Celestial

441 Palabras
Es la primera vez que una mujer duerme en el departamento de Juliana, es la primera vez que deja sólo dormir a una mujer en su cama y no le ha molestado en lo más mínimo y está más que segura que se muere por volver a ver esos ojos de cielo. ¿Será el destino que la colocó en mi camino?, se preguntaba, no tenía la más mínima idea, sólo esperaba que el destino las volviera a juntar, esperaba con asías volver a ver esos ojos azules que tanto la atrapan. La morena se quedó sin aire cuando Valentina se acercó, dejando un beso en su mejilla. "Creo que acabo de morir", pensó Juliana, tratando de respirar. —Fue un placer señorita Juliana, nuevamente muchas gracias por ayudarme y por el hospedaje. –murmuró Valentina con una gran sonrisa, dejando de pie a Juliana. Sonrió para sí misma bajando las escaleras para alcanzar a Mateo. —Creo que ya éste arroz está cocinado –Valentina frunció el ceño sin saber a qué se refería su amigo–. ¿Crees que no me di cuenta lo que murmuras? –le preguntó caminando hacia su auto. Valentina se quedó pensativa, tratando de entender qué significaba lo que él dijo. No tiene ni remota idea de qué es, tal vez luego le explique. En lo que no podía dejar de pensar es en cómo se quedó Juliana mirándola, con esos ojos color café brillantes, grandes, hermosos, perfectos; eran amplios los adjetivos que, sin darse cuenta, le adjudicó a los ojos de la morena. "¿En qué estoy pensando?", se cuestionó la rubia, sacudiendo la cabeza, pero esos pensamientos no se fueron de su mente en todo el día, quitándole el aliento cada vez que recordaba a la morena y lo peor es que no entiende porque le estaba pasando eso, se encontraba totalmente desarmada de su raciocinio ante tal situación. Ese día terminó con las dos chicas repasando mentalmente cada instante de la noche anterior, y las charlas que llegaban a sus mentes les hacía emitir unas sonrisas fugaces en medio de sus actividades, haciendo la jornada más jovial. Seguían así sin siquiera saber si se volverían a ver, Valentina debía irse del país en un día y su agenda estaba atestada de compromisos, y Juliana lo sabía por Mateo. La morena necesitaba, por lo menos, despedirse de aquellos ojitos de cielo, y estaba confiando en que el destino así se lo permitiese, aunque sea por unos segundos y, quizás, tomarle una fotografía que inmortalizara aquel trozo celestial que había podido conocer a través de los ojos de Valentina Carvajal.
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