Sintió unos fuertes brazos aferrados a su cintura, el cálido abrazo era tan reconfortante que solo atino a acercarse más a él, todo era perfecto y sabía que no podía pedirle más a la vida. — ¿Ya estas despierta? — susurró en su oído, estremeciendo a la rubia. — Más o menos— respondió casi sin voz. — Eres muy perezosa. — Sí, eso es nato en mí. Una risita contagiosa y un posterior beso en el cuello fue el perfecto despertar; se giró para encontrarse los orbes azules de su amante. — ¿Y cómo amaneciste? — Mmmm... demasiado feliz— sonrió sencillamente besando aquellos labios que tanto amaba. — Si tuviese que ser honesto nunca pensé despertar así contigo, pero desde que te conozco ya creo que todo es posible. Ese era un humor característico de Alex, "suyo" y ahora podría decirlo con seg

