Juliana no pudo evitar soltar una carcajada al escuchar la risa escandalosa de su acompañante, la verdad es que la rubia ya estaba un poco ebria. ¿Un poco?, estaba más que ebria. Ya ni recuerda cuantas cervezas se había tomado, pero es que tenía buena compañía. El tema era interesante, jamás se había sentido tan liberada y tan en confianza. Tal vez por eso continuó tomando cerveza con la morena, o quizás porque no tenía nada mejor que hacer, tenía un dilema interno en cuanto a ello, pero no le prestó mayor atención.
—¿En qué te vas a inspirar para escribir tu libro? –le preguntó la morena mirándola de reojo, estaban sentadas en el balcón del depa de Juliana. No tenían idea de qué hora era, sólo estaban disfrutando de una buena conversación. Tocando diferentes temas al alzar, la rubia pensó que no estaba de más salir de la rutina por un día y más si es con alguien tan interesante, sí. Le resulta interesante Juliana, era como un libro abierto. Podía leerla a la perfección, o eso pensaba. Lo que la rubia no sabía es que era todo menos eso, no sabe nada acerca de la morena y no es ningún libro abierto.
—Sobre mi vida, la verdad aún no lo decido. Pero ten por seguro que cuando esté listo, serás la primera en leerlo. –ambas se sonrieron, volviendo a soltar una carcajada de la nada y eso, que estaban tocando temas serios, no habían razones para que estuvieran riendo de esa manera, todo es culpa del alcohol.
—Oh vamos morrita, estoy segura de que ya pensaste en algo. –quiso indagar Juliana, mientras tomaba el último sorbo de su cerveza, yendo directamente a por otra.
La rubia sonrió ante el nuevo apodo, al parecer Juliana no dejará de llamarla así y ya está empezando a agradarle el "morrita"…
—De verdad que no, mejor cuéntame en qué vas a enfocar tu lente ahora. –Valentina se considera la mejor esquivando temas, no conoce del todo a la morena como para andar dándole detalles tan a fondo sobre lo que piensa hacer con su libro.
La morena entendió por completo la indirecta y sólo asintió, sintiéndose un poco decepcionada. —Estoy tratando de descubrir eso, necesito algo nuevo en mi vida. –de inmediato pensó en los ojos de cielo de la rubia, esos ojos llamativos en los cuales se pierde. Sin duda alguna los tendría en su mini-estudio del departamento, donde sólo ella podría admirarlos.
Volvió a sonreír al recordar la foto que le había tomado cuando entró al restaurante, se regocijó ante lo que consideró su mayor obra de arte. Como se ven sus ojos, como sus pestañas están hacia arriba en una misma sincronía. Recuerda la foto con mucha precisión, aunque esté un poco ebria. Aun así, lo hace, y no puede dejar de pensar en que sus labios se veían demasiados llamativos y no sólo en la fotografía.
Quiso comprobar sus sospechas, aprovechando que la rubia estaba tomando de su cerveza. Juliana bajó la mirada a sus labios, notando como la rubia entreabría la boca en cada sorbo. Notando que son más llamativos en vivo y en directo.
“¿Besará cómo toma…?” se preguntó la morena, por cómo estaba tomando parece que lo estaba disfrutando y no pudo evitar morderse los labios al imaginar a la rubia besándola. Pero apartó esos pensamientos de inmediato, ya andaba armando películas en su cabeza… y sabía muy bien que lo tenía prohibido.
—¿A qué te refieres cuándo dices qué necesitas algo nuevo? –le preguntó Valentina, sintiéndose un poco mareada, así que dejó su botella en el suelo, cruzándose de piernas en el sillón donde estaba sentada.
Luego recordó que no puede ser tan sofisticada, aunque sólo es un cruce de piernas. No es nada del otro mundo, pero prefirió no llamar la atención. Volviendo a dejar sus piernas como estaban, dándose cuenta de que la morena la estaba mirando con una ceja levantada y una sonrisa burlona. Sin saber que le estaba pasando a Valentina, estaba un poco inquieta, asumió.
—Me refiero a que necesito captar algo distinto, no sé. Algo increíble morrita, así como tus o… –Juliana suspiró sin terminar de decir esa oración, mordiéndose la lengua. Es una mala costumbre de ella decir lo que piensa, pero no quiere incomodar a la rubia con sus comentarios.
Valentina la miró confundida, sin saber por qué había hecho silencio. — ¿Cómo? ¿Mis qué? –decidió indagar.
La morena volvió a suspirar pesadamente. “¿Qué más da si le dice o no? Es sólo un elogio, seguro que todo el tiempo se lo dicen a la rubia”—Como tus ojos, no está de más decir que son hermosos. –rió entre dientes al ver como Valentina bajaba la cabeza un tanto sonrojada. La acababa de hacer sonrojar, no es tan hetero como pensaba Juliana.
—Yo creo que Usted señorita, está exagerando, pues son como cualquier otro tipo de ojos, muy normales. Nada fuera de lo común. –le dijo Valentina levantando la cabeza de golpe, tuvo que cerrar los ojos cuando sintió más fuerte el mareo, sintiendo que todo le daba vueltas.
Juliana de inmediato se alarmó, levantándose de su asiento para sostener a la rubia. Justamente estaba a punto de caerse, pero pudo evitarlo.
Valentina dejó caer su cabeza en su hombro. —¿Estás bien? –le preguntó la morena, tratando de no preocuparse, pero es imposible no hacerlo– Dime si estás bien morrita –ella suspiró cuando Valentina asintió.
