Morrita

1332 Palabras
Valentina estaba muy emocionada con lo que observaba, caminó hacia la exhibición, estaba maravillada, no sabía cuál fotografía era más cautivante y hermosa. —Espero te guste. –dijo con cierto dejo de satisfacción. —Es maravilloso, todo absolutamente todo. ¿Por qué no tienes afuera exhibidas estas obras de arte? –indagó apreciando cada composición, rápidamente, habían muchas y le causaba ansías seguir apreciándolas, hasta que se detuvo en un atardecer. —Esta me encanta –se acercó, quedando cerca de la espalda de la rubia, le habló muy cerca de su oído, causando que su cuerpo se erizará automáticamente–, es en Barcelona, Cataluña. Me dejé envolver por la sensación de paz de aquel lugar. –Valentina estaba conmovida y electrizada, eran sensaciones controversiales, pero así estaba, eso le originó aquella hermosa fotografía y las palabras cuya piel dejaron alterada. —Son obras de arte –apenas podía hablar la rubia, quería llorar de lo maravillada que se sentía–, no me has respondido, ¿por qué no las exhibes afuera? —Mis exhibiciones son en galerías, de México y otras partes del mundo, aquí en mi casa exhibo sólo las que me llenen de algo especial –se acercó a la pared donde estaban composiciones de personas. Se agradeció por no haber continuado con el proyecto de desnudos–. No quiere decir que estás no son especiales, todo lo contrario, aquí están las originales de mis mejores obras, sólo que deseo ver al llegar a casa una que me signifique aquello que llaman amor. —¡Oh!, ¿nunca te has enamorado? –preguntó Valentina muy cautelosamente, no había querido tocar el tema de la vida sentimental de ella, pues la notaba muy reservada en cuanto a ello y no quería cometer ninguna indiscreción. —No, en realidad no, aunque considero que me enamoro fácilmente de todo, del alma de las personas, de los sitios, de las obras naturales o hechas por los hombres, y eso es lo que capto con mi lente –respiró profundamente–, pero sé que falta algo aún, y estoy en su búsqueda –caminó hacia el archivo sacó un álbum especial, y se lo entregó a Valentina–. Cuando lo encuentre te aseguro que habrá una buena composición de cuadros en mi sala y habitación. –sonríe. Valentina queda atenta a sus palabras, al recibir el álbum sigue las indicaciones y se sentó para poder apreciarlas. —Mientras ves estás voy a buscar un cargador para tu celular. Estás en tu casa. –le dice y sale del apartamento. Valentina disfruta de cada fotografía. Su cerveza se termina y siente necesidad de otra por lo acalorado de su cuerpo. Al salir, deja el álbum en la mesa del comedor y va en busca de su cerveza. Cuando Juliana llega al apartamento, pero esta vez acompañada, con la vecina. Valentina destapa su cerveza y se queda atenta a la escena. Juliana muy sonriente y la vecina evidentemente le estaba coqueteando de una manera absurda, de paso de que estaba vestida con ropa de gym muy s****l, para su gusto. —Espera un segundo, voy por la azúcar. –al recibir el recipiente, la mujer acaricia sin reparo la mano de Juliana, generando en Valentina una sensación que jamás había experimentado en esa magnitud. “¿Esa igualada por qué la toca así? Por Dios pero que atrevida esa…” —Valentina, encontré este cargador, ¿te sirve? –le pregunta Juliana sacándola de sus pensamientos. Le entrega el cargador y sigue para buscar la azúcar que había ofrecido a la vecina. La rubia toma el cargador con rabia, y mira a la vecina con una cara nada agradable, estaban alejadas pero lo suficiente para crear un ambiente tenso. “No así me quede sin carga, no voy a permitir que Juliana tenga una excusa para ir a ver a esa rega…” —¿Si morrita? ¿Te sirve? –otra vez le interrumpe sus pensamientos. —No, Juliana recordé que cargo una celda de power bank de reserva, disculpa. –mintió. —No te preocupes. –le guiña el ojo, toma el cargador y se dirige hacia su vecina muy sonriente. La encamina hasta la puerta y pudo notar como la vecina se enganchó a su cuello para despedirse luego con un beso en la mejilla, antes de cerrar la puerta. “¿Era necesario un abrazo de esa magnitud? Ah… ya va Valentina ¿por qué estás así?”, piensa mientras bebe de la botella de cerveza. —Tenías sed morrita. –le indica Juliana mientras camina a la nevera por otro par, Valentina estaba abstraída en sus pensamientos, y no había notado que se había tomado la cerveza tan rápido hasta que la morena la trajo a la realidad entregándole otra botella. —Eh… si salí de tu estudio, me estaba dando sed, y siempre si como que te tardaste con tu vecina. –después de decirlo se arrepintió, “Pero ¿qué dices? Contrólate, Carvajal, que vergüenza…” —Sí, la vecina es muy conversadora, me disculpo si tardé. –expresó, pensando en que la actitud de Valentina, gritaba celos por doquier. “Vamos que locuras piensas… rayos estás derrapada Juliana… venga el control a mi…”, piensa mientras camina al sofá de nuevo. —Olvídalo. –Valentina la sigue, tomando el álbum en sus manos para sentarse al lado de Juliana. —Te han gustado –señaló las fotos. —¡Si! todas me fascinan, quiero adquirir algunas, es evidente que me muero por varias de ellas –dijo, no pudo evitar presumir tener dinero para adquirirlas, bien sabía que esas fotos eran costosas, si venían de exhibiciones nacionales e internacionales–. Claro, mientras se ajuste a mi presupuesto. –disimuló y sonrió apenada. —Bueno, puede ser que hagamos un intercambio de un ejemplar primera edición con una dedicatoria especial para mí. –sonríe y sigue tomando su cerveza. —Es justo ese trueque, pero será de mi libro, el que voy a empezar a escribir. –dijo sinceramente, estaba decidida a seguir con la decisión que le rondaba desde hace unos días y que por impulso decidió materializar al conocer a Juliana, para no presentarse como la CEO de la multinacional de su familia. —Perfecto. –seré tu lectora número uno. Sonrieron, siguieron conversando, Juliana le iba explicando los sitios de donde provenían las fotos que más le impactaba. Le fue grato recordar cada una de sus experiencias y disfrutar de la cara de Valentina, con unas miradas tan tiernas y profundas, definitivamente aquella mujer la estaba volviendo loca, iba directo de una manera irrefrenable hacia un precipicio. Aquello que sentía a su lado no lo quería arruinar, nada peor que hacerla huir de su vida por no medirse, como era su costumbre. No, Valentina le era muy distinta, y hasta que pudiese encontrar un significado a lo que esos ojitos de cielo le querían hacer entender en su vida, sólo hasta ese momento tendría valor de dejarla o de seguir con ella hasta el fin de sus días, como una buena amiga o algo más. Valentina suspiraba, cada fotografía, cada cuadro espectacularmente hermoso, le llenaban el alma. ¿Era posible que se perdiera de tantas maravillas tan hermosas? Era una persona afortunada en poder cumplir los sueños de muchos para viajar por cualquier parte del mundo, o de apreciar de aquellas hermosas maravillas. Justo ahora se daba cuenta que sólo ha disfrutado de la selva de concreto y hierro para producir millones de dólares que quizás no le iban a ayudar a apreciar, ni siquiera un ápice de las maravillas que le rodeaban. El destino predominaba en cada una de sus facetas. Les golpeaba de una manera distinta, a una con regocijo por disfrutar de todo lo que pensó que no podía, y a la otra con pesar por no disfrutar ya, quizás, lo que si podía.
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