El poder de Alonso

1113 Palabras
Al día siguiente, la noticia se hizo oficial. En la junta con los inversionistas, Alonso me presentó ante todos como una nueva pieza clave dentro de la estructura de Mars Enterprises. Me había cambiado la vida, y todo el salón de conferencias lo sabía en ese mismo instante. —Les presento a Tays. A partir de hoy, ella se incorpora oficialmente al equipo de inversionistas en el departamento de proyectos.— Ha demostrado no solo tener la capacidad, sino también la visión para llevar a la empresa a nuevos horizontes —dijo Alonso, con esa calma y seguridad que siempre lo caracterizaban. Sentí que todos los ojos se volvían hacia mí, algunos sorprendidos, otros admirados, y muchos claramente cuestionándose cómo alguien como yo había llegado hasta allí. ¿De asistente a inversionista? La sala no podía estar más llena de preguntas y curiosidad. Y aunque la presión me aplastaba, también sentí algo dentro de mí despertar. Estaba allí, no solo por mi relación con Alonso, sino por lo que había logrado por mí misma, por lo que me había esforzado para aprender, para adaptarme y para crecer. Y a pesar de las miradas, no sentí miedo. En su lugar, sentí una fuerza interior que no había conocido hasta entonces. Rossan había convocado una reunión de emergencia tras enterarse del movimiento de Alonso, en su oficina con Hernán . Hernán, que rara vez se involucraba de forma directa, estaba sentado a la cabecera de la mesa, con su usual expresión fría e imponente. Rossan, por otro lado, parecía incapaz de contener su furia. —¿Cómo es posible que cedas una parte de tus acciones sin siquiera consultarlo? —exclamó Rossan, golpeando la mesa con la palma abierta. Su mirada alternaba entre incredulidad y desprecio. Alonso, sentado en el extremo opuesto, permanecía inexpresivo, su postura relajada pero con los ojos clavados en ella. —No tengo que consultarlo con nadie. Son mis acciones, Rossan. Mis decisiones no necesitan tu aprobación —respondió, su tono helado. Hernán, que había estado observando en silencio, finalmente habló: —Esto no es solo sobre ti, Alonso. Esta empresa no es un juego ni un capricho personal. Ceder acciones a alguien como Tays... —se detuvo, dejando el comentario en el aire, pero el desprecio en su voz era evidente. El comentario hizo que Alonso apretara la mandíbula. La mención indirecta de Hernán sobre mi posición social no solo lo irritó; lo enfureció. —Alguien como Tays, dices —repitió, su voz baja pero llena de un peligro latente.— Ella tiene más talento y determinación que muchos. No necesito justificar mis decisiones ante ustedes. —¿Talento y determinación? —Rossan soltó una risa amarga. —No me hagas reír, Alonso. Esto no es profesional, y lo sabes. Cualquiera que mire de cerca verá que esto es personal.— Alonso se inclinó hacia adelante, apoyando las manos sobre la mesa. —Y si lo fuera, ¿qué? —espetó, mirando directamente a Rossan. —¿A quién le importa si es personal o no? ¿Acaso tú no has usado esta empresa para tus propios intereses en más de una ocasión?— El golpe verbal dejó a Rossan sin palabras por un momento, pero Hernán intervino antes de que pudiera replicar. —Esto es inaceptable, Alonso. Estás poniendo en riesgo la estabilidad de la empresa. No sé qué te ha hecho perder la cabeza, pero más vale que reconsideres tu decisión antes de que sea demasiado tarde.— —Lo que es inaceptable, padre, es que ustedes piensen que pueden controlar cada aspecto de mi vida —replicó Alonso, con una dureza que sorprendió incluso a Hernán. —Yo construí mi camino en esta empresa, y no voy a permitir que sus prejuicios definan cómo manejo mis propias acciones.— Rossan, aún furiosa, cruzó los brazos, tratando de recuperar la compostura. —Esto no ha terminado, Alonso. La junta tendrá algo que decir al respecto —advirtió, levantándose y saliendo de la sala con un portazo. Hernán se quedó un momento más, observando a su hijo con decepción y desafío. —Espero que sepas lo que estás haciendo —dijo finalmente, antes de levantarse y seguir a Rossan.— Cuando la puerta se cerró, Alonso dejó escapar un suspiro pesado, pasando una mano por su cabello. Sabía que la tormenta apenas comenzaba, pero estaba decidido. En el despacho Más tarde, Tays entró en su despacho después de que Alonso la llamara. La notaba tensa, quizá incluso preocupada. —Me enteré de lo que pasó —dijo, cerrando la puerta detrás de ella. —Alonso, no quiero que esto te cause problemas... él la interrumpió, levantándose de su silla y acercándose a ella. —No voy a permitir que nadie me diga cómo manejar mis decisiones, Tays. Esto es algo que quería hacer. Porque tú lo mereces. intenté replicar, pero Alonso puso una mano en mi mejilla, obligándome a mirarlo directamente a los ojos. —No importa lo que digan ellos. Tú y yo sabemos lo que vales. No te cuestiones, porque yo no lo haré.— Asentí, conmovida por la firmeza en sus palabras, aunque sabía que la batalla que acababan de enfrentar estaba lejos de terminar. Después de la presentación, Alonso me condujo a un pequeño grupo de inversionistas, que me dieron la bienvenida con sonrisas y apretones de manos. Pero mis ojos solo estaban en él. Y, por un segundo, me vi a mí misma en sus ojos, como nunca antes. El cambio Lo que vino después de esa junta fue una serie de decisiones rápidas. Al día siguiente, Alonso me permitió tomar el control de un nuevo proyecto importante para la empresa. Ya no era solo su asistente; era su socia, su igual. De alguna manera, aunque este cambio me dió poder, también trajo consigo una nueva presión. Había dejado de ser solo una mujer con un sueño, y me había convertido en alguien que ahora tenía que tomar decisiones difíciles. Las expectativas sobre mí habían cambiado, y lo que una vez fue una relación de jefe y asistente, ahora se había transformado en algo mucho más complejo. Pero lo que Alonso había hecho por mí, no solo me empoderaba, también me mostraba que él veía en mí lo que yo no sabía que existía: una mujer capaz de mucho más de lo que el mundo me había permitido ser hasta ahora. Y así, sin saber qué depararía el futuro, acepté este nuevo rol con un poco miedo y mucha determinación. Mi vida estaba cambiando, y el hombre que había estado a mi lado todo este tiempo, ahora me veía de una manera completamente diferente.
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