Encuentro

1792 Palabras
Era la mujer más linda que jamás haya podido apreciar con sus ojos, aquellos que se le estaban desviviendo por apreciar semejante hermosura. “Esto debe ser un delito, ser tan extremadamente hermosa y sexy, ese azul, por Dios es celestial y esos labios qué divinura –mordió su labio inferior–, tengo que conocerla, ese azul… ¿Dios puede existir un color de ojos tan hermoso?”, se perdió en sus pensamientos, reaccionó y levantó su mirada para buscarla, la había perdido, estaba tan emocionada por sus ojos que no se percató de la vestimenta, la cual le ayudaría para encontrarla en medio de tantas personas. Optó por mirar la fotografía otra vez, el efecto que recorría en su cerebro y piel no disminuía. “Ya, te debo encontrar divinura…”. Aseguró y continuó buscando. —Lana, felicitaciones –abrazó a su amiga–. Te presento a mi amiga, está de visita en el país. –indicó Mateo. —Felicitaciones, soy Valentina Carvajal, me encanta tu establecimiento. –saludó sinceramente. —¡Gracias! Qué hermosa eres. Bienvenida, te agradezco. –dijo Lana. —¿Sabes dónde está Juli? –preguntó Mateo. —Está haciendo alarde de su regalo –sonrió–, se está divirtiendo con su cámara, nunca deja de trabajar. –bromeó. En ese momento llegaron otras personas a hablar con la dueña, y Mateo estaba atento a su conversación eran conocidos en común, Valentina desvió su mirada hacia un cuadro, sigilosamente se dirigió hasta él, le gustó demasiado, lo estaba apreciando cuando le hablaron. —¿Te gusta? –le preguntaron. —Es hermoso. —Está en este sitio desde que existe este restaurante, es un paisaje de la ciudad natal de la dueña. —Es verdaderamente impresionante. —No tanto como tú. Valentina salió de su envaramiento al escuchar esas palabras. —¿Perdón? –dijo y se ladeó para ver a su interlocutora, quedando prendada en su mirada. “Dios es más hermosa de lo que mi preciada camarita mostró, necesito oxigeno… que alguien me agarre… es un ángel es eso..., estoy muerta ya, ¿este es el cielo?”, pensó Juliana, tratando de que su respiración no la delatara. —No te escuché bien. –insistió Valentina. La rubia levanta sus expresivas cejas. Su mirada se alojó en aquellos ojos tan inusuales, con una mirada profunda y con un brillo fuera de lo normal. —Tus ojos, son hermosos. –le respondió. —Gracias. –pestañeó por el asombro. —Disculpa si te incomodé. –dijo con una sonrisa. —No, es que usualmente no me lo dicen así. –¿quién podía siquiera ver a sus ojos por tantos segundos seguidos?, se preguntó en ese instante. —Pues desperdician el aprovechar una obra de arte. Lo hermoso hay que resaltarlo siempre. –dijo directamente sin quitar la mirada de aquellos ojos de cielo. —Gracias. –apenas pudo decir una sonrojada Valentina. —Mucho gusto hermosa, soy Juliana Valdés. –se presentó extendiendo su mano. —Valentina Carvajal –estrechó su mano con la de ella, el hechizo de sus ojos se profundizó con el tacto de su mano, duraron unos segundos poco inusuales, hasta que pudo reaccionar– ¿Juliana? Amiga de Mateo. –dijo curiosamente. “El cielo, estoy en el cielo…”, se perdió Juliana en sus pensamientos al tocar su mano, hasta que volvió a hablar. —Mateo, sí. –se alegró internamente, se imaginaba dando brincos de la emoción… “Mateo, bingo… él me va a ligar con este bomboncito hermoso con ojos de cielo, Dios es hermosa…”, resaltó. Se quedaron en silencio, sin saber cuánto, hasta que llegó Mateo, en ese instante se percataron que estaban aún tomadas de la mano. —Aquí están. –dijo el hombre intuyendo lo sucedido, por las miradas de sus dos amigas, su gayradar funcionaba perfecto. —Mateo, ya conocí a Juliana. –le expresó la rubia. —Excelente, Juli, mi amiga es de EEUU, está de visita, es escritora –miró a Valentina–, ella es Juliana una prestigiosa fotógrafa, mi amiga. —No exageres Mat. –demandó la morena. —Muy interesante… Si me disculpan debo ir al tocador. –pidió permiso Valentina. Juliana no podía moverse aún, no se ofreció a llevarla, Mateo le indicó cómo llegar a él, para quedarse con Juliana a solas. —Mateo te necesito, tu amiga me ha hechizado. –dijo suspirando mientras su mirada se perdía en el caminar de aquella hermosa figura en marcha. —Ni se te ocurra, Juli. Ella es una excelente amiga y dudo que sea tu tipo. —Claro que es mi tipo, hasta de sangre diría yo, Dios es hermosa. –espetó. —Valentina es hetero, hetero, grábatelo en tu cabecita… y de por si es demasiado correcta y a veces hasta cerrada en sus principios, que ni se te ocurra propasarte con ella. –le advirti´´o seriamente. —Vamos, no hay ninguna hetero 100%, lo sabes. —Ella estaba a punto de casarse con su novio de casi cinco años, así que sí, lo es. No vayas a enredarla. Si cae por el momento que está pasando y luego te lástima me sentiré muy mal por las dos. –indicó preocupado. —Bueno, te entiendo. Pero, aunque sea mi amiga ha de ser. –insistió. —¿Amiga?, durará