Roger observó a su esposa y esta simplemente se encogió de hombros, la causa de su desconcierto era su hija, la chica sonriente desayunaba y suspiraba, flotando en las nubes, sus padres nunca la habían visto así. — Hija, ¿te sucede algo? — preguntó lo mujer haciendo que la pelirroja la mirara feliz. — Sí... creo que estoy enamorada. El padre casi escupe el café y la madre no supo si reír o gritar. — ¿De quién? Serena solo sonrió, aun no iba a revelarles la identidad de su amor. — De momento solo puedo decirles que es un hombre maravilloso y sin conocerle me he enamorado. Roger miró a su esposa tratando de encontrar una mayor explicación, pero ella solo negó con la cabeza. — Déjala— susurró cuando la muchacha volvió al país de los suspiros—, seguro es una fase. El hombre hizo un es

