Enlazando una buena amistad desde la primera conversación que tuvieron y no dudó en presentárselo a su mejor amiga, sabiendo que serían muy buenos amigos y estaba en lo cierto, ahora son inseparables.
Lo único que pone inquieta a la morena, es el enamoramiento de Lana por Mateo... sabe que no será correspondida, el chico del antro es gay y su amiga lo sabe. Pero en el corazón no se manda y nunca va a perder la esperanza.
—Claro que es necesario, tengo a toda la jodida prensa detrás de mí. ¿Qué esperabas? –espetó, echando un poco de vino en su copa.
—Tienes toda la razón guapa, no pensé que fuera tan grave –se solidarizó.
—Te advertí sobre tus padres y no me escuchaste, es más. Nunca me escuchas Juliana, no sé qué papel estoy cumpliendo al ser tu mejor amiga. –soltó Lana, intentando hacerse la ofendida, mientras también echaba vino en su copa, sin importar que era un lunes a las diez de la mañana, pero bueno, para ellos un buen vino no tenía hora, además la ocasión lo ameritaba, la morena con el estrés de tener a la prensa detrás suyo; Lana con los preparativos encima ya que en unos días será la fiesta anual de su restaurante y bueno, Mateo no necesita tener estrés para tomar, era un importante ejecutivo empresarial de México y estaba acostumbrado a la bebida social a cualquier hora, sin abusar de ella.
—Tenía la esperanza de que ésta vez fuese diferente, en verdad creí que por fin verían lo grandiosa que soy –comentó tomándose de un trago el contenido de su copa, para luego volver a llenarla–, pero ya eso está en el pasado, ahora sólo quiero librarme de esos pendejos y salir del país por un buen tiempo.
—¿Harás las fotos de desnudos? Hay muchos países donde el nudismo está permitido. –se interesó su amiga, ignorando todo lo que dijo la morena.
—Oh vamos, que el nudismo esté permitido no me da el derecho de ir fotografiando sus cuerpos. La última vez que se lo propuse a alguien me echó su café encima –dijo la pelinegra arrugando la frente al recordar el sabor amargo del café en sus labios–, y espero volverla a ver, es que debieron ver sus curvas. Su pelo rojizo, y tiene unas jodidas pecas en sus pómulos que la hacen aún más sexy. –terminó de decir soltando un suspiro, en verdad era muy hermosa, sus amigos quedaron atentos apreciando su descripción.
—Quiero pensar que en verdad es sexy, pero soy hetero. Además… ¿En qué momento cambiamos de tema? –comentó Lana, mirando de reojo a Mateo. No pudiendo evitar mirarlo, ya que está hasta los huesos por él, y no pierde ocasión para disfrutar de su particular sonrisa, con su pelo n***o tirado hacia un lado y siempre vestido de traje; no puede entender cómo es que es gay– Si te piensas ir del país, tienes todo mi apoyo. Te hará bien, pero por favor que sea después de la fiesta. Sabes que para mí es muy importante que estés aquí. –suplicó su amiga.
—Por nada del mundo me la perdería. ¿Cómo puedes pensar en eso? –inquirió la morena esbozando una sonrisa anhelante.
Lana sólo rodó los ojos, conoce muy bien a su mejor amiga. El año pasado llegó súper tarde y todo porque Juliana estaba intentando hacer un trío y lo sabe porque la llamó por vídeo llamada, donde se percató que había dos personas intentando besar el cuello de la morena, quien estaba medio ebria. Lana tuvo que salir del evento para ir en busca de ella, salvándola o eso pensó que estaba haciendo su amiga, lo que no sabe es que si no hubiera llegado. Juliana si lo hubiese hecho, sin duda alguna. El espíritu de la morena era libre, desbordado de vitalidad y deseoso siempre de dar rienda suelta a sus deseos y pensamientos.
—Te conozco como la palma de mi mano, no me hagas recordarte lo que hiciste la última vez. –la amenazó la rubia, echando más vino en su copa y acosándola con una indiscreta mirada restrictiva.
—Esperen... ¡¿De qué me perdí?! ¿Por qué yo no sé lo que hizo? Me siento indignado – dramatizó Mateo, llevando a su pecho su mano derecha con el meñique estirado.
—Aquí la señorita presente, estaba haciendo un trí… –iba a continuar hablando, pero Juliana actuó rápidamente, cubriendo su boca con ambas manos. Logró sonrojarla con su indiscreción.
—¡Cállate!, eso también está en el pasado. ¿O también quieres que saque a sol tus trapos? –la rubia negó varias veces, abriendo sus ojos como platos– Así me gusta, pilas con eso. –separó sus manos y después llevó dos dedos de manera horizontal a señalarla, trazando un vaivén de su mirada atisbada.
—Entonces vamos a centrarnos en el evento por ahora. ¿Tienes todo planeado? –le preguntó Mateo dirigiéndose a la rubia, quien sintió derretirse cuando su mirada estaba sobre ella.
—Sabes que sí, desde el año anterior. Estará increíble, es más. Quiero hacer un brindis –dijo, levantando su copa–, un brindis por nuestra amistad, porque a pesar de todo siempre estamos el uno para el otro. –continuó, chocando su copa con la de Mateo y luego con la morena.
Era jueves, al colocar un pie en México, Valentina no pudo evitar resentir de estar allí, se repetía “Son unos días… unos días…” para darse ánimo, era demasiado perfeccionista y no compartía la costumbre ligth de buena parte de Latinoamérica para cumplir las reglas, aparte que las expresiones de aprecio de los latinos, que le eran muy «fuera de lugar», según ella.