en el país un par de días más. Juliana te conozco, no caigas en enamoramientos de este tipo. —Gracias, claro. Entiendo. –expresó tristemente… su amigo la había bajado de la nube en la que estaba, de una vez y sin anestesia. Juliana desistió de sus intenciones, se fijó en su cámara y buscó refugio en ella como siempre, se disculpó con él y continuó tomando fotografías, pero en esta ocasión, totalmente desanimada. —Valentina. –Mateo tomóla tomó por el brazo para llevarla a la mesa, cuando salió del tocador. Pidieron sus bebidas de preferencia al mesero, y se dispusieron a conversar, hasta que llegaron al tema que a Mateo le dejó inquieto hace unos segundos. —¿Qué te pareció Juliana? “Hermosa”, pensó. —Muy agradable. –dijo tomando de su copa, para disimular sus pensamientos. —Juliana es un alma libre, la admiro demasiado. Quisiera que fuesen amigas. –dijo tanteando el terreno con las expresiones de Valentina–, aunque no creo que puedan compaginar. –lanzó un dardo para ver la reacción de su amiga. —¿A qué te refieres? –preguntó con mucha inquietud, estaba emocionada con la idea de conocerla más, hasta que él le soltó semejante aseveración. —Ella odia a las personas de tu clase social, ha tenido muy malas experiencias, y la entiendo. Si se entera la clase de persona que eres te mostrará su lado más antipático. Es por ella que no quería que vinieras como habitualmente es Valentina Carvajal. -le indicó. —¿Mi clase de persona? –preguntó desenfocada. —Eres una clasista de primera, acorde a tu posición social Velen, y eso est normal, pero por favor ante Juli no demuestres eso, que te pedí justamente dejar en el hotel esta noche. —Me estás hiriendo sabes. –rio irónicamente. —Aprecio demasiado a Juli, y sé cómo es, muy libre, pero también muy sensible. Sé que le agradaste. No se te ocurra tratarla mal, ya que es muy peculiar. —Mateo, por favor que le puedo hacer, cálmate, tampoco es que sea una… —Una alérgica a las personas… sabes que esa fama no te la has ganado en vano. —He cambiado Mat. –aseguró. —Igual, qué tanto podrán compartir ustedes, creo que exagero. –sonrió. En ese instante, en el establecimiento se hizo insoportable el asecho de los paparazis, estaban allí interesados en Juliana, sumada la presencia de Valentina y otras dos celebridades, estaban empañando el evento. —Mat, sácame de aquí. –pidió nerviosamente Valentina, no le gustaba tal invasión de su privacidad, por ello siempre asistía a sitios de total y gran privacidad. —Ven, vamos. –se dirigieron hacia la salida trasera. Se encontraron de nuevo con Juliana, quien estaba ansiosa por salir y Lana la estaba tratando de calmar. —Lana necesitamos salir por la puerta trasera, Valentina está incomoda por ellos –señaló a la puerta y a los buitres. —¿Qué sucede? –preguntó Juliana. —Es por motivos de mi ex, es muy mediático en EEUU al entrar aquí me reconocieron, pido me disculpes. –se excusó ante Lana, quien miró a Juliana. —No te preocupes linda, no es tu culpa. –expresó Lana. —Yo la puedo sacar de aquí. –se ofreció Juliana, quien sabía que ella era el primer objetivo de esas personas, debía huir, de hecho, se estaba despidiendo de Lana cuando llegó Mateo y Valentina. —Me parece perfecto. –dijo Mateo. Se despidieron, Juliana notó lo nerviosa e incómoda que estaba Valentina, ella también lo estaba. Se fueron, Juliana había estacionado su vehículo cerca de la salida trasera, por donde siempre acostumbraba. Ya en el auto seguras y alejadas de aquel acecho, Juliana le preguntó. —¿Dime a donde te llevo? Valentina, pensó en las palabras de Mateo, aunque estaba molesta por la situación, no pensó qué hacer, si Juliana se daba cuenta que se hospedaba en el mejor hotel de la ciudad le dejaría una mala impresión, miró su celular y estaba descargado. Tuvo que improvisar. —¡Qué locura! –se tomó de sus mejillas– Con todo esto se me olvidó que me estoy quedando con Mateo. –mintió. —Si quieres lo llamo y pasamos por las llaves de su depa. –propuso Juliana, aunque odiaba la idea de volver al sitio. —No, él está acompañando a tu amiga, déjame en un hotel. Puedo pasar allí la noche, así tú te devuelves. –dijo para desviar el tema. —No… no puedo dejarte en un hotel, teniendo mi depa cerca de aquí. ¿Si lo deseas podemos ir allá y le marcamos para que te busque al salir? –propuso Juliana, deseando con todas sus fuerzas una respuesta positiva. —Bueno. Me parece buen plan. –sonrió, fijándose como asentía la morena de ojos hermosos. “Espero no te arrepientas de estas ideotas Carvajal…”, se reprendió. —Excelente. –Juliana sonrió mirando al frente. “Ojitos de cielo en mi depa, sólo para mí, con más suerte imposible…”, dijo para sí misma, otra vez imaginándose a ella con su danza de alegría plena. Así siguieron alegres. Ante la idea, de estar juntas y solas esa magnífica noche.
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