—Creo que ya tomé suficiente. –dijo en un susurro, volviendo a levantar su cabeza. Juliana no se aguantó las ganas de retirarle un mechón de pelo, colocándolo detrás de su oreja. La verdad es que Valentina no se siente para nada bien, todo le da vueltas; siente que la cabeza le va a estallar y sólo quiere estar recostada, sabía que no era sólo por el alcohol.
—Si quieres puedes dormir un poco, tal vez cuando te despiertes te sentirás mejor. Además de que tenemos que esperar a Mateo, la fiesta es hasta el amanecer. –titubeó la morena, y no miente.
Es la primera vez en toda la noche que se acuerda de la fiesta de su mejor amiga y no pudo evitar regañarse mentalmente por haber salido huyendo, pero al menos asistió unos minutos, el caso es que por lo regular el evento es de amanecida y aún faltan unas horas para que termine, lo más sensato es que la rubia descanse un poco, meditó. —Es más, vamos. No puedo dejarte así. –dijo la morena, la ayudó a levantarse muy por encima de sus quejas.
—De verdad que no es necesario. –murmuró Valentina apoyándose en la morena para no caerse mientras caminaban hacia la habitación. Decía que no era necesario, pero no lo pensó dos veces al momento de acostarse en la cama de la morena.
—No aguantas nada morrita. –dijo Juliana para sí misma, quitándole el calzado para que estuviera más cómoda. Miró preocupada a Valentina, es como si se hubiera desmayado.
"Es porque está ebria" pensó Juliana, dentro de unas horas se le pasará. No es como si ella no se hubiese puesto así muchas veces, sin embargo, no puede dejar de preocuparse y tuvo que arrastrar la silla de su escritorio para colocarla frente a su cama. No se levantó de ahí ni para ir al baño, cosa que le hacía falta.
No lo hizo, se quedó vigilando a Valentina.
Pasando su mano de vez en cuando por su nariz para ver si seguía respirando, quiso llamar a Mateo, pero no lo hizo, sabe que su amigo la va a regañar cuando se dé cuenta de que embriagó a Valentina y no estaba para sermones, tiene suficiente en su vida con los paparazzi detrás de ella y su familia que sólo la busca por conveniencia. En ese instante, en su ahora, estaba hipnotizada con los ojos de una mujer que se embriaga con tres cervezas.
Sólo cerró los ojos, subiendo los pies en la esquina de la cama. Tratando de olvidarse de todo por un momento, sin duda alguna sigue en pie eso de querer salir del país. Ahora más que nunca después de lo que pasó en el restaurante de su mejor amiga, tomó unos minutos para volver a su realidad.
Valentina se movió incómoda en la cama, gimiendo del dolor cuando abrió los ojos y notó la luz que se penetraba por las ventanas. Lo primero que hizo fue llevar la mano a su cabeza, aún le dolía un poco. Lo peor, según ella, era que apestaba a alcohol barato, tiene claro que no volverá a tomar esa atrocidad.
—Buenos días morrita –levantó la mirada sintiéndose avergonzada al ver a la morena entrar a la habitación, se había quedado dormida en su cama. “¿Dónde dormiría ella?”, se preguntó la rubia, sintiendo más pena–. Te he traído un café, dicen que es bueno para la resaca. —dijo la morena acercándose a la cama, dándose cuenta de que Valentina no decía ni una sola palabra.
—Buen día Juliana y gracias por lo que hiciste anoche –sólo asintió pasándole la taza de café, pensó que Valentina dormiría más. Apenas son las siete de la mañana, ella sólo se despertó porque la silla no era muy cómoda y porque Mateo estaba tocando el timbre sin parar. Ahora se encuentra en la cocina acabando con toda su comida–. Está delicioso –gimoteó la rubia saboreando el café, está justo como le gustaba. Caliente y bien cargado de azúcar, pero se siente incómoda ante la mirada de la morena.
Lo más probable es que se vea fatal, con el pelo desordenado. Ojeras, el rostro horrible y que ni se diga del mal olor a alcohol. —¿Puedes dejar de mirarme así? Sé que me veo fatal. –bromeó la rubia soplando un poco el café, tampoco es que le gusta muy caliente.
La morena le iba a responder, pero fue interrumpida por la voz de su amigo. —Es hora de irnos Carvajal, tenemos que volver. –dijo en cuanto entró, terminando de comerse su sándwich. Mateo levantó una ceja escaneado la habitación, pasándole por la cabeza que tal vez durmieron juntas y pensando que su gaydar si funciona.
—Buenos días a ti también Mat. –rodó los ojos la rubia mientras se levantaba de la cama, dejando la taza en las manos de la morena. Para colocarse el calzado, la verdad es que si tenía que irse. Ella y Mateo tenían un millón de cosas pendiente para el día de hoy y no puede perder el tiempo.
—¿No me darás tu número? —intentó la morena tratando de no escucharse tan necesitada, caminando detrás de ella y de Mateo cuando salieron de la habitación. Trató de ignorar la risa burlona de su amigo, él conoce muy bien las intenciones de Juliana— Es para lo de tú libro. –insistió.
—Te recuerdo que está sin carga y no me sé el número. –dijo la rubia girándose sobre sus talones y tomando su bolso el cual estaba cerca.
—Le acabo de enviar tú número, listo. –intervino Mateo, estaba tratando de ayudar a sus dos amigas.
"No tiene nada de malo" pensó el pelinegro, notando la gran química que tenían ellas dos, sonrió orgulloso al leer un “gracias” en los labios de Juliana.
La morena caminó hacia la puerta con mala gana para abrirla, saliendo primero Mateo y luego Valentina, quien la miró sin saber que decir.