Ancel. Su mirada me evita a toda costa, pero puedo atisbar que el pánico abunda en ella. Su rostro palidece y su cuerpo tiembla, suelta un suspiro por sus labios morados. Entrecierro mis ojos y ella se incomoda, camino hasta donde se encuentra y me dejo caer sobre uno de los sofás vacíos, la miro atentamente, esperando a que haga un movimiento o que hable porque ella vino a buscarme. Me planteo el motivo de su visita, es inesperado que venga a estas horas de la noche para hablarme, se supone que ya todo estaba dicho, que no tenemos nada de qué charlar porque en el callejón lo había dejado claro. —¿Por qué regresaste? —rompe el silencio con la cabeza agachada, me cuestiono porque sus manos siguen en movimiento. —No vamos a poder hablar si no me mira —digo de manera formal, levanta