—Buenos días, Señorita Carvajal. –saludó la asistente del Grupo Carvajal en México para ella, la indefensa chica se ganó un escaneo arrogante de pie a cabezas, quejándose mentalmente por los uniformes de su empresa en México.
—Buenos días. Ya revisé mi agenda, no está actualizada. ¿Qué sucede? –pregunta caminando hacia la camioneta que asumió esperaba por ella, no saludó a nadie más en su trayecto, evidentemente estaba volviendo a su normalidad.
—La hemos dejado libre por lo que resta de mañana, para que Usted pueda descansar. –dijo la asistente, algo temerosa ante la intimidación al preguntarle, de la joven empresaria.
Antes de montarse en la camioneta, se detuvo y para mirar a la chica, de la cual no tuvo la amabilidad de preguntar nombre. —Por favor, mi tiempo libre lo escojo, de acuerdo a lo que necesite, no a lo que los demás dispongan. Mi visita no es de placer aquí, Señorita. –siguió, subió a la camioneta, el chofer le cerró la puerta, enseguida bajó el vidrio para dar sus últimas indicaciones–. Actualice mi agenda para dentro de dos horas, y que esto no vuelva a ocurrir. –dio órdenes para poner en marcha el vehículo, no se despidió, y su semblante no mostraba enojo, simplemente arrogancia.
Al llegar al hotel, no le llevó mucho tiempo el estar lista. Tenía una hora disponible hasta que llegara por ella el chofer de nuevo, debía hacer algo, se puso a revisar su correo, revisando detalles del grupo Carvajal y luego se detuvo a revisar información enviada por su Doctor, no quiso entrar en detalles, porque era extenso, le llamó la atención un archivo adjunto, «Países clave». Sus pensamientos fueron interrumpidos por tono en su celular, le indicaban que ya esperaban por ella.
Cerro su laptop y siguió con lo que debía realizar, sin dejar de pensar en todo lo que debía leer luego.
Después de dos interminables de trabajo, Valentina estaba agotada, eso de pretender distraerse con trabajo la agotaba más, ya que tenía su mente en otros asuntos, pero su atención no podía desviarla de los asuntos de sus negocios, siempre tan eficiente como acostumbraba.
—Ay Valen te veo muy agotada. –le comenta, una de las pocas personas que considera como parte de sus amigos. El cuál era el encargado de negocios del Grupo Carvajal en México.
—Literalmente ha sido un viaje de negocios. –expresó, reposando su espalda en su silla, soltando una exhalación profunda.
—Bueno querida, es viernes y aunque no te simpatice hacer lo que la mayoría de los mortales hacemos para desestresarnos… te tengo una invitación, que incluye mezcal y buena comida... –propone entusiasmado, con una sonrisa triunfante, a sabiendas de que su amiga no se iba a poder resistir a sus encantos, en una posición de confiado, allí sentado al frente de la rubia.
—No, no me vas a convencer, sabes que no me gustan esas reuniones, y ¿con mezcal?, es bebida… un poco, así como muy común, sin ofender.
Su amigo blanquea los ojos y bota un soplido, conoce muy bien a su amiga. –Podrá sonar común, pero es sinónimo de alegría aquí, ah claro verdad que prefieres esas reuniones con puros cuellos estirados, mujeres con vestidos de luces y bebidas súper costosas que las dejan en las copas para no «abusar del caché»… ¡Usfh! –hace mímica con su dedo en la boca como para provocar vómito– Más aburrido y me muero. –bufó su amigo, con cara de indignación, con toque divertido.
Valentina se queda mirándolo, por unos segundos, él tenía razón a ese tipo de reuniones era a las que asistía siempre, en medio de la más alta y selectiva presencia de miembros de la alta alcurnia. Sí, sin lugar a dudas era aburrido, cayó en cuenta. “¿Por qué no Valentina?”, se cuestionó.
—A ver, suéltalo de una vez, ¿qué tienes planeado? –la convenció.
—Querida, a las 8pm te paso buscando por el hotel.
—No, dame la dirección tengo chófer.
—¡No! Valen, en primer lugar, no podemos llegar allí con esas camionetas que parecen tanques de guerra opulentos, vamos en mi auto, y, en segundo lugar, no podrás ir así... –miró el atuendo de la rubia.
Valentina miró su propia vestimenta. —¿Así cómo?
—Así, como que andas vestida forrada en fajos de dólares –rio–, te ves hermosa e imponente, pero es que si nos queremos divertir, estar vestida así para el sitio al que vamos, pues como que no, te vas a sentir desencajada. Y, es más, vamos a divertirnos, no a una junta en alguna de las Torres Carvajal. –explicó.
—Entiendo… ¿A qué antro pretendes llevarme? –indagó en sospechas.
—Tranquila, es un buen sitio, conocerás a mis amistades, no te voy a presentar como la empresaria que eres, no, vas a ser una simple mortal –sonrió ante la mirada asombrada de la rubia–. Confía en mí, te vas a divertir, te lo prometo. –dijo levantándose de la silla y colocando su mano en señal de juramento.
Valentina sonríe, no puede contener la gracia ante las ideas de su amigo, decide experimentar eso de ir a una fiesta común, en vestimenta y vehículo común. Qué le podría pasar, ¿no? Pensó para sus adentros.
—Está bien, me has convencido, te acompañaré está noche Mateo.