola de frente. Su mirada estaba más oscura, al igual que la de Valentina. —No puedo. No así. –le aclaró. —Princesa –le susurró acercándose a su oído–. No haré nada que no quieras, sólo dime que no lo quieres y me voy… –le dijo para luego morderle el lóbulo de la oreja y halarlo sutilmente y continuar con una seguidilla de besos en la zona erógena que ya le había precisado. —Sí quiero Juls… –la morena sonrió en su cuello, gener

