"EL GUARDAESPALDAS"

1142 Palabras
Pese a los acontecimientos devastadores que amenazaban la seguridad de Ana, ella encontró un nuevo motivo para sonreír, Matías le había dado fuertes razones para que ella volviera a confiar en él y dejara a un lado sus sospechas. Con la compra del nuevo departamento para Ana, Matías le estaba demostrando que no tenía interés de forzarla a vivir juntos, y que ella era libre para irse cuando quisiera, además, el hecho de que Matías se ocupara de contratar a un guardaespaldas, le estaba demostrando que realmente la amaba, y que le importaba su seguridad, era lo que ella había sentido Al entrar a la oficina de Matías, Ana se encontró con una sorpresa que no esperaba, una mezcla de confusión y angustia la envolvió. Mark, ¿qué haces aquí? —preguntó Ana, su voz temblaba ligeramente ante la inesperada situación. Mark respondió con una sonrisa enigmática, sus ojos brillaban con una mezcla de satisfacción y determinación. —Hola, Ana. Es un placer volver a verte —dijo Mark, con tono cortés pero con un deje de misterio en sus palabras. Ana frunció el ceño, sintiendo un nudo en el estómago. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué Mark estaba en la oficina de Matías? —Te debemos algo, ¿acaso has venido con alguna otra prueba? —preguntó Ana, preocupada por lo que pudiera significar la presencia de Mark allí. Matías intervino, rompiendo el tenso silencio que se había instalado en la habitación. —Ana, Mark será tu chófer y guardaespaldas —anunció Matías, con una sonrisa de complicidad en el rostro. Ana se volvió hacia Matías, buscando una explicación que le ayudara a entender lo que estaba sucediendo. No esperaba encontrarse con Mark allí, mucho menos recibir la noticia de que él sería su chófer y guardaespaldas. La incredulidad se reflejaba en sus ojos mientras miraba alternativamente a Matías y a Mark. —Matías, ¿qué significa esto? ¿Por qué Mark será mi chófer y guardaespaldas? —preguntó Ana, con un gesto de desconcierto en su rostro. Matías mantuvo su sonrisa, pero Ana pudo percibir una chispa de algo que no pudo describir en ese momento, pero la asustaba —Ana, tomé la decisión esta mañana. Me pediste un guardaespaldas, aquí lo tienes —explicó Matías, tratando de tranquilizarla. El corazón de Ana latía con fuerza, tratando de procesar toda la información. ¿Por qué Matías había tomado esa decisión? ¿Y qué papel jugaba Mark en todo esto? Mientras Ana intentaba comprender lo que estaba sucediendo, Mark permanecía en silencio, observando la escena con atención. Para él, aquella situación era una oportunidad perfecta para acercarse aún más a Ana y Matías para llevar a cabo su plan de venganza. Pero Matías también tenía sus propios planes. Sabía que mantener a Mark cerca era la mejor manera de vigilarlo y descubrir sus verdaderas intenciones. Sin embargo, Ana estaba desconcertada, atrapada en medio de dos hombres cuyos motivos ocultos la dejaban inquieta. Mientras tanto, en el aire cargado de tensión, cada uno de los tres, guardaba sus propios secretos, esperando el momento adecuado para revelarlos. El destino de todos estaba entrelazado en un juego peligroso de confianza y traición, donde cada movimiento podría cambiar el curso de sus vidas para siempre. Ana sintió cómo la alegría que había experimentado con la noticia del nuevo departamento se desvanecía rápidamente ante la presencia inesperada de Mark en su vida una vez más. Sabía que su llegada iba a perturbar la estabilidad emocional que había logrado con Matías, pues no podía ignorar la atracción que sentía hacia el apuesto bombero desde el primer momento en que lo vio. —Lo siento, Matías, pero necesito discutir este tema contigo en privado —dijo Ana, conmocionada por la situación. Matías asintió y le pidió a Mark que saliera de la oficina por un momento, dejándolos a solas para abordar el asunto. —¿Qué pasa Ana, Por qué estás tan alterada, Cuál es el problema? —Preguntó Matías, con una mirada sínica –¡Que cuál es mi problema dices! Has contratado como mi guardaespaldas a un tipo que es bombero—expuso ella —Ana, pediste un guardaespaldas y un chófer, y lo he contratado —Lo entiendo, pero al menos Podrías haberlo consultado conmigo antes de tomar esa decisión —se quejó Ana, buscando explicaciones. Matías frunció el ceño, notando la tensión en la voz de Ana y su evidente molestia. –Ah, pero, ¿por qué te molesta tanto que sea él? —cuestionó Matías, al percibir una rara conexión entre ella y Mark. –Es que has contratado a un hombre sin experiencia en esta área—objetó ella como excusa –Me parece que por lo que demostró ayer, podrá desempeñar muy bien su trabajo –alegó él con seguridad, escondiendo detrás de su mirada sus verdaderas intenciones. Ana sabía que discutir con Matías no iba a llevarla a ninguna parte. Él era terco cuando se trataba de tomar decisiones, y ella no quería levantar más sospechas ni crear conflictos en su relación. Aunque estaba molesta y preocupada, decidió aceptar la situación, hasta saber a donde la llevaría todo esto. –Está bien Matías, si consideras que es la persona adecuada, no lo voy a discutir contigo–aseguró ella acercándose al hombre, enderezó su corbata y lo besó. Lo que menos necesitaba Ana era alborotar las cosas más de lo que estaban, ella conocía a Matías, y sabía que sus intenciones en contratar a Mark, iban más allá de lo que él le había revelado. Ana decidió mantener la calma y hacer las paces con la decisión de Matías. Aunque por dentro seguía sintiéndose incómoda con la presencia de Mark, decidió no mostrar su malestar y aceptar la situación por el bien de su relación con Matías. Matías hizo entrar a Mark de nuevo a la oficina, y Ana y él intercambiaron una mirada fugaz que revelaba una tensión palpable. —Mañana empezarás con el trabajo —dijo Matías, rompiendo el silencio tenso que se había instalado en la habitación. —Entendido, señor. ¿A qué hora necesita que esté presente? —respondió Mark, con una expresión calmada y profesional. —No me llames señor, desde hoy me puedes llamar Matías —dijo este último, intentando establecer un vínculo más cercano con su nuevo empleado. —La señorita te indicará lo que debes hacer —añadió Matías, refiriéndose a Ana. Ana intervino, tratando de mantener la distancia entre ella y Mark: —Creo que es mejor que mi secretaria se encargue de revelarte mi agenda. Mientras Matías observaba a Mark, una expresión curiosa se dibujó en su rostro: —¿No nos conocemos de algún otro lugar? —preguntó, con un brillo de reconocimiento en sus ojos. Mark respondió con una sonrisa enigmática: —No lo creo, señor... Matías.
